Tiempos

En sus ficciones tempranas Mario Benedetti describía el tiempo cíclico e inmutable de personajes grises y cotidianos hasta que un momento de epifanía joyceana por un momento transformaba sus vidas para, casi de inmediato, estrellarla contra un fatal y asordinado desenlace. Martín Santomé en “La Tregua”, el narrador en “Noche de Gloria” (“Montevideanos”), o el propio Ramón Budiño en “Gracias por el fuego” son todas variaciones de lo inevitable. La noción del tiempo que se repite inexorable, desprovisto de esperanza, adquiere mayor fuerza en contraste con esos momentos únicos y efímeros en que los personajes creen haber encontrado cierto significado en sus grises vidas. Sin embargo, así como comienza, la historia termina:  con su “apática ternura hacia Dios”.

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LAG BAOMER

 "Doce mil parejas de alumnos tenia Rabi Akiva, y todos ellos murieron en un solo periodo, porque no se trataban con respeto los unos a los otros" (Talmud Iebamot 62b)
 
Nos narran nuestros sabios, el periodo en que murieron los alumnos de Rabi Akiva, fue entre Pesaj y Lag Baomer.  ¿Lag Baomer?, ¿qué día es ese?, ¿Qué clase de festividad es esta que ni nombre tiene?, ni siquiera nombramos a la festividad por su fecha en el calendario!, es un día, el 33, de una cuenta, el omer, es como una estación intermedia en un viaje hacia la festividad de Shavuot.
 
Sin embargo estamos frente a un día importantísimo en el que entre otras cosas, dejaron de morir los alumnos de Rabi Akiva.
 
Nuestros sabios se preguntaron ¿de qué murieron los alumnos de Rabi Akiva?, y el Talmud nos cuenta, que murieron por una extraña enfermedad "no se respetaban los unos a los otros". ¿Es tan rara esta enfermedad?, recibiendo el eco de las palabras talmúdicas siento que esas palabras resuenan en nosotros, aquí y ahora!, ¿vivimos hoy tiempos de respeto mutuo?, ¿no hay partes de nosotros que mueren, como los alumnos de Rabi Akiva, de irrespeto mutuo , todos los días?
 

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Amor y oscuridad

Cuando hablamos de lo judío el calendario impone. De ritos a tradiciones, las fechas en algunos casos rigen, en otros condicionan, los actos y la vida de quienes adhieren, en mayor o menor medida, a ese calendario. Hay judíos que se sienten tales pero no toman en cuenta el calendario; es posible, es válido. Sin embargo, dejar de tomar en cuenta los días, sin llegar al extremo de contarlos como hacemos durante el Omer  (los días entre Pésaj y Shavuot), nos va alejando imperceptiblemente de lo judío, como un objeto que flota en el mar y que de pronto nos damos cuenta que ya no podremos alcanzar por el devenir de la corriente. Mantener vivo el judaísmo es, en algún momento en el año, sujetarse a él, traerse junto a él. Muchos eligen IomKipur; otros este período de conmemoraciones y festejos nacionales modernos que van de IomHashoá a Iom Haatzmaut, pasando por Iom Hazikaron. La Shoá, los miles de muertos en las guerras de y los atentados contra Israel, y el Día de Independencia. Como nos enseña nuestra tradición, la alegría se celebra pero la tragedia está siempre presente, el recuerdo siempre vigente.

 

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Banalización de la Shoá

El concepto de “banalización de la Shoá” acuñado por la filósofa Hanna Arendt en 1963 con motivo de su cobertura del juicio de Eichman en Israel está siendo banalizado.  Como el término “líquido” acuñado por el filósofo Sygmund Bauman en relación al amor y otros fenómenos, lo banal descriptivo de la Shoá ha convertido a la Shoá en algo banal.De este lado de la línea, quienes somos hijos, nietos, bis y tataranietos de quienes murieron o sobrevivieron a la Shoá hemos construido buena parte de nuestra identidad sobre sus cenizas, abusando del discurso persecutorio y justificando, por momentos, el discurso perseguidor. La Memoria, en su sentido colectivo, ocupa un lugar central en la construcción de la identidad de cualquier colectivo humano; contar la historia, lo que llamamos “la narrativa”, ha conservado nuestra identidad como judíos a lo largo de milenios; por tanto, la Shoá no escapa a esa tendencia casi normativa de nuestra forma y razón de ser. Se torna banal cuando abusamos de ella (de la Shoá y de la narrativa) para explicar todo lo que sucede a nuestro alrededor y que nos afecta como judíos. Ya sea el fenómeno chavista o la antipatía de Obama respecto de Netanyahu.

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Evolución y Pésaj

La película uruguaya “Rincón de Darwin” disparó algunas asociaciones espontáneas y sin mayor rigor pero que vale la pena compartir. Después de todo, un texto artístico donde predominan las imágenes y los silencios por sobre los escasos diálogos, donde “no pasa nada” (un leitmotif de buena parte del cine uruguayo a esta altura de su breve historia), da lugar precisamente a la asociación libre, casi psicoanalítica. Aun cuando mi vecina de butaca se empeñaba en explicarle la película (por demás obvia y lineal en su argumento) a su anciana madre, aun cuando el resto del público entendía que estaba viendo una comedia “para reírse”, aun cuando los vecinos de la siguiente fila jugaron con sus celulares toda la película, aun en esas circunstancias, pudo ejercer sobre mí ese efecto provocador de asociaciones e ideas.

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Pésaj II

La idea de libertad, en forma absoluta e inmaculada tal como suena cuando decimos “Fiesta de La Libertad”, no existe. Nadie es absolutamente libre, todos somos un poco propensos a la esclavitud. Somos esclavos de nuestros celulares  (ni hablemos de otros “gadgets”), de nuestra rutina, de nuestra neurosis. Cada día supone un nuevo desafío de liberación personal. El rito de Pésaj es colectivo, pero se apoya en el individuo: uno debe verse a sí mismo como si uno mismo hubiera salido de Egipto. Esa primera edición casi mítica de liberación nacional que narra el segundo libro de la Torá, “Éxodo” y recoge la Hagadá de Pésaj se reedita a lo largo de los milenios en diferentes momentos de “liberación”. Nuestra liberación personal es un ejercicio cotidiano. Cada día uno cruza su propio mar; aun si es un mar de dificultades, atravesar las aguas siempre supone un cambio.

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Pesaj I

“Who am I?” Tal parece ser el leit-motif de la película “Les Miserables”. ¿Quién soy? A lo largo de la vida de uno de los protagonistas, Jean Valjean, se suscitan hechos y cambian las circunstancias de modo tal que la pregunta se reitera una y otra vez. ¿Quién soy? En premeditado contraste, el otro protagonista Javert, representa la ausencia total de preguntas y el exceso de certeza: “I am Javert!” Valjean es un hombre que lucha con sus instintos y contradicciones, que anhela lo justo y lo bueno, aunque se reconoce débil y falible. Javert no tiene matices: se reconoce sólo en función de su rol. Cuando debe enfrentar la duda y la compasión prefiere no ser a ser aquello que no reconoce.

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Nomenclatura

Cuando religión, etnia, cultura, y nacionalidad se conjugan en una sola identidad surgen confusiones. Uno puede ser uruguayo y católico, argentino y judío, brasilero y musulmán. En esos casos claramente se distingue nacionalidad de religión. Cuando uno nace judío es además muchas otras cosas en relación a su ser social y político. Cuando se trata de una conversión probablemente la diferencia está más clara porque el camino de la conversión formal pasa por un rito religioso; uno deja de ser católico para convertirse en judío, por ejemplo. Ser judío implica, por esencia e historia, un conflicto en lo que respecta a identidades. Mayor o menor según el individuo, pero conflicto al fin.

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Vargas Llosa y la sociedad israelí

De una forma muy egoísta me gratifica que  ni “The Gatekeepers” de Dror Moréh (Israel) ni “Five Broken Windows” de Emad Burnat y Guy Davidi (Francia, Israel, Palestina) hayan ganado el premio Oscar en su género como Mejor Documental.  No he visto ninguna de estas dos películas ni ninguna de las otras nominadas porque no he tenido acceso a ellas. Mi complacencia deriva del simple hecho de que no reciban una atención desproporcionada, como suele suceder con ciertas obras premiadas por un premio Oscar. No necesitamos exponernos más, estamos expuestos y sobre todo juzgados en forma metódica y exagerada. Los estándares morales que se aplican a nuestro pueblo, el pueblo judío, a través del Estado de Israel, no condicen con los estándares y juicios aplicados a otros países del mundo en sus acciones, decisiones, y políticas. O, como se dice ahora para ser políticamente correctos, “el gobierno de Israel”; como si gobierno y país no tuvieran una relación absolutamente vinculante.


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Ortodoxia, la otra cara

¿Cuándo vamos todos  a entender que todos somos el mismo pueblo? Así finaliza su artículo traducido y reproducido en tumeser.com esta  semana Shmuely Boteaj acerca de moralidad y ortodoxia. Los planteos que hace el rab Boteaj nos han parecido no sólo relevantes sino sobre todo honestos y frontales, defendiendo su estilo de vida y sus opciones pero reconociendo los desafíos que presentan. Como toda propuesta reflexiva o autocrítica despierta reacciones y pensamientos relacionados.  Antes de hacerse esa última pregunta tan válida y tan genérica Boteaj escribe acerca de los judíos “laicos”: “Muchos judíos laicos ven a los hombres religiosos con sus tapados negros y a las mujeres con pelucas como algo primitivo.

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