Judaísmo en las urnas
El tema central del podcast ‘’En nombre del cielo’ del Instituto Hartman en Jerusalém es una conversación entre su presidente, el rabino Donniel Hartman (DH), y uno de sus principales académicos, el escritor Yossi Klein Halevi (YKH), en torno al tema del ‘judaísmo’ en las próximas elecciones en Israel. Más allá de los temas de seguridad y economía, sostienen, lo que realmente está en juego es una redefinición del «statu-quo» religioso del país.
Analizan cuatro bloques con visiones muy distintas del rol del judaísmo en el Estado:
- El Likud — Históricamente, bajo Menajem Beguin, representó una reconciliación entre el sionismo laico y las tradiciones judías, especialmente valorada por los mizrajim, que sentían el desprecio del viejo Partido Laborista hacia su religiosidad. Pero con Netanyahu esa relación cambió: el Likud ya no «vive» el judaísmo, sino que se lo «delega» por completo a los ultra-ortodoxos, actuando como sus habilitadores políticos.
- Los partidos ultra-ortodoxos (jaredim) — Pasaron de ser una minoría marginal a controlar de facto la definición oficial del judaísmo israelí (El Rabinato, La Kashrut, los matrimonios, el estatus judío, etc.), pese a rechazar, históricamente, el Estado sionista. Tanto DH como YKH señalan una contradicción central: los jaredim exigen ser un «Estado dentro del Estado», separados de las cargas comunes (como el servicio militar y el pago de impuestos), pero al mismo tiempo imponen sus normas religiosas a toda la sociedad.
- El sionismo religioso — Representado por Bezalel Smotrich, mutó de una santidad centrada en el Estado (antes de 1967) a una obsesión mesiánica por el control territorial de Cisjordania. Su «judaísmo» ya no gira en torno a la halajá sino al dominio del territorio, y por eso apoya las exenciones militares de los ultra-ortodoxos; aunque eso perjudique a su propia base electoral.
- La oposición (Bennett, Liberman, Eizenkot, Golan) — Son personas con identidades judías fuertes y diversas (ortodoxos, tradicionalistas, reformistas), pero que no delegan su judaísmo en una autoridad externa: quieren ser «jugadores» activos de una religión pluralista, descentralizada a través del nivel de gobierno municipal, sin un «amo» único del judaísmo.
Conclusión: Un cambio de gobierno no solo movería el péndulo político, sino que podría terminar con la idea de que existe un único «dueño» legítimo del judaísmo israelí. DH y YKH advierten que ese realineamiento debe hacerse gradualmente y con mayorías especiales para evitar un círculo vicioso de leyes que se derogan con cada cambio de gobierno.
Link al podcast: https://open.spotify.com/episode/22aM6Oj5bcfYjLPgxeUF8o?si=5e487e3c750d4a7a
Resumen mediante IA Claude editado por el editor