‘Pena de Muerte’
Cuando Israel adopta medidas que, como judíos liberales, nos molestan en mayor o menor grado, al punto que corremos de inmediato a condenarlas (como hice ayer @X), en seguida surgen otros judíos que se sienten menos molestos aunque saben que dichas medidas traerán problemas y consecuencias, por lo cual corren a explicarlas y justificarlas. También sabemos, todos, que serán muy difíciles de revertir.
Me refiero por ejemplo a la Ley Fundamental del Estado-Nación del Pueblo Judío de 2018.
Ayer la Kneset votó la ‘ley Ben-Gvir’ que habilita sentenciar la pena de muerte a terroristas palestinos. Horas antes había votado el ‘Presupuesto Smotrich’ adjudicando enormes recursos a los partidos ultra-ortodoxos, lo cual implica desviarlos de su uso para la periferia social de Israel. Además, la Reforma Judicial sigue su curso sin tregua y sin pausa.
Mientras tanto, el ciudadano de a pie vive a merced de los misiles, manda a sus hijos al frente (Líbano ya se está cobrando sus bajas), y la guerra con Irán tiene logros tácticos pero no estratégicos. El estado de guerra permanente desde el 7 de octubre de 2023 es la pantalla perfecta para tapar la manipulación política que no cesó nunca.
La Oposición ha hecho diferentes gestos de ‘unidad nacional’ pero en realidad es impotente: no hace caer al gobierno. Ni Gantz ‘poniendo el hombro’ en el gabinete de guerra ni Lapid declarando magistralmente han logrado nada. Benet y Eisenkot son más pragmáticos: esperan.
Estamos publicando también una traducción editada de un texto de Amit Segal, analista político israelí. No puede decirse que Segal sea un ‘judío liberal’ pero es un judío inteligente y con valores que así como denuncia el terrorismo judío en Judea y Samaria ahora condena la ‘ley Ben-Gvir’, pero no reniega del recurso de la pena de muerte. Nos pareció importante su análisis.
En lo personal, y más allá de todas las consideraciones políticas, judiciales, internacionales, opto por las consideraciones de tipo moral y ético. El mero hecho de que una ley de este tipo sea tratada y votada en la Kneset da la pauta de la decadencia moral en la política israelí. Que esta ley ocupe los titulares de los diarios me avergüenza como judío.
No voy a entrar en la discusión si un terrorista merece las consideraciones de humanidad a las que cualquier reo tiene derecho; es el mismo laberinto que pensarlo respecto a un femicida o un violador. No me gusta el juego de creerse Dios y mucho menos el juego de los Ben-Gvir que se creen su portavoz en la tierra.
Es el mismo Ben-Gvir, discípulo de Meir Kahane, que celebró hace treinta años el magnicidio de Rabin Z’L. En su escala de valores, matar a alguien por una causa es válido. En la mía, no. Es tan obvio que me resulta insultante y al mismo tiempo frustrante tener que decirlo y justificarlo.
Sobre todo, anoche me invadió una profunda tristeza. Cuando ya creo que hemos tocado fondo, cuando creo que más perversión de valores e ideales no puede caber, la actual coalición de gobierno vuelve a sorprenderme. No me importan los recursos o los agujeros legales que hagan esta ley inaplicable: que se haya votado es el problema. Aunque nunca se aplique.
Me recuerda a la ley del ‘hijo rebelde’ (Deut. 21) cuya aplicación el Talmud hace imposible (Sanedrín 71a): si nuestros Sabios de Bendita Memoria restringieron la ‘palabra de D-os’, ¿Cómo admitir que un Ben-Gvir obligue a una Kneset (asamblea) a votar una ley reñida con los fundamentos éticos del Judaísmo? Ojalá la Suprema Corte cumpla su rol talmúdico una vez más.
Mañana comienza Pesaj 5786. Por tercera vez la pregunta acerca de ‘qué ha cambiado esta noche’ tendrá una connotación y una relevancia particular, adicional: esta noche Israel tiene una ley discriminatoria, peligrosa, y éticamente condenable que dice mucho más acerca de nosotros mismos que acerca de la ley en sí y sus posibles consecuencias.
El círculo vicioso de la violencia que cantamos alegremente en el Jad Gadia esperando la redención divina es como el ‘fuego eterno’ que se nos comanda mantener en Shabat Hagadol (el previo a Pesaj): siempre arde.
Uno hubiera creído que es un fuego eterno para la vida. Que después de todo, de eso trata el judaísmo.
Jag Hapesaj ‘Kasher’ (en un sentido amplio) y ‘Sameaj’ (en un sentido restringido)!