‘El Resto es Selva’

Muchos de nosotros, si no la mayoría, conocemos Europa. Me refiero en especial a la Europa continental que arranca en Portugal y termina más o menos en los nuevos estados que alguna vez estuvieron detrás de la Cortina de Hierro. Me refiero a la Europa cristiana, medioeval, renacentista, e iluminista. No sólo la conocemos; solíamos admirarla. Desde el punto de vista de La Cultura, esa Europa era, es, La Referencia. Por añadidura, muchos de nosotros venimos de allí: los judíos, sefaradíes o ashkenazies, la atravesamos y la habitamos. Tantas veces nos echaron, tantas hemos vuelto. Incluso accedemos el ‘valioso’ pasaporte comunitario.

Hace más de cuarenta años recorrí parte de la llanura castellana con la fantasiosa idea de, tal vez, estudiar en España. Me había graduado en la Universidad de Tel-Aviv. En aquellos años yo era sólo sionista y apenas judío, pero no me costó nada darme cuenta que ningún judío tenía demasiado que hacer en aquellas soledades carentes de todo signo o señal de judaísmo. Por el contrario: parecía un mundo sin judíos, un mundo cristiano omnipresente. Yo venía de cinco años en Israel; había crecido en Uruguay, donde por aquel entonces nada, excepto ‘el Che’, se imponía simbólicamente sobre el individuo. Aquello del Estado laico de Varela. Luego vino la dictadura, pero ese es otro asunto. Yo nunca me había sentido abrumado por la otredad.

Ahora he vuelto a España una vez más. España es un destino dilecto. Es la madre patria de la mitad de nuestros vecinos. El apellido de algunos de nuestros Presidentes. El destino de nuestros futbolistas. España es como si estuviéramos en casa. Y sin embargo, no. Y si España no, Europa menos. No lo digo yo, lo han dicho estudiosos del tema: Europa está invadida por el Islam. No soy quién para vaticinar su futuro, pero sea cual sea, el camino es sombrío. Para completar el panorama, la polarización política entre derechas e izquierdas tiene un punto en común: el tema excluyente es Gaza.

Eso tiene un solo significado: ‘Gaza’ es Palestina ‘del río al mar’, la negación de Israel.

Tal vez dentro de poco podremos volar del Río de la Plata a Tel-Aviv en un vuelo directo. Veremos a qué precios y cuánto dura. La experiencia de San Pablo duró bien poco. Mientras tanto, llegar a Israel supone pasar por Europa. ¿Quién se resiste a un poco de turismo, a una catedral más, a una vieja sinagoga conservada como se conservan reliquias (están, pero no cumplen otra función que nutrir el espíritu)? ‘Ya que estamos’, ‘abrimos el pasaje’. Eso hice. En eso estoy. Casi medio siglo más tarde, siento aquello que sentí entonces: Europa no es para los judíos. Fue griega, romana, cristiana… y el futuro dirá. Pero judía, nunca. Aunque vivimos aquí durante siglos, nunca fuimos parte. Quedan marcas, pero no queda huella. Nos sepultó el Cristianismo y ahora el Islam amenaza con sofocarlos. Ironías de la historia.

De modo que hagámonos cargo de las patrias que, habitemos o no, sabemos nuestras. En mi caso, Uruguay e Israel. En otros casos es a la inversa: dicen que los uruguayos nunca dejan de hinchar por ‘la celeste’; no sé si les preocupa tanto el destino político de su país de origen. Asumamos que sí. Casualmente, o no tanto considerando todo esto de Gaza y Palestina, ahora está en la mira, por su trabajo como portavoz en español de las FDI, un uruguayo emigrado a Israel. Es una situación gravísima un poco perdida entre tanto alboroto sobre la camioneta de Orsi pero, repito, es grave. Otra vez, Europa como modelo: si Sánchez se ensaña con Israel, ¿por qué no Uruguay?

Hemos vuelto a ser (o nunca dejamos de serlo) ‘el otro’, el ‘arameo errante’, el que no tiene derecho a ‘ser’ (repito: no se ven señales por ningún lado), el que mejor no existiera. Eso, además, llevado al nivel de lo nacional: negar el derecho a un Estado judío soberano en la tierra ancestral. En pocos días estaré en esa tierra y en ese Estado y hay que admitir que los judíos no lo estamos haciendo demasiado bien en lo que atañe a la convivencia y la tolerancia. Otra vez: es otro asunto que no he eludido nunca y me preocupa mucho. Con todos sus problemas, algunos mayúsculos, Israel es EL ‘espacio público judío’. No hay otro. Europa es de tránsito. Un judío, entonces, tiene un solo destino, sea visita, sea radicación, sea referencia: Israel.

Como bien citó Mario Benedetti a Jorge Guillén, ‘el resto es selva’.