Bye-bye Ben-Gvir
Bien dice el refrán que quién duerme con niños amanece mojado.
Si en política israelí te asocias a gente como Itamar Ben-Gvir tarde o temprano pagarás las consecuencias. Para mi gusto, fue un poco demasiado tarde: las elecciones son inminentes.
¿Quiénes se asociaron con Ben-Gvir? Todo el gobierno actual de Israel, desde Netanyahu al ministro más intrascendente. Netanyahu ha sido el gran responsable del fenómeno Ben-Gvir.
En primer lugar Bezalel Smotrich, que sigue sin superar el umbral electoral en las encuestas pero fue la mula que tiró del carro para colocar al discípulo de Meir Kahane en el poder. Y vaya poder.
Luego todo el Likud: no se salva ninguno. Todos obsecuentes con su líder, todos responsables. Diría un difunto Presidente del Uruguay: del primero al último.
Sí, también Guidon Saar que formalmente no es Likud pero volvió corriendo al seno de Netanyahu cuando las encuestas lo daban por muerto políticamente. Por más que hoy fue el primero en gritar ‘lobo’, de poco le vale: no es creíble.
Los partidos ultra-religiosos: aliados silenciosos del que venga mientras cuiden su rebaño (votos) y presupuestos. Además de cierta afinidad ‘espiritual’ aunque mejor dejar a Dios fuera de esto.
E incluso Benny Ganz, que ocupó un lugar en este gobierno y hubiera vuelto no hace mucho.
En suma: menos La Oposición, todos. Lo que merece crítica hacia La Oposición es que contando con un talón de Aquiles como Ben-Gvir en el gobierno no hallaron forma, en cuatro años, de hacerlo caer. Sea por #Oct7, sea por la guerra, sea por el timing… en realidad, pura impotencia.
El gobierno cae por su propio peso y por el final de su mandato legal. Enfrentados al fin de la impunidad, algunos grupos avanzan leyes inadmisibles en otra coyuntura; es política mezquina, pero es válida. Ajo y agua.
Ben-Gvir arremete. Sabe que su tiempo terminó. Difícilmente vuelva a ser gobierno en mucho tiempo. Así que perdido por perdido, rompe todo. Ejerce el poder y la fuerza sobre la que basó su campaña. No digan que no avisó. La ‘fuerza judía’ (otzma iehudit) patotera en su peor expresión.
Como diría el poeta T.S. Eliot, no se va con un quejido, sino con una explosión. De odio. Así nos deja Israel este gobierno saliente. Precisaban un Ben-Gvir para hacer el trabajo sucio. Cumplió.