‘Guerras sobre Guerra’

Hace poco los milagrosos algoritmos @X me introdujeron un comediante israelí (stand-up): Iojai Sponder o @yohaysponder para quien quiera conocerlo mejor. No es hilarante pero da para sonreír y sobre todo para pensar. Si tuviera que definir el género de su humor diría que es ‘el absurdo’. Lo cual aplica muy bien a lo que intentaré abordar hoy: el absurdo de la coyuntura.

En su posteo del 11 de julio Iojai habla de la guerra. Más o menos dice así: ‘teníamos una guerra (Gaza), tranquilos, ‘mansos’ y de pronto guerra sobre guerra, avanzamos a una guerra con Irán.

Humor, ironía, sarcasmo (o cómo quieran llamarlo) aparte, está claro que el trasfondo de estas 93 semanas ha sido la guerra en Gaza. Si queremos calar más profundo, diría que el trasfondo de estos 31 meses desde diciembre de 2023 es la reforma judicial impulsada por el Likud de Netanyahu.

Por ahora la guerra en Gaza no parece tener fin ni intereses que lo justifiquen u obliguen, y la reforma judicial sigue intacta en la agenda de los parlamentarios del Likud. Todo ello habilitado por las mayorías tan amplias como mezquinas de los ultra-ortodoxos, los mesiánicos, e intereses personales diversos que ponen sus prioridades (como hace Bibi) por delante de los intereses nacionales.

Celebro el éxito tecnológico y militar israelí como cualquier sionista. Todos sabemos que la opción es existencial: ellos o nosotros. Así como lo sabe Netanyahu lo sabe Yair Golan, Yair Lapid, o cualquier Yair ‘de los palotes’ que uno encuentre en la calle israelí. Nadie duda que había que hacer lo que se hizo, y que se hizo muy bien. Tal vez se pudo hacer mejor todavía, pero si algo hemos aprendido en estos dos años es que el enemigo es bastante más formidable de lo que queremos creer.

Como dice el humorista Iojai, aunque en el fondo no es cómico, es una guerra metida en otra guerra, como una suerte de muñeca ‘babushka’ que contiene dentro suyo una réplica de sí misma; y dentro suyo, otra réplica. No sólo es una guerra interminable, es una guerra profunda, un estado del alma o de situación. Los logros militares y las repetidas negociaciones de un alto el fuego y liberación de rehenes son sólo respiros momentáneos: euforia y expectativa, respectivamente.

La crueldad del manejo político de la clase política israelí, en especial la gobernante, quedó clara cuando Netanyahu fue recibido en Nir Oz por Einav Zangauker y Gadi Moses, acicalados y dispuestos, previo a su viaje a Washington donde se esperaban grandes anuncios de cese al fuego y liberación de rehenes. Si Einav recibía así a Bibi era porque esperaba a su hijo. No pasó.

Netanyahu fue y vino a los EEUU, cenó con Trump, y no aceptó nada. Es más fuerte su instinto de supervivencia política que su patriotismo. A su regreso, no sólo siguen 50 rehenes en Gaza: siguen muriendo soldados, sigue la situación humanitaria turbia en Gaza que nos pone a todos (Israel y los judíos del mundo) en el banquillo de los acusados, sigue postergado el tema de la conscripción de los ultra-ortodoxos, sigue avanzando la reforma judicial, y siguen apareciendo encuestas inocuas de cómo sólo el 40% de los israelíes apoyan a Netanyahu.

La semana pasada empezó con esperanza. Esta semana empieza con desesperación. Las cosas en ‘el hogar que no habito’ no están bien. No preciso que nadie me lo explique, ni me encandila la aparente normalidad y vitalidad de la sociedad israelí que, apenas se libera de las sirenas, vuelve a su ritmo frenético y pujante (tampoco me lo cuentan en la prensa, lo sé en directo por mis amigos del alma allí). Como simple observador de todo lo que NO sucede, saco mis propias conclusiones.

Ni el triunfalismo del programa ‘Hapatriotim’ del canal 14  de la TV israelí ni el auto-odio de Guideon Levy en Haaretz dibujan los límites de la realidad; no son más que discursos retóricos serviles a una causa; merecen una consideración muy acotada. Como judíos pendientes día a día de los acontecimientos alcanza con ver los hechos (lo que sucede y lo que no) para entender su dimensión. A nivel militar, nuestro desempeño no tiene parangón; a nivel moral, estamos muy comprometidos.

Pelear un ‘guerra justa’ con criterios de justicia social es casi impracticable. Sin embargo, y salvando excepciones (de las cuales los medios y las redes sociales se hacen un festín), sabemos que ese es el objetivo. La ‘guerra justa’ contra Irán y sus proxis, sin embargo, obnubila nuestra percepción de la guerra interna que, una vez que baje el polvo de la batalla, dejará ante nuestros ojos un panorama incierto, probablemente desolado de los valores que muchos de nosotros abrazamos.

Mientras tanto, me gustaría que esta semana Einav Zangauker reciba a su hijo en sus brazos.