Salmo 137
Dice el Salmo: “Si te olvidare Jerusalém que se olvide mi diestra; que se pegue mi lengua a mi paladar” (traducción propia). Dicho de otro modo: si olvidara Jerusalém perdería mi fuerza y me quedaría sin la palabra. Está claro que la amenaza del salmo nunca sucedió. Desde siempre ha resonado en nuestra memoria como