Antisemitismo, Carnaval, y después

Las redes sociales tienen esa perversa virtud de poner frente a nosotros realidades que elegimos ignorar. Por ejemplo, el Carnaval: la última vez que fui a un tablado fue al Albatros hace más de sesenta años. He pasado muy bien mi vida sin confrontar ese arte. Hace un par de días me llegó un video del conjunto parodista ‘Caballeros’ en una parodia, valga la redundancia, de ‘El Mercader de Venecia’ de Shakespeare.

Me consta de buena fuente que todos los géneros de Carnaval tienen reglamentos estrictos e innegociables en sus formalidades; no sé, sin embargo, qué tipo de exigencias tienen en cuanto a su contenido. Sobre todo, como no veo Carnaval, no sé comparar. Pero los 2:55 minutos que me llegaron son suficientes para encender algunas alarmas.

El contenido que vi es antisemita: ridiculiza e insulta al judío (Shylock) con algunos de los estereotipos antisemitas más antiguos, arraigados, y simplistas: tacañería, avivadas, usura. Incluso se da el lujo de un chiste que incluye un escupitajo al judío Shylock en escena; que por cierto no existe en el original de Shakespeare. Es evidente que el autor de la parodia leyó la obra: la homosexualidad de Antonio y su necesidad de dinero quedan bien planteados.

Cada uno se divierte como puede. Pero si algo sabemos todos, nos guste o no el Carnaval, es que este no sólo representa a buena parte de la sociedad uruguaya sino que influye culturalmente en un sentido muy amplio en toda ella. Por eso, y usando una vieja frase de la expresión popular, decimos aquí que ‘nos obligan a salir’. Y esto no es precisamente una ‘retirada’.

Estamos en vísperas de la asunción de un nuevo gobierno del Frente Amplio. Nadie puede negar la estrecha relación entre el Carnaval y este partido político. Se sirven mutuamente. Precisamente por eso creo que es momento de avisar: cuidado con las escaladas antisemitas. No sea cosa que lo que no se dice en forma oficial se exprese en forma popular. Habría que evaluar qué discurso tiene más fuerza e influencia en la opinión pública. Más aún cuando el público sabe y gusta de aquello que va a escuchar, no le resulta sorpresivo.

Coincidentemente con el cambio de mando en nuestro país se viene desarrollando hace ya casi año y medio una cruenta guerra entre el grupo terrorista Hamas y el Estado de Israel en Gaza, conflicto que además se ha extendido a la región próxima con operaciones militares sofisticadas y bajas para todos los involucrados. A raíz del mismo, y poco después de #Oct7, el antisemitismo tuvo un brote virulento en todo el mundo; Uruguay no fue la excepción: el cabezudo durante el 8M y la censura al profesor Spektorovski lo prueban.

Hace diez años, durante el enfrentamiento de Israel con Hamas en la operación ‘Margen Protector’, durante la presidencia de José Mujica y siendo Ministro de RREE el hoy Secretario de OEA Luis Almagro, Uruguay presenció una escalada antisemita de magnitud. Hubo pintadas en muros y todo tipo de manifestaciones ‘populares’. Fue especialmente triste el uso del término ‘genocidio’ por parte del Presidente refiriéndose a la operación militar israelí en Gaza y la imagen del Ministro Almagro con una bufanda palestina. La operación de 2014 fue una de tantas que cada tantos años Israel debía emprender para minimizar los misiles que desde Gaza caían sobre poblaciones israelíes.

No cabe duda que el pogromo del 7-10-2023 cambió la historia para siempre. La actual operación en Gaza no tiene precedentes y es ‘proporcional’ (para quienes gustan de abusar de este concepto) a la masacre perpetrada por Hamas. El cese al fuego que estamos viviendo estos días, con la liberación de rehenes a razón de uno cada treinta presos palestinos (más sobre ‘proporcionalidad’), no sólo es precario y volátil: pauta claramente la complejidad de la situación. Los movimientos a partir de la elección de Trump en los EEUU y el agotamiento de todos los involucrados, tal vez, y sólo tal vez, den lugar a algún andarivel que conduzca a una realidad sin enfrentamientos, para empezar, y con algún tipo de solución civil, para avanzar. El tema nos excede y nos supera.

No así a nivel local. El antisemitismo tiene la extraña cualidad de hibernar y despertar de pronto. Las expresiones antisemitas pueden ser sólo la punta del iceberg: sean pintadas en paradas de ómnibus sobre Av. Giannatasio (2014) o una parodia de Carnaval (2025). No tengo duda que aquella escalada antisemita feroz en Uruguay, con la complicidad del gobierno de entonces, desembocó en el asesinato de David Fremd, de bendita memoria, en Paysandú el 8 de marzo de 2016. Hoy el asesino está libre y la causa cerrada.

Desearía que los creativos de Carnaval encuentren material menos peligroso para su tan celebrado ‘humor’ y, sobre todo, que el gobierno que asume el 1º de marzo cuide de sus ciudadanos judíos y mantenga una postura abierta y equilibrada respecto a un conflicto que le es ajeno. La responsabilidad de un gobierno es hacia todos sus ciudadanos y su obligación, en política internacional, es mantenerse informado y prudente antes de emitir juicios de valor.

En suma: no juguemos con fuego. Ni en el tablado ni en los pasillos de gobierno.