Los Padres de Israel
León Wiener Dow, The Blogs, The Times of Israel, 2 de marzo de 2023
Conozco de cerca a una pareja de filántropos que construyó desde cero una hermosa sede para una organización que hace un trabajo increíble ayudando a los jóvenes de hogares rotos. También tienen un hijo adulto que ha luchado durante años con problemas de salud mental y adicciones y, básicamente, no tienen ninguna relación con él. Esto no es una metáfora, ni pretende ser irónico. Es una verdad demostrada: es más fácil construir un edificio, dirigir una organización y desarrollar una tarea crucial para mejorar la sociedad que criar a un niño recalcitrante o problemático.
El Estado de Israel, en su iteración actual, es un niño sumamente problemático.
No es un cónyuge. Puedes separarte de tu cónyuge, como lo dice la Torá. Ya sea por razones buenas o malas, ya sea en términos agradables o con acritud, dos adultos que unieron sus vidas pueden optar por separarse. Pueden haberse distanciado; pueden haber descubierto diferencias irreconciliables a lo largo del camino; pueden haber descubierto que contrajeron matrimonio bajo falsas pretensiones o supuestos erróneos, o que no entendieron en el momento de celebrar el matrimonio todo lo que implicaba unir sus vidas.
Una larga lista de judíos de alrededor del mundo ha llegado a la conclusión de que deben divorciarse del Estado de Israel. Mucho antes de que el actual gobierno se hiciera cargo de las riendas, algunas de las personalidades más prominentes – como Peter Beinart lo escribió en dos piezas separadas (aquí y aquí) – sintieron que ya no pueden identificarse con el proyecto sionista ni apoyarlo de la manera en que se ha desarrollado. Sin entrar en los detalles de los términos o de las razones de los escritos de divorcio, puedo y debo señalar un problema extremadamente fundamental de tal negación. El error no es ni moral ni estratégico. Es conceptual, porque se apoya en el supuesto erróneo de que el divorcio es un camino posible a seguir.
Cuando nos damos cuenta de que Israel es un niño y no un cónyuge, nos sorprende – y probablemente nos abruma – la enormidad de la responsabilidad que recae sobre nuestros hombros. Porque sin importar lo que hagamos, o adónde vayamos, o el fervor o la superioridad moral con la que pretendamos distanciarnos del comportamiento miserable, horrendo e indecoroso de nuestro hijo, estamos inexorablemente ligados a él. Su comportamiento, incluso cuando está en total oposición a nuestros propios valores, creencias y acciones, es de alguna manera una manifestación de algo que trajimos al mundo.
¿Qué significa esto en el doloroso momento actual?
Sin importar cuán profunda, amplia, implacable o minuciosa sea tu crítica hacia Israel, Israel existe, y la tentación de declarar el divorcio es simplemente equivalente a la ilusión engañosa de invertir tu energía y tus recursos en construir un refugio para jóvenes desfavorecidos cuando tu propio hijo problemático sigue vagando por el mundo, sufriendo y causando daño.
Cada vez que he pensado que Israel había tocado fondo, al día siguiente comprobé que me había equivocado, ya que Israel seguía hundiéndose aún más. Cuando el gobierno actual prestó juramento con racistas, homófobos y criminales condenados actuando como ministros, protesté; luego vino una propuesta de reforma judicial a gran escala (al menos en su forma actual) que amenaza los fundamentos mismos de la democracia israelí; y cuando los colonos judíos ejercen justicia por mano propia y llevan a cabo crímenes de venganza y odio después de un trágico y fatal ataque terrorista – nada menos que un pogromo llevado a cabo por judíos – un miembro de la coalición llegó a tuitear “me gusta” a los llamados a la venganza, y Bezalel Smotrich, quien se desempeña como Ministro de Finanzas y como ministro en el Ministerio de Defensa, pronunció lo impensable: que Israel debería “borrar del mapa” a la ciudad palestina de Huwara en Cisjordania.
Hay razones convincentes para avergonzarse e indignarse por las acciones de Israel. Y con respecto al futuro de Israel, la desesperación es una tentación peligrosa. Pero aún más peligrosa es la idea delirante de que el divorcio es una posibilidad verosímil.
Los Hijos de Israel son los padres de Israel (del Estado de Israel). Y si bien puede haber muchas maneras de ser buenos padres, la carga de serlo implica una responsabilidad que no finaliza nunca.
Traducción: Daniel Rosenthal