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Lecturas & Reflexiones

El judaísmo uno y desune. Para muestra, basta un botón: en torno a algunos de sus temas el rabino Eliezer Shemtov y yo nos hemos enfrascado en conversaciones, discusiones, que son producto del desvelo que el judaísmo nos produce. Ambos somos judíos preocupados. Ambos nos empeñamos en construir comunidad. Hasta ahí, lo que nos une, con certeza. Sigamos explorando los que nos divide.

En su artículo “Reflexiones Rabínicas” en Semanario Hebreo, que a su vez comenta el mío “Lecturas Rabínicas” (que a su vez comentaba su editorial en Kesher de IN 5778), Eliezer puntualiza seis asuntos. De haber sido siete, hubiéramos entrado en un nivel casi místico… pero coincido, no da para tanto: las nuestras son disquisiciones bien terrenales. Aprovecho el orden en que organizó Eliezer su artículo para hacer mis comentarios, descargos, o simples aclaraciones. No en vano son temas escabrosos, merecen ser explicitados.

  1. Eliezer me ha instruido respecto a esta costumbre “ortodoxa” de observar y criticar a quienes, según ellos, están equivocados. Me consta que es parte de su educación. El judío liberal (sin entrar en denominaciones porque los hay ritualmente ortodoxos entre ellos) aprende lo contrario: no existe UNA verdad aunque eso no implique que todos tienen razón. Pero observar y condenar la verdad del otro no es una ocupación “liberal”; construir nuestras propias “verdades”, si las hay, lo es. En ese sentido, no somos guardianes de nuestros hermanos: cada uno con sus “sacrificios”; no en vano el desprecio de dios por Caín provocó la muerte de Abel. La Torá es sabia. Eso, no está en discusión.
  2. Eliezer podría ofenderse, y no me sorprendería, de mi posición respecto a lo que llamamos la naturaleza de dios: si él nos precede o si nosotros lo “creamos”. Suena bastante blasfemo. Cuando hablo de ofensa por parte de Eliezer hablo de desvalorización y condena a los estilos de vida que otros elegimos vivir. Su “verdad” no ofende, en todo caso suma y aporta. Que la tomemos al pie de la letra como él quisiera ya es otro asunto.
  3. La confusión entre pluralismo y laicismo no es mía; tengo claras las diferencias. El laicismo, sea lo que sea (es todo otro tema) es una ideología como tantas otras. El pluralismo es una forma de mirar el mundo en la que uno aprende a convivir, genuinamente y en la acción, con las abruptas y agudas diferencias que nos rodean. Puede no compartirlas pero aprende no sólo a respetar sino a reconocer como válido, posible, real: existe, es una forma de vida para alguien. No alcanza decir que uno empatiza con un homosexual, por ejemplo: debe procurar su lugar como tal en su comunidad.
  4. No acoger discursos dogmáticos en el seno de un discurso plural no es dogmático, es coherente. Lo dogmático rechaza lo plural. En todo caso, NO DIJE que dios no existe, jamás me atrevería. ¿Quién puede afirmar tal cosa? Digo que en mi aproximación a “lo divino” prefiero entender a dios como una creación humana en el afán de aprehender lo inasible, lo abstracto, lo que nos excede en nuestra capacidad de comprensión. Religión, arte, música, poesía, todas creaciones humanas que atienden desvelos emparentados por medio de diferentes sensibilidades.
  5. “Diluir” y “denegar” son dos verbos con connotaciones negativas inequívocas. Suponen un acto premeditado. Las elecciones educativas para nuestros hijos son cruciales y personales. Eliezer eligió cierta educación para sus hijos, y ahora ellos, los hijos, eligen la de los suyos. Que coincidan en elegir la misma educación puede significar muchas cosas; no hay duda que supone cierto mérito de la misma. El Talmud y la Kashrut no fueron relevantes para algunas generaciones y no por eso sus hijos fueron más o menos judíos o se apartaron de la tradición. Cuando somos adultos podemos elegir y compensar las carencias, que en toda su mejor intención, nuestros padres hayan podido tener: quien no sabe Talmud, estudiarlo, mientras que quien sólo estudió Talmud puede leer otro tipo de literatura. Por hablar sólo de lo escrito, sin entrar en el campo del cine, la música, la cultura popular… Estoy seguro que de un lado y del otro de las opciones educativas todos tenemos carencias.
  6. La cuestión de la Torá no es su “veracidad” sino su “valor”: para algunos, religioso por sobre todas las cosas. Para otros, sólo un valor mítico no diferente a otras mitologías. En el medio, la Torá abre una infinidad de posibilidades. No adquirió su status literario, moral, ético, histórico, mitológico por su “veracidad” (jamás comprobada) sino por el valor de su contenido. De modo que no preciso “creer” en nada para argüir que nos une una noción de comienzo común, un cometido ético, el amor a una tierra que llamamos nuestra, y una noción de unicidad de lo divino. Todas esas nociones están en la Torá si nos referimos al Pentateuco, pero surgen de toda la literatura que sobre ella ha construido la identidad de nuestro pueblo. Lo que los Oz llaman la “genealogía de la palabra”.

Cuando escribí “Lecturas Rabínicas” sabía que el rabino Eliezer Shemtov no resistiría la tentación de “contestar” o “confrontar”. De hecho, yo tampoco lo resistí cuando leí su editorial en Kesher . Es cierto, como dice Eliezer, que tenemos ciertos pruritos en confrontar temas controversiales. Tal vez sea porque la mayoría no tiene tiempo y esos temas no son centrales en sus vidas, mientras que otros se resguardan en sus dogmas y verdades y no precisan confrontar. Desconozco si todos los colegas de Eliezer en Jabad-Lubavitch ponen tanto celo en este desafío, o si es él quien siente ese llamado. Como sea, me honra poder dialogar.

Que quede clara MI motivación: en la medida de lo posible, confrontaré toda voz que asuma que la suya es la única voz y su verdad la única verdad. Más aún: confrontaré toda voz que evite escuchar otras voces. Confrontaré la sordera y ceguera electiva de algunos judíos hacia sus “hermanos” cuyos usos, prácticas, y sistema de valores no coincide con los suyos. Confrontaré a quienes nos ven o escuchan sólo cuando atravesamos SUS tiendas, pero se resisten a visitar las de sus “hermanos”. Fuera de eso, celebro el diálogo y la pluralidad de opciones que ofrece nuestro “ishuv” y, como dije al principio de “Lecturas Rabínicas”, “he asumido el desafío de leer y escuchar todo el judaísmo posible”. En eso estamos.