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Los Asentamientos: una propuesta de debate

Donniel Hartman, The Times of Israel, 26 de diciembre de 2016

Para los proisraelíes, el hecho de que acreditemos nuestras credenciales mediante una condena cuando nos enfrentamos a decisiones antisralíes en el ámbito internacional se ha transformado en un requisito. Sólo se es tan leal como la última denuncia que se haya realizado de las fuerzas que socavan la viabilidad, la legitimidad y el bienestar de Israel.

Permítanme, por lo tanto, comenzar con una lista de condenas totalmente justificadas a la reciente Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Los amigos no denuncian a sus amigos para ser censurados en el Consejo de Seguridad. La resolución rechaza los derechos del pueblo judío a Jerusalem y al sitio más sagrado de nuestro pueblo: el Kotel. Las Naciones Unidas, que se muestran pasivas ante la masacre de medio millón de sirios, han identificado la política de asentamientos de Israel como EL obstáculo a la paz en el Medio Oriente. Israel, y no los palestinos, es identificado una vez más como la principal causa del estancamiento del proceso de paz. La resolución fue una emboscada y una última oportunidad para vengarse de Israel.

Ya establecida mi buena fe, quiero, en primer lugar, declarar mi disposición a añadir a la lista anterior cualquier motivo adicional para la condena que pudiera surgir en los próximos días. Mientras soy proisraelí, entusiastamente y sin reparos, también soy projudío, y como tal, vengo de una larga tradición que utiliza eventos desafortunados como base para la autoevaluación y la autocorrección. A pesar de las comodidades de la victimización, la tradición judía se vio atemorizada por su uso excesivo, ya que demasiado a menudo podía servir de base para la mediocridad. Si no soy más que el objetivo pasivo de la injusticia, no tengo la necesidad ni la obligación de tener que considerar mi posible complicidad en la conformación de mi realidad.

A medida que intento limitar las contradicciones internas en mi vida, me esfuerzo por unificar mis sensibilidades proisraelí y projudía. En este caso, mi trabajo se hace más fácil por el hecho de que uno de los subproductos principales de una conciencia proisraelí implica asumir las responsabilidades que vienen junto con el poder político y dejar de lado la excesiva autovictimización. El mismo poderoso Israel que tiene ahora la posibilidad de boicotear a la formidable nación de Senegal, sin duda tiene la capacidad de, por lo menos, reflexionar sobre si y cómo desempeñó un rol en inspirar a todos sus socios comerciales y aliados políticos más importantes a votar por catorce a cero una resolución que es tan claramente antisraelí.

Como judío proisraelí debo admitir la verosimilitud de otra lista, una que cuestiona la sagacidad — si no el valor — de algunas de las decisiones recientes de Israel. Los amigos no cambian unilateralmente el statu quo y no actúan con total desprecio de lo que sus amigos les piden, esto es, Amona. Esto ocurre particularmente cuando no hay ningún problema de seguridad en juego. La decisión Amona, motivada por cálculos internos de la coalición israelí, fue aprobada tan sólo como resultado de la percepción de que ahora podríamos salirnos con la nuestra en el contexto de una administración estadounidense en período de transición. El horror de Siria no protege a todas las demás decisiones políticas a lo largo y ancho del mundo, ya sea tomadas por Israel o por cualquier otro, de la condena. Mientras que el primer ministro Netanyahu hizo explícito su compromiso con una solución de dos estados en “60 Minutes”, algunas de sus declaraciones y las de sus ministros, destinadas al consumo interno, no siempre han sido tan inequívocas.

A medida que compilamos nuestras listas, sin embargo, perdemos el foco y las significativas preocupaciones que tenemos entre manos. El problema no es la administración Obama, sino quién y qué es lo que Israel quiere ser y dónde quiere estar. En el mundo occidental, la cuestión no es el derecho judío a Jerusalem, y por cierto no lo es nuestro derecho y reclamo al Muro Occidental. El sostenimiento de los bloques de asentamientos tampoco está realmente en disputa.

La Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es destructiva, y para el caso también lo es la política de facto de Israel en materia de los asentamientos, sobre todo porque fusiona todos los asentamientos en una sola clasificación aparentemente coherente y silencia así el debate dentro de la sociedad israelí acerca de quiénes y qué queremos ser y dónde queremos estar en Judea y Samaria. Cuando Jerusalem y Amona son considerados lo mismo, cuando la expansión en el barrio jerosolimitano de Jerusalem no se puede diferenciar de la expansión de un asentamiento sobre la cima de una colina, no se socava nuestra pretensión sobre Jerusalem sino que lo que está ocurriendo es que se legitima a Amona y a otros bloques que no son asentamientos.

Hay dos cuestiones esenciales con respecto a esto: la primera relativa a Amona y la segunda a la actividad de los asentamientos fuera de Jerusalem y los bloques de asentamientos. Amona no es la prueba decisiva para demostrar la legitimidad de la reivindicación de Israel sobre Judea y Samaria ni para la viabilidad de un proceso de paz. Como lo postuló Benny Begin, lo que está en discusión es si Israel cree que sus derechos sobre Judea y Samaria le dan el derecho de ignorar los derechos de los palestinos a su propiedad privada y, por lo tanto, a sus derechos humanos básicos. Es notable, y profundamente preocupante, que el temor a la respuesta de los habitantes de los asentamientos a la evacuación no consensuada de las 40 familias de Amona ha dominado el discurso público, a tal punto que no se ha desarrollado un debate sobre las implicancias legales y morales de la reestructuración del estatus de los aproximadamente 3.000 hogares judíos construidos sobre tierra palestina de propiedad privada.

Incluso el tema Amona, sin embargo, queda eclipsado ante la cuestión más amplia de dónde queremos estar y lo que esto implica para el quién y qué somos. Durante muchos años, la posición de un solo estado fue la única política del campo antisionista, que la presentó como un antídoto a un estado judío que, a su juicio y por definición, se clasificaba como no democrático. A lo largo de los últimos años, sin embargo, la opción de un solo estado se ha incrustado en el corazón del campo sionista proisraelí, y posiblemente incluso en la mayoría de la actual coalición de gobierno. Para algunos es motivada por el peso religioso de nuestra reivindicación de toda la Tierra de Israel. Y para otros, por la percepción de la falta de viabilidad de una solución de dos estados que proporcione a Israel la seguridad que justamente merece.

La comunidad proisraelí de todo el mundo ya no está unificada bajo la aspiración de Israel y Palestina viviendo lado a lado en paz y seguridad. La mayoría de los partidarios de dos estados, como yo mismo, han abandonado hace mucho la opción de una retirada unilateral como viable y han añadido a nuestros esfuerzos de paz la salvedad de que sólo pueden llevarse a cabo en un contexto que ofrezca garantías de seguridad significativas. Sin embargo, los partidarios de un solo estado todavía tienen que dar una respuesta seria sobre en quién y en qué se convertirá Israel si seguimos manteniendo nuestro control sobre la totalidad de Judea y Samaria, más allá de legitimarla con las pruebas del terrorismo palestino y su deslegitimación de Israel y la profunda inestabilidad en el mundo árabe.

No se debería permitir a ninguna de las partes del debate que reclame el monopolio sobre un compromiso con la paz, los derechos humanos, la seguridad de Israel o la Tierra de Israel. Sin embargo, deben ganarse el derecho a reclamar un compromiso con cualquiera de lo anterior. Los partidarios de un solo estado deben proporcionar sus respuestas a lo siguiente: ¿Cuál será el estatus político de los palestinos en Judea y Samaria? ¿Cuál es el compromiso con los derechos humanos básicos que Israel asumirá allí? ¿Qué impacto tendrá una solución de un solo estado sobre los palestinos árabes israelíes y sobre Israel como un estado judío y democrático? Como ahora estamos implementando políticas unilaterales que determinarán en dónde estarán en última instancia las fronteras de Israel, necesitamos un debate serio acerca de las consecuencias. La cuestión no es si la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tendrá un impacto político de amplio alcance en Israel. Pero nuestra posición sobre los asentamientos si lo tendrá. Que comience el debate.

Traducción: Daniel Rosenthal