Ierushalaim
Cincuenta años más tarde había de enterarme que “Jerusalém de Oro” tenía su contracara: al oro, el cobre, y la luz en la poesía de Noemí Shemer se contrapuso el hierro, el plomo, y la oscuridad en la poesía de Meir Ariel. Por ese entonces yo era un niño de diez años embebido de un