Víspera(s)

Vísperas de Sucot. Estoy en vísperas de un nuevo viaje a Israel. Personal: yo, conmigo.

Sucot e Israel tienen una sutil conjunción de lo nacional y lo personal.

El país se llena de ‘sucot’ (‘cabañas’) y el individuo debe sentirse, desde su fragilidad, parte de su entorno exterior e inmediato. El clima se va tornando más benigno; deja de ser hostil, es envolvente.

Sucot no ocupa un lugar central en mi calendario hebreo; sin embargo, admito que, si algo nos une con La Tierra desde la Torá, eso es la festividad de Sucot. Vivir ‘outdoors’ y ver las mismas estrellas que vio nuestro patriarca Abraham cuando Dios pactó con él. Nada más, nada menos.

Mientras tanto han quedado atrás esos días ‘terribles’ (que fea traducción), los primeros diez días del año que culminan en Iom Kipur. Son lo opuesto a Sucot: nos guardamos en las sinagogas, el tiempo queda suspendido y nosotros en suspenso ante el veredicto divino.

Hasta que rompemos el ayuno y comenzamos un nuevo ciclo.

Colocamos el primer palo de la ‘sucá’: volvemos a lo básico. La existencia, el huésped, el vínculo.

Cuando llegue a Israel la encontraré llena de ‘sucot’: en patios, jardines, terrazas. Al final de la semana podré elegir dónde quiero bailar con la Torá. Es el ‘espacio público judío’ que me fascina.

Cuando llegue a Israel me espera la razón de mi visita: no voy a celebrar Sucot ni a votar el 27 de octubre; voy a robarle más de tiempo al tiempo. Iom Kipur pasó y aquí estamos; aun así, no puedo darme el lujo de esperar al próximo. Voy a Israel en busca del abrazo más profundo.

Cuando terminen las festividades Israel pondrá proa hacia las elecciones. Tal vez no hacia el futuro, pero elecciones al fin. Hay quienes temen tres ciclos electorales en 5787. Lo que el ‘luaj’ (calendario) une, el judío desune; es un ‘tira y afloje’ casi milenario, una tensión permanente entre lo ‘meujad’ (unido) y lo ‘meiujad’ (específico), conceptos que robo a mi comunidad, la NCI.

Durante esos días previos a ese otro ‘juicio’ (civil, político, democrático) al que nos exponemos todos los judíos del mundo, votemos o no, yo andaré y desandaré mi camino personal por calles que llevan nombres tales como ‘la poetisa Rajel’ o ‘general Uzi Narkis’: LA mitología judía israelí.

Volveré a casa en Uruguay, de aquel ‘hogar que no habito’, expectante, tal vez hasta desesperanzado. O no: quién sabe, tal vez el 27 de octubre termine con una sorpresa en las urnas. No todo es probable, pero casi todo es posible.

Cómo sea, yo habré hecho lo que está a mi alcance. El destino nos alcanzará algún día, pero mientras tanto robé momentos.

Sucot con sus costumbres disruptivas nos dice algo parecido: los ciclos se suceden, el tiempo se repite, pero el judaísmo le da al individuo las herramientas para atesorar momentos.

Aun después que todo termina, en el Kadish, celebramos la vida. También para eso hay que prepararse.