Whose War
En estos días me he visto confrontado por un dilema inesperado: ‘Whose war is this one?’ Lo que en español sería ‘¿De quién es esta guerra?’ aunque la traducción pierde el sentido original. El sentido original connota posesión, apropiación, y en definitiva asunción de responsabilidad.
Hay un hecho inequívoco: los EEUU e Israel la iniciaron atacando Irán. Hay un hecho más discutible: ¿La guerra empezó el sábado 28 de febrero, o ésta es una batalla más de aquella que comenzó el 7 de octubre de 2023 o, para otros, desde que el régimen de los ayatolas asumió en 1979?
En el contexto de quienes siguen y acceden a TuMeser e incluso ahora a mis modestos intentos con las redes sociales y otros recursos como el podcast, la pregunta es irrelevante. La guerra en Irán hoy, en Gaza todavía, y en Líbano permanentemente, es la guerra de Israel y por lo tanto es ‘nuestra’ guerra como judíos sionistas.
(Aclaración: ‘nuestra’ connota adhesión a la causa, apoyo, y sobre todo defensa de la causa. Hay judíos que eligen no hacerse cargo: no es su guerra. En cualquier caso, la guerra de verdad la pelean los israelíes: en el frente y en los refugios. Nosotros la vemos por una pantalla. Creo que debemos ser ‘prudentes en el juicio’ (*) y cautelosos a la hora de opinar).
Salvado este asunto, volvamos al tema: ¿Por qué es relevante la pregunta? Porque ha surgido, en la opinión pública judía sionista liberal de los EEUU en especial y en la opinión pública estadounidense en general y en Europa y el resto del mundo, la idea de que ésta es una guerra que los EEUU no debería pelear, que es un ‘capricho’ (uno más) de Trump, e incluso, llevando el asunto a extremos que tocan el antisemitismo tradicional, que Israel ‘arrastró’ a los EEUU.
A tal punto, que los dos podcast (**) más recientes de nuestros referentes en el Shalom Hartman Institute de Jerusalém han tenido que lidiar con el vínculo de los judíos sionistas liberales de los EEUU con Israel porque este vínculo, que ha soportado durante décadas el asedio sobre el tema de ‘La Ocupación’ y el destino de los palestinos en los territorios en disputa, parece haber llegado a un punto de tensión difícil de sostener. Está claro que la causa se llama Donald J. Trump.
Tan es así, que se llega al extremo de comparar la ‘amenaza existencial’ que supone Irán para Israel con la ‘amenaza existencial’ que supone Trump para los EEUU. Algo que en estas orillas parece absurdo. La vida judía en Uruguay no está fácil en estos tiempos como no la ha estado en otros momentos de la historia; pero ningún judío sionista uruguayo osaría comparar la amenaza iraní sobre Israel con las consecuencias de un cierto gobierno o algunos gobernantes.
Lo cual nos lleva a la diferencia entre ellos (los judíos estadounidenses) y nosotros: El Sionismo. En esta banda oriental del Río Uruguay, el judaísmo, con las excepciones que siempre confirman la norma, está construido sobre el Sionismo. Habrá historiadores que puedan explicarlo, pero es así. No por nada hace sesenta años éramos cuarenta mil judíos comunitarios y hoy probablemente no seamos diez mil; si tanto. De los que vivimos aquí, muchos hemos ‘pasado’ por Israel en algún momento de nuestras vidas.
Israel no es, como escuché decir a un renombrado intelectual judío de NYC, ‘un proyecto interesante de observar’; para nosotros, es una alternativa siempre vigente. Últimamente, y eso sucede con mayor intensidad a los judíos de los EEUU a los que hago referencia, muchos de nosotros estamos más incómodos con lo que Israel representa hoy producto de su coyuntura político-electoral. Incómodos y preocupados. Pero como dijo otra intelectual de NYC, mantenemos intacta la noción de familia y lealtad: uno discrepa con padres y abuelos (es casi un axioma) pero no renuncia a ellos. El amor es más fuerte.
En consecuencia, y aunque la pregunta que disparó este editorial no sea central o relevante a nuestra experiencia local ni tengamos dudas acerca de las razones y los fines de esta guerra, creí oportuno poner el tema sobre la mesa. Aunque más no sea para afirmar nuestro compromiso (en este caso) incondicional con Israel y reconocer, aunque nos implica cierta resistencia, los aciertos de líderes que nos gustan bien poco (Netanyahu y Trump). Una guerra puede ser usada políticamente, como lo ha hecho Netanyahu desde #Oct7 y como lo hizo Trump obligando a la liberación de los rehenes en Gaza; pero su uso retorcido no le quita mérito a su causa justa.
También es bueno saber que, con todo lo que ‘importamos’ de la vida judía estadounidense (después de todo ha sido hasta no hace tanto la mayor comunidad judía del mundo, una suerte de Babilonia moderna), hay algo que ellos podrían tomar de nosotros: nuestra noción de patria. Eso es Sionismo: dónde sea que vivas, saber que hay una patria que no habitas pero te pertenece. La falta de esa noción es la razón de la pregunta inicial: whose war?
Es más fácil sentirse parte de la Start-Up Nation, de los Premios Nobel, de los avances científicos, del fenómeno Harari, o de Eurovisión que de una guerra. Es especialmente más difícil hacerse cargo de una guerra como la de Gaza después de cierto punto de inflexión que de la operación de los ‘walkie-talkies’ o el asesinato selectivo de los líderes del enemigo. Lo que no nos cabe duda en esta comarca es que cualquier guerra de Israel es nuestra guerra. Los judíos sionistas liberales de los EEUU simplemente no entienden el Sionismo.
(*) Pirkei Avot 1:1
(**) https://open.spotify.com/episode/2BALdAwRYeoxUH0xDTJ98E?si=30ba5bc5b0844d99
https://open.spotify.com/episode/7j8WhCABq89LeGiuE8888h?si=94ecf57795a34ff9