‘All the world’s a stage’
De las épocas en que me apasionaba el teatro recuerdo aquel título de Pirandello, ‘Seis personajes en busca de un autor’. Por algún motivo lo asocio con las elecciones en Israel.
‘El autor’ hoy es Netanyahu: después de casi dos décadas al frente del Gobierno del país, ha sido él quien ha escrito su destino. Bueno, malo, posible, irremediable… cada uno juzgará.
Los ‘personajes’ que buscan un ‘autor’ (preferentemente uno que no sea Netanyahu) son Eisenkot, Bennet, Golan, Liberman, Hendel, y Lapid. También están Gantz y Winter pero muy probablemente tengan que hacer ‘mutis por el foro’. Los seis mencionados, en función del resultado electoral, tendrán que 1, resignarse y unirse a Netanyahu, 2, seguir esperando por un ‘autor’ alternativo (con otro libreto), o 3, en el mejor de los casos elegir un ‘autor’ entre ellos.
A mi no me gusta la obra que Netanyahu ha puesto en escena. Nunca me gustó aunque reconozco su éxito de taquilla. Tampoco me gustó ‘Cats’ pero no puedo discutir su éxito. Con el correr de los años la versión de Israel de Netanyahu se ha vuelto más oscurantista. Sin embargo, pase lo que pase (#Oct7 incluido), hay un público incondicional que ama su dramaturgia.
Tal como vienen indicando las encuestas, la alternativa es Eisenkot. El problema de Eisenkot es que nunca ha sido ‘autor’; ha sido protagonista. Lo mismo Golan. El primero más que duplica al segundo en las encuestas de escaños en la Kneset, pero ninguno tiene otros galardones que los militares. Dicho sin ambages: ¿sabrían proponer un libreto verosímil para el futuro?
Lapid sería el dramaturgo por excelencia pero claramente ha perdido el respaldo que alguna vez, efímeramente, tuvo. No le falta lenguaje ni puesta en escena, pero le falta sustancia y representa muy poco en Israel hoy. Él lo sabe, por eso se unió a Bennet.
Liberman puede aportar guiños a ciertos grupos, pero es evidente que ya no le habla ni a sus propios votantes originales: sus números no crecen, a duras penas se mantienen.
Bennet tiene relato, tiene lenguaje, y sabría mover a sus personajes. Lapid le sumaría el ‘show’ como canciller. Bennet no logra superar a Eisenkot. La experiencia puede ser una ventaja o un punto débil; Bennet falla en su verosimilitud: fue PM con siete mandatos y con un partido árabe.
Que ‘la empresa perdona un momento de locura’, en Israel, parece aplicar sólo a Netanyahu. De lo contrario no se explica que su gobierno haya sido el único de la historia de Israel que ha completado su mandato de cuatro años y que nada se ha movido después del trauma de #Oct7.
Esta semana escuché parcialmente entrevistas a Netanyahu (canal 14) y a Eisenkot (canal 13).
La demagogia de Netanyahu es vieja conocida: oportunista, falso, manipulador, grandilocuente, cínico, e inescrupuloso. Aparentemente, para la mitad de Israel, más vale viejo conocido; o, será que los suyos son relatos en que muchos quieren creer. No hay lugar para el escepticismo entre sus votantes; menos para conceptos como ‘lo verosímil’: todo es posible.
Si hay demagogia en Eisenkot es muy a pesar suyo; trasmite un humanismo profundo, ajeno al trajín político. Su pasado militar le permite promesas electorales de seguridad que son, viniendo de él, creíbles; pero si algo aprendimos en estos tres años es que todos subestimaron al enemigo. Por otro lado, su tragedia personal es un recurso retórico involuntario: su hijo sí cayó en combate. No es dramaturgia, es la vida real. Nada puede ser más verosímil.
Tal vez por esto las encuestas no sólo midan parejo a ambos bloques, sino que en realidad muestran una falta de libreto inquietante, por no decir temible. Los únicos capaces de poner en escena drama, acción, y ambiciones personales son las minorías mesiánicas, las minorías místicas, y las minorías fanáticas. No sólo que sumadas ya no son minoría, sino que amplificadas sus puestas en escena son lo único que vemos.
Las minorías multitudinarias que supieron llenar las plazas y carreteras con banderas de Israel reclamando por la democracia y los rehenes se han diluido en esos seis personajes en busca de su autor. Ya no hay autor, sólo hay personajes. Lamentablemente, tal como lo visualizo hoy, y parafraseando a mi admirado Amos Oz Z’L, el autor alternativo todavía no camina entre nosotros.
Hay autores en los márgenes que proponen libretos, pero no son candidatos a asumir el rol de autor nacional. Tal vez, como en las sitcoms americanas, puedan ser parte de un equipo. Sin embargo, sin un autor de la talla de los clásicos (sea Shakespeare o Seinfeld, Bialik o Noemi Shemer), en Israel, está claro, mucha, mucha gente esta harta de este drama cotidiano desesperanzado y casi fatalista.
Todo el mundo es un escenario. Siempre habrá personajes; pero sin autor no habrá propuesta. Sin teatro, caminaremos a ciegas. Ojalá me equivoque. De corazón.