‘Minián’, o el espacio público
1.- El ‘minián’ de la calle Kalisher
Kfar Saba es una ciudad de poco más de cien mil habitantes. Todavía mantiene los rasgos que le dan su nombre: tiene algo aldeano y detenido en el tiempo. Es una ciudad de proporciones amigables, un enclave judío entre ciudades árabes a su alrededor. Sobre todo, es una ciudad plural.
Cuando de tarde camino a ver a mi madre, en la hora del crepúsculo, en una calle de una cuadra que no conduce a ningún lado me encuentro con un grupo de hombres que rezan en las veredas y en la poco transitada calzada, mirando al Este. Algunos se recuestan en un auto, otros claramente están en la puerta de sus casas, y otros simplemente se balancean como buenos judíos…
Hace un año había visto este fenómeno. Este año no resistí la tentación y pregunté. Resulta ser un ‘minián’ (diez hombres judíos) que se reúnen allí desde el tiempo de la pandemia (que acá llaman el tiempo del ‘corona’) y han mantenido la tradición. Lo hacen sólo los días de semana (no viernes, no Shabat, no festividades) y sólo para los rezos de la tarde y noche, Minjá y Arvit.
Vale aclarar que en menos de cien metros a la redonda hay no menos de cinco sinagogas. Estos judíos prefieren la comunidad del barrio. Seguramente cada uno de ellos pertenece a alguna de esas sinagogas, pero ese es su ‘minián’ de la semana. También vale aclarar que son bastante más que diez…
Como dice la vieja propaganda sionista, ‘sólo en Israel’. El espacio público judío.
2.- El ‘minián’ del balcón.
Me ha tocado acompañar a seres muy queridos en una ‘shivá’ (días de duelo) esta semana. En Israel la ‘shivá’ es algo serio, con sus variantes. Se hace en casa del difunto, en horarios extendidos, se trae comida, y es la forma en que la gente saluda a los dolientes. Es bastante más complejo y demandante que los ‘rezos’ en las sinagogas que acostumbramos en Uruguay, por ejemplo.
Hay ‘shivot’ donde no hay ritual religioso. Como todo lo judío, hay para todos. En este caso, en el primer día del duelo, querían recitar el ‘kadish’ por el difunto, pero no pasábamos de siete hombres (sobraban mujeres, pero acá en Israel, no importa cuán laico seas, no importa que ellas sean pilotos en la Fuerza Aérea, a estos efectos no cuentan). De modo que cuando era inminente, WhatsApp mediante, se convocó a los vecinos.
En minutos hubo ‘minián’. Tres hombres notoriamente religiosos (no ultra-ortodoxos) tomaron la posta. Trajeron libros de rezo, organizaron a los hombres en el balcón, las mujeres dentro, y recitaron Arvit a toda velocidad, con acento ‘mizrají’ y sin omisiones. Quince minutos más tarde, los dolientes dijeron su ‘kadish’. Veinte minutos más tarde todo había terminado pero los voluntarios ya estaban organizando para el día siguiente.
Dicen que la mitad de Israel son judíos laicos. Hay una resistencia militante hacia el monopolio de la religión por parte del Rabinato de Israel y grupos religiosos de todo tipo. El israelí laico es judío porque vive aquí y su lengua y cultura son el hebreo. Sin embargo, cuando quieren ‘actuar’ judío, se entregan a la otra mitad de Israel: los religiosos, en toda su variedad.
Como dice la vieja propaganda sionista: el crisol de diásporas. El espacio público judío.