Octubre 7. Tres años.
Siempre encontré un eco de ‘Cien Años de Soledad’ en ‘Historia de Amor y Oscuridad’.
Esta última no puede ser más judía; la primera es lo opuesto. Sin embargo, soledad, tiempo, amores en conflicto, y épica son comunes a ambas obras. Sus frases finales, sin embargo, lo dicen todo.
García Márquez cierra su novela así: “las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”. Amos Oz cierra así la suya: “el pájaro Elisa la llamó… de nuevo… y pese a todo lo intento una y otra vez y aún sigue intentándolo a veces”.
García Márquez cierra con una condena apocalíptica; Oz cierra con una frágil y sutil esperanza.
Hemos llegado al tercer ‘7 de octubre’ (desde 2023). Israel entra en el octavo decenio; Israel enfrenta elecciones cruciales. Prefiero la ‘opción Oz’ a la ‘opción Macondo’. Hay quienes dijeron ‘volveremos a bailar’; yo prefiero ‘seguiremos cantando’, que es seguir contando. Somos judíos.
Sin embargo, en una fecha como esta, y a veinte días de una elección como esta, acaso valga la pena tomar prestada, como un ejercicio del alma, la frase de García Márquez: descarto lo de la ‘condena’, pero rescato lo de la ‘segunda oportunidad’. ¿La tendremos? ¿La merecemos?
¿Prevalecerá el mesianismo fanático y supersticioso o un mesianismo sutil y posible?
La tesis del ‘octavo decenio’ dice que cumplidos ochenta años la soberanía judía se autodestruye, citando los reinos de David y Salomón y la dinastía macabea novecientos años más tarde. Lo cual equivaldría a la ‘condena’ y el final sin una segunda oportunidad.
Oportunidades no han faltado; sólo se precisa líderes que sepan reconocerlas y hacerse cargo, y un pueblo que sepa reconocer al líder adecuado para su tiempo. Eso son las elecciones. Eso fue aquella ONU de 1947 que abrió la puerta, un ratito, al Estado judío. Eso fue la sagacidad de los ‘sabios’ de Yavne al principio de la era común. Eso puede pasar ahora, en octubre de 2027.
La ‘estirpe’ judía no está condenada, y siempre ha tenido oportunidades. Acaso, sí, la suya sea una historia de soledad. Como el ave de Oz, un canto solitario y tenaz; pero canto al fin.
El reciente ‘episodio’ del vuelo de FlyDubai y sus posibles consecuencias (estrellarse en el aeropuerto Ben-Gurión) dan la pauta no sólo de la amenaza en que vivimos sino de la vulnerabilidad que padecemos. Más seguridad, menos vulnerabilidad, pero más aislamiento: círculo vicioso.
Como Iom Kipur 1973, Oct7 2023 demostró nuestra esa vulnerabilidad. Revertir, detener, y neutralizar esas amenazas costó vidas, posicionamiento, y antisemitismo. Nuestra fuerza y capacidad de defensa no son gratis; nuestros valores ancestrales no lo hacen más sencillo.
Pelear guerras justas con justicia es un desafío al que sólo nosotros, Israel y los judíos, nos exponemos.
Amos Oz se inscribe en lo que él llamó la ‘tragedia chejoviana’ en comparación con la de Shakespeare: en esta última los conflictos terminan con todos muertos; en Chejov todos viven pero nada cambia demasiado. No somos Shakespeare, tampoco del todo Chejov. Preferiríamos resolver los conflictos sin muertos y sobre todo avanzar la historia a tiempos mejores.
Los caídos desde el 7 de octubre de 2023 y estos tres años que siguieron están presentes en todo Israel: desde calcomanías en espacios públicos al hijo del principal candidato a Primer Ministro. FlyDubai, cuyo fin era otro golpe de muerte al Estado judío, nos recordó no sólo la fragilidad, sino el heroísmo.
Sin embargo, por cada acto heroico, hay miles de actos de control y prevención. Existir, para Israel y el pueblo judío, nunca fue gratis; hoy mucho menos. El precio, para muchos de nosotros, choca con nuestros valores; pero asegura que ya nunca más, como ‘estirpe’, estemos ‘condenados’.
Ari Shavit construye su libro ‘Mi Tierra Prometida’ sobre el recurso de la paradoja: triunfo y tragedia, vitalidad y muerte, refugio y expulsión. A tres años de Oct7 la paradoja israelí sigue vigente. Sin embargo, no visualizo el apocalipsis de Macondo; más bien, escucho, de a ratos, insistente y tenaz, al ave de Oz.
Ojalá insista en cantar como cantó para él aquel día, el de su mayor pérdida, el que marcó su existencia para siempre. Porque él siguió contando sus historias de amor; trajo luz a la oscuridad.
Los judíos sabemos traer la luz. Como en Janucá, llama a llama, día a día. Sólo faltan dos meses…