Sucot, y después.
Hoy no es un viernes cualquiera en Israel. Es víspera de Shabat y además de Simjat Torá. Cuando escribo esto está finalizando ‘jol hamoed Sucot’, días festivos pero laborables.
En aras de comparar, y con la relatividad de toda comparación, casi como enero en Montevideo.
Uno adquiere sus rutina sea dónde sea que pase más de cuarenta y ocho horas. Como Sheldon en ‘The Big Bang Theory’, uno elige ‘su lugar’: un almacén, una cafetería, una plaza. ‘My spot’. Más aún si uno tiene el privilegio de llegar a Israel bastante frecuentemente. Sin embargo…
Hoy salí un poco tarde a mis vueltas pre-sabáticas.
Mi habitual kiosko-papelería estaba cerrado por la semana. No puede encontrar ninguna edición impresa de diario en inglés. Una de mis rutinas preferidas, frustrada.
El habitual florista en una galería de la calle Weizman de Kfar-Saba, no estaba. Me conformé con flores de dudosa duración en un kiosko de cigarrillos, loterías, y anexos varios. Veremos.
Nuestro habitual proveedor de judaica en la calle Weizman sacó una mesa a la vereda para vender ‘sifrei-Torá’ de peluche para niños y algunas otras réplicas más sofisticadas. Como si fuera 5 de enero en nuestra avenida 8 de octubre. Habitualmente, escalamos una escalera a un local tan provisto como variado y desordenado; precios de mayorista, probablemente. Hoy, no.
Ha sido una semana sui-generis. No hubo el habitual frenesí israelí, aun en una localidad todavía ‘pueblerina’ como Kfar-Saba (hace honor a su nombre). Había muchos lugares para estacionar. Muchos negocios cerrados. Además, hay escasez de queso cottage, todo un síntoma.
Ayer de tarde, jueves, el movimiento comenzó a intensificarse. Fui al aeropuerto a buscar a alguien: gente y más gente, valijas y más valijas, niños y más niños, autos y más autos peleando por un lugar para recoger ese aluvión. Fueron treinta minutos intensos y muy israelíes.
El sábado de noche terminan las festividades de Tishrei. Hasta Purim y Pesaj, el invierno. El calendario hebreo está lleno de sabiduría (el comentario puede parecer/ser irónico, pero en realidad no lo es).
Sobre todo, el martes próximo, 6 de octubre, faltarán veinte días para las elecciones. Por si hiciera falta, que no, las encuestas demuestran lo cruciales que son. También muestran que son de alto riesgo, y probablemente muy frustrantes.
Del ‘modo festividad judía/nacional’ pasaremos al ‘modo evento israelí/nacional’. De fiesta, poco. De identidad, destino, prioridades, y futuro, todo. Esta semana el episodio ‘FlyDubai’ nos recordó la vulnerabilidad.
En su última conferencia en 2018 Amos Oz Z’L dijo: ‘la cuenta no está cerrada’. Algo así como ‘todavía hay oportunidades, ilusiones…’ Él se refería al ‘proceso de paz’, un concepto muy devaluado ocho años después. Creo que la frase aplica al tipo de estado que será el Estado de Israel en el futuro: nada está cerrado todavía, y la incertidumbre no es un buen estado del alma.
Así como lo de ‘FlyDubai’ no fue un ‘milagro’ sino la acción un colectivo y algunos líderes, no podemos esperar milagros el 27 de octubre. Ojalá, pero me gana el escepticismo. Todo dependerá de la voluntad de un colectivo y la sagacidad de unos u otros líderes.
Y habrá que vivir con las consecuencias. Pero ese es otro tema.
Shavua Tov!