Shoftim

Como la vida, también un texto está lleno de tensiones y contradicciones. Oscilamos entre nuestras aspiraciones y lo cotidiano; entre la propuesta y la acción; entre el ideal y la realidad. Casi nunca las cosas son como quisiéramos que sean. Todos sabemos que día a día hacemos concesiones y nos adaptamos a la realidad que nos sale al encuentro; pero nunca dejamos de saber cuáles son nuestras aspiraciones e ideales.

 

En los últimos años muchos judíos, en Israel y en la diáspora, hemos aprendido a vivir con una realidad llamada Netanyahu. En mi caso personal, ni su estilo ni su ideología corresponden a ideales a los que aspiro, y me consta que al setenta por ciento de los votantes israelíes tampoco

 

 Sin embargo, allí está. Entre los ideales de izquierda y los de derecha, por oposición o coalición, él se ha convertido en el hombre bisagra que puede abrir las puertas de cierta viabilidad. No nos gustan sus decisiones, su estilo, su discurso, pero su poder es legítimo. Él es más real que cualquier ideal; lidia con ´con su entorno y va resolviendo a su leal saber y entender.


Por qué sigue construyendo en los territorios; por qué nombra embajadores “halcones” para puestos medulares en la diplomacia israelí; por qué ofende al presidente de los EEUU de turno; por qué se demora en detener a los terroristas judíos. Todos son interrogantes válidos y producto de la realidad: Netanyahu ha tomado decisiones tan controvertidas como esas y a muchos de nosotros nos deja perplejos. No porque no lo esperemos, sino porque no lo entendemos. No sabemos a qué conduce todo esto. Acaso él mismo no lo sepa; acaso sea la perseverancia en el statu-quo; acaso sea el uso del poder por el poder mismo.
Tal vez Netanyahu leyó de manera muy personal la porción de la Torá de esta semana: Deut. 16:20, “Sólo buscarás la justicia para que vivas y poseerás la tierra que el Eterno tu Dios te dio en heredad”; o como suele traducirse en actos institucionales, “justicia, justicia perseguirás…”. Tal vez entendió “poder” en lugar de “justicia” y en consecuencia es así que viviremos y poseeremos La Tierra: “poder, poder perseguirás…”.


Más allá de este absurdo, el texto bíblico original es ambiguo: puede leerse como que la palabra “justicia” se repite dos veces, o que en un caso es adjetivo y en otro sustantivo (“justa justicia perseguiras”), o incluso que es una apelación siendo “justicia” un ideal (“Justicia, justicia perseguirás”); esto último sería más Shakespeare que Biblia, pero es una posibilidad. De todos modos, el texto insiste en que la justicia debe ser buscada, literalmente perseguida, como se persigue un ideal. En la duplicación de la palabra yace la magnitud de su fuerza conceptual.


“Shoftim”, la porción de esta semana, lidia con los temas centrales de justicia: puertas adentro, y puertas afuera. Nos instruye a nombrar jueces y policías y pauta cómo manejarnos en diferentes situaciones, ya sea dentro del pueblo o respecto a otros pueblos. Podemos cuestionar algunas de las resoluciones propuestas por el texto, pero no podemos dejar de reconocer su afán en “perseguir” justicia.


Así como no podemos entender en su totalidad el texto bíblico, tampoco podemos entender del todo la realidad que nos toca vivir. Así como hay alguna razón para incluir ciertos versículos, suponemos que habrá razones para tomar ciertas decisiones. Más aún: así como no compartimos muchas de esas decisiones, aun cuando nos incomodan, aun cuando las criticamos, no dejamos de ser parte del colectivo en cuyo seno ellas surgen; de igual modo, aun cuando el texto bíblico muchas veces nos incomoda o violenta, no dejamos de reconocerlo como texto fundacional ni a nosotros mismos como parte de su heredad.


Una vez más, el texto nos permite encontrar un versículo con el que sí nos sentimos representados: en Deut. 19:14 dice: “No moverás haciendo retroceder los lindes de la tierra de tu prójimo que tiene derecho a ella desde antiguo en el territorio que el Eterno os dio por heredad.” Lo curioso es que esta frase está aislada en medio de un texto que puede leerse como alentando la destrucción y el desconocimiento del vecino. La cuestión está en qué versículo elegimos para construir realidades. Pero como el texto en toda su complejidad nos muestra, las realidades son siempre más complejas que una frase aislada.


Es un equilibrio sutil. Algunos prefieren quedarse en lo firme y no correr riesgos. Otros parecen desconocerlos. Lo “justo” es acaso lo más difícil de lograr.

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