Impresiones

"Hoy yo que tenía que cantar a coro
me escondo de día susurro esto solo"
Silvio Rodriguez, "Hoy mi deber era", 1982

¿Qué tiene que ver Silvio Rodriguez con "Vaetjanan", la porción de la Torá que leemos este Shabat?
Uno funciona en gran medida a fuerza de impresiones que luego se tornan asociaciones. Uno retiene frases, imágenes, melodías, sabores, aromas, atmósferas; con ellos construimos nuestro repertorio de significados y sentidos más básicos y primitivos, más espontáneos e irreflexivos.

En otro nivel, cuando uno empieza a vincular lo aislado para generar unidades es cuando construye significados más complejos y elaborados; pero éstos demandan la razón y la repetición. Sin embargo, como en este nivel de lenguaje debemos obedecer cierta lógica, el desafío es cómo conectar unos con otros los flashes que componen nuestra vida. No tanto cómo componer un rombecabeza, que supone un cierre, un fin, una solución, sino cómo armar múltiples collages con los pedazos de vida que vamos acumulando.

La canción de Silvio Rodríguez se ubica entre esos pedazos de arte que se pierden en mi subconsciente y vienen a la mente en diferentes ocasiones. Su melodía, el simple, simultáneo y complejo artificio de su letra siempre me fascinó. Como bien dice Silvio en otra de sus grandes canciones, "dónde pongo lo hallado", "qué hago ahora contigo"; cómo armamos el collage...

Cuando leí "Vaetjanan" una vieja imagen volvió a mi mente: Moshé parado frente al Iarden (Jordán) mirando la tierra. De mis seis años en la escuela esa imagen bíblica es una de las que retuve con más claridad. Han pasado cincuenta años: del mismo modo que a veces resuena en mis oídos la canción de Silvio, tantas otras veces vuelve la imagen de Moshé mirando la tierra. Envidié a mi amigo Sergio Gorzy haber podido tener esa perspectiva cuando cruzo desde Jordania a Israel en 2013: un evento deportivo (banal acaso) adquiría para mí una dimensión nacional, identitaria.

Moshé se apresta a resumir el trayecto, la fe, y las leyes que hemos leído en los cuatro libros anteriores del Pentateuco: es su legado, sus últimas palabras, el fin de una épica nacional a la vez que un proceso interior del pueblo y los individuos que lo componen. Moshé es una figura mítica si las hay en el judaísmo, equiparable a figuras de mítica clásica. Sin embargo, con toda su dimensión nacional, antes de cumplir su última misión ruega ser perdonado. Sabemos que no será.

Aceptar que ciertas cosas ya no serán, no sucederán, es señal de que hemos llegado a cierto momento de la vida. Podemos mirar atrás y resumir lo que ha sucedido; podemos intentar enseñar algo; podemos destacar las maravillas que hemos presenciado y las que nos rodean; incluso podemos predecir el futuro con cierta certeza. Moshé está en esa etapa de su vida. No pierde, sin embargo, su dimensión humana, su deseo ni su humildad.

Moshé parado frente al Jordán es también el símbolo de la búsqueda de un lugar en el mundo. En torno a ese mismo lugar siguen luchando no sólo pueblos entre sí, sino hermanos entre sí. Más allá de toda circunstancia política, hay una constante: el hombre que elije pararse al borde de la Media Luna Fértil elige confundir su vida con la de su nación, su pueblo.


"Vaetjanan" es magníficamente épica. La súplica de Moshé le pone el toque humano e íntimo. Nadie como nosotros los judíos sabemos de "cantar a coro", en "minián", en comunidad; también sabemos acerca del valor del individuo, de su unicidad reflejada en la unicidad de dios. Si Moshé llevó adelante una revolución en Egipto, si Silvio Rodriguez cantó a la revolución cubana, la asociación libre podrá no justificarse pero por lo menos sí entenderse.

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