Rabinos

"dedicado al rab Ariel Kleiner y  su familia"

Cada Shabat damos la bienvenida y despedimos a los ángeles de la paz exactamente un momento antes de santificar el tiempo, el vino, y el pan.

Cada tantos años una comunidad recibe un nuevo rabino a la vez que se despide del anterior.


Igual que los ángeles llegan y salen de nuestra vida cotidiana cada semana con el Shabat, los rabinos pasan por nuestras vidas, llegan y se van; y como los ángeles de la tradicional canción sabática nos ayudan a santificar nuestro tiempo y los actos que como judíos realizamos.

 Hay rabinos que permanecen buena parte de su vida en una comunidad; otros se quedan apenas dieciocho años; otros tres; otros ocho. A diferencia de los ángeles, sabemos cuándo llegan pero no podemos predecir cuándo se irán. Precisamente porque no son, ni ellos ni nosotros, ángeles.

La certidumbre semanal de Shabat, expresada en la perfecta y aseguradora simetría de la canción, no se cumple en el devenir de nuestra existencia. El Shabat pone una noción de permanencia que no aplica en nuestra vida personal; somos vulnerables ante el cambio. Un rabino que se va, un rabino que llega, están cumpliendo su tarea pero representan nuestra imperfección y finitud.

Los rabinos y nosotros somos uno. Somos comunidad. Lo que nos pasa a nosotros es su razón de ser; lo que les sucede a ellos y a sus familias es nuestro desvelo. Ya sean nuestro modelo a imitar o nuestro objeto de denostación, el rabino es nuestra referencia de lo judío. Por él pasan nuestras expectativas y frustraciones, nuestros miedos y dudas, nuestra alegría y nuestra tristeza.

En un mundo – el judío – construido sobre la palabra, es la suya la que escuchamos cada semana. En nuestro diálogo recíproco surge significación sobre significado, texto y responsa, épica y poesía, ley e inspiración. Él es como un director de orquesta: puede haber partitura, pueden estar los instrumentos; pero no habrá música sin intérpretes. Lo miramos y encontramos su mirada atenta; nos mira y nos sabe ciertos y expectantes. El resto es comentario.

A un rabino que se aleja, como a los ángeles, lo despedimos en el camino en paz; a un rabino que llega, como a los ángeles, lo recibimos en casa en paz. Camino y hogar, derrotero y destino, incertidumbre y propósito. Como cada semana Shabat es el desafío de detenernos y reunirnos a la luz de las velas, así un rabino que se va está saliendo en busca de su camino, mientras aquel que llega encuentra un nuevo hogar.

Vayan y vengan en paz, rabinos de la paz.

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