Back to Zion

En 1959 Chuck Berry escribió y cantó "Back to the U.S.A"; en 1968 Los Beatles lanzaron "Back to the USSR" en su legendario "Álbum Blanco". Tal vez alguien debería escribir "Back to Zion".

En 1967 Noemí Shemer escribió la inmortal "Ierushalaim shel Zahav"; al termina la Guerra de los Seis Días agregó la famosa estrofa acerca del "retorno", el regreso al mercado y las plazas y al camino al Mar Muerto vía Jericó. Al mismo tiempo, Meir Ariel, uno de los paracaidistas protagonistas de la liberación de Jerusalém, escribió "Ierushalaim shel Barzel", "Jerusalém de Hierro", una versión mucho más amarga y tal vez premonitora de la canción de Shemer.

Tal vez hoy debamos decir: back to Zion. Tal vez debamos más que nunca repetir “si te olvidaré Ierushalaim…” Tal vez debamos revisar las razones y los fundamentos que nos traen al lugar en que estamos hoy, judíos de la diáspora y judíos israelíes. De dónde venimos y hacia dónde vamos.

 Estamos en vísperas de contar una vez más la historia de la salida de Egipto; en la lectura semanal de la Torá estamos en medio del desierto tratando de aprehender La Ley; estamos a un mes de Iom Hazicaron y Iom Haatzmaut (recordación e independencia). “Back to basics” se dice en inglés: volvamos a lo básico. Contemos no sólo la salida de Egipto, allá en los albores de nuestra civilización, sino la salida de la Shoá en nuestra generación. Recordemos no sólo cómo sino para qué se fundó el Estado de Israel, “el comienzo de nuestra redención”.

Con el triunfo de Netanyahu y su inminente coalición “de derechas” (como decía José Sacristán en “Solos en la Madrugada”) parecería que ha cundido una desesperanza generalizada y tenebrosa. El cuestionamiento a Netanyahu y sus huestes crece desde el exterior, mientras que en Israel su apoyo crece elección a elección. Netanyahu gobernará mucho más cómodo en esta legislatura que en la que está finalizando; su movida probó ser efectiva a sus intereses. Probablemente hay Netanyahu para un buen rato.

¿Qué haremos el resto de los judíos, en Israel, en los EEUU, o en la modesta comunidad uruguaya, mientras tanto? Si no conseguimos cantar “Back to Zion” de alguna manera, si no entonamos más frecuentemente cualquiera de las versiones de “Ierushalaim”, la de oro o la de hierro, difícilmente estemos preparados para nuevas oportunidades cuando surjan. Para entonces estaremos muy lejos, o muy vaciados de contenido. Podemos recitar la Agadá de Pesaj cada año pero si no le damos significación nos iremos conformando con un buen guefilte-fish.

No podemos condicionar nuestro sionismo ni nuestro amor a Israel (tierra y Estado) a los votos de los israelíes, del mismo modo que no podemos dejar al Torá en manos de los ortodoxos. No podemos caer en la trampa antisemita de demonizar a Netanyahu, porque los antisemitas no reconocen la diferencia: a la larga somos todos lo mismo. Netanyahu es parte de nuestro colectivo lo mismo que Bennet o Lieberman. Si focalizamos nuestro compromiso con Israel en función de estos personajes corremos el riesgo de perder todo compromiso.

El teólogo alemán y cristiano Hans Kung explica como uno de los pilares del judaísmo es la promesa de La Tierra (Prometida). Hemos nacido en una era donde esta promesa se ha concretado, no sin dificultades. Ha dejado de ser un sueño milenario para convertirse, por momentos, en una pesadilla cotidiana. Sin embargo, allí estamos, eligiendo gobiernos y haciendo jurisprudencia, lidiando día a día con la labor de “volver”.

Cuando la realidad que vemos o en la que participamos no se parece a la que anhelamos, ¿acaso dejaremos de soñar los sueños? Diría Shimon Peres: “los sueños se sueñan por la noche, pero se concretan durante el día”. Vale agregar: no importa quién legítimamente gobierne, los ideales estarán allí para cuando surjan otros liderazgos. Por eso cultivamos ideas pero no hacemos culto a las personas.

Hay una canción popular israelí que dice: “los días pasan, otro año pasa, pero la melodía permanece”. Así como permanece “Back to the USSR” de Los Beatles y la “Ierushalaim” de Noemí Shemer (con su sombra de hierro de Meir Ariel), así debemos conservar nuestra razón de ser judíos. El año próximo en Jersualém ya no es un deseo casi imposible de cumplir; es un vuelo más o menos largo a una tierra abierta de par en par; lamentablemente sólo por el frente mediterráneo. Con todo el conflicto que rodea Israel, no dejamos de ir ni de mandar a nuestros hijos, año a año, por centenares. Un gobierno más “de derechas” no debería confundirnos acerca de nuestras prioridades y potencial.

Una cosa es la política. Una muy otra son las ideas y las ideologías. El Sionismo es esencial a nuestro ser judíos. No está condicionado a la política sionista ni a la política israelí. El sionismo es parte de nuestra “Torá” en su sentido más amplio y actual. Como el Sionismo, también la religión tiene su lado político, perverso por cierto; sin embargo, no dudamos en aferrarnos a nuestras tradiciones.

No dejemos que Israel quede cada vez más hundida en el fondo del Mediterráneo.

 

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