Nisman

La verdad es que me gustaría escribir otra cosa. La realidad obliga, y en esta semana especialmente: comenzó con la masacre de París y termina con la muerte (suicidio, asesinato) de Nisman en Buenos Aires. Con el tiempo como constante y el espacio como variable, la muerte y la impunidad van de la mano. En una dimensión virtual y atemporal los hechos se vinculan, se atraviesan, y arrojan sombra sobre su propia oscuridad. La semana pasado calló Charlie, esta semana calló Nisman.

Porque no es lo mismo manifestar "Je suis Charlie" que realmente serlo; no es lo mismo marchar por las avenidas porteñas que calzar los zapatos que Nisman eligió calzar. No es lo mismo defender el derecho a la caricatura ofensiva que dibujarla, del mismo modo que no es lo mismo reclamar La Verdad que contarla descarnadamente desde un programa periodístico.

La verdad estaba allí, al alcance de la mano. En ambos caso fue silenciada. La publicación "Charlie Hebdo" tiró siete millones de ejemplares; la prensa argentina y los programas de TV y radio se llenarán de voces y subirán sus ratings. Pero los caricaturistas franceses, así como Nisman, están muertos. Silenciados. Ellos ya no hablarán. Ellos, que estuvieron dispuestos a hacerlo.

Si lo de Nisman fue suicidio o no eventualmente se sabrá. Había algo de suicida en Nisman hablando en el programa "A dos voces" por TN la semana pasada. Había algo poseído y a la vez ingenuo. Tan es así que Nisman no terminó el domingo, no se reintegró a sus funciones el lunes. De manera similar, las víctimas de Charlie Hebdo vieron abortado su proyecto de la semana, sus verdades. No es que la verdad duela; hay verdades que matan, literal y metafóricamente. Por eso mucha gente elige mentir. ¿Acaso uno puede juzgarla?

Nisman y Charbonier sabían que jugaban con sus vidas. Acaso no querían creer que fuera de verdad posible. El mundo hoy sabe que sí lo es: meterse con verdades es una pretensión muy peligrosa. Es mucho más fácil la mentira y la tergiversación. La vaguedad. El manifiesto ideológico y político. La verdad cuesta, duele, y mata.
La diferencia, se me dirá, es que Charbonier y sus colegas fueron asesinados por ser demasiado provocativos; es condenable pero para muchos su estilo es gratuito, innecesario, por desproporcionada y condenable que sea la reacción de los extremistas. En el caso Nisman todavía no sabemos la circunstancia de su muerte. Sus "pruebas" ponían en peligro un sistema. No sabemos cómo calló.

Lo común es tanto unos como otros fueron silenciados, eliminados. Asesinados en un caso, tal vez inducido o amenazado en otro caso, son detalles. Lo medular es el silencio y la sombra, la oscuridad que avanza. Tanto en el invierno europeo como en el verano de estas latitudes del sur, después de esta semana hay mucha menos luz. Aunque brille el sol.

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