Sergio Gorzy

Está en la "calle judía" en Montevideo: esta semana asume Sergio Gorzy como presidente del Comité Central Israelita del Uruguay (CCIU), entidad "paraguas" que representa a la comunidad judía frente a la sociedad civil y política. Es producto de un acuerdo político entre las cuatro comunidades de origen que surgieron con la llegada de los judíos al Uruguay en diferentes etapas. Las autoridades se renuevan cada dos años, también fruto de un acuerdo político. En esta oportunidad le tocaba a la NCI de Montevideo proponer una presidencia y la propuesta fue Sergio Gorzy. Lo particular del caso es que el candidato es un "outsider" del sistema comunitario a la vez que una figura mediática, un "personaje" en sí mismo, en el campo del periodismo deportivo en especial y el periodismo de actualidad en general.

 Su optimismo respecto a las bondades del fútbol uruguayo tuvo su punto culminante durante el Mundial 2010 en Sudáfrica, convirtiéndolo prácticamente en sinónimo de selección uruguaya. Su frase "estamos a siete partidos de ser campeones del mundo" se convirtió en su marca, en publicidad, e increíblemente Uruguay jugó los siete partidos, ocupando el cuarto lugar en el Mundial pasado. Si existe una farándula uruguaya (opino que no), Gorzy es parte de la misma.

La pregunta entonces es: ¿por qué elegir una persona-personaje de estas características para este cargo tan lleno de formalidades, compromisos, y exposición? Una segunda pregunta sería: ¿por qué Gorzy lo acepta? Un hombre que discute de fútbol cada día en un programa radial con el público, a teléfono abierto, en vivo, ¿tiene que exponerse aún más? ¿Es esa la persona que puede representar a los judíos uruguayos? Las preguntas, y mejor dicho, los cuestionamientos, están en las tertulias domingueras de octogenarios en un café, en las reuniones de parejas jóvenes que salen a cenar, en todas las reuniones de directivas en las diferentes instituciones. Hay quienes han construido parte de su vida en función de este cargo, y de pronto viene este "personaje" a ocuparlo, sin credenciales aparentes, sin formación comunitaria, si se quiere a priori hasta superficial y chabacano, popular. Un personaje del fútbol se hará cargo del discurso oficial judío de una comunidad.

Las preguntas de orden personal ya las contestará el propio Sergio Gorzy. Las preguntas desde lo institucional pueden tener varias lecturas.

Lo primero que debe cumplirse para que alguien ocupe un cargo, cualquiera sea, es que quiera hacerlo. Sin ambigüedades ni falsa modestia. Como le contestara nuestro patriarca Abraham a dios en Génesis 22:1, "Heme aquí", "hineni". O como cuenta el midrash acerca de los Hijos de Israel, "naasébenishmá", primero haremos, luego escucharemos. En otras palabras, actitud incondicional. Como dijera el propio Gorzy cuando condujo el acto de apoyo durante la Segunda Guerra del Líbano contra Hizbolla en 2006, "yo soy el guardián de mi hermano", parafraseando Génesis 4:9. Un cargo de este tipo supone un honor mayor para cualquier judío comprometido e identificado, pero también supone estar en boca de todos y ser blanco de críticas y escrutinio permanente. Exige una vocación, aunque esta no se haya manifestado antes.

Por otra parte, el cargo supone la posibilidad de establecer contacto directo, formal e informal, tanto con la interna comunitaria como con la sociedad uruguaya en general. Hay quienes logran esto a través de años de activismo dedicado; otros lo hacen por medio de su trabajo profesional. Ambas formas son igualmente válidas siempre que el candidato sea creíble y coherente, y que su ocupación no afecte su gestión al frente del CCIU; vale decir, que no existan compromisos previos.

Sobre todo, el cargo supone una gran capacidad y vocación argumentativa. No se trata sólo de "saber" enciclopédicamente, sino de saber exponer, elegir, priorizar, evitar temas; no se trata sólo de citar fuentes históricas cuando sabemos que la opinión pública es mucho menos racional que cualquier debate, sino de manejar un tono, un ritmo, un lenguaje que desarticule los muchos argumentos con que nos vemos enfrentados como judíos y como sionistas. En otras palabras, el cargo exige "endurance". Si además la persona maneja cierto humor e ironía, si puede bajar los decibeles de alguna situación especialmente tensa, no es un atributo menor.


Cada Presidente del CCIU ha tenido su tónica, su perfil, su personalidad. Lo cierto y seguro es que con Sergio Gorzy se habrá introducido un nuevo molde. Al final de su gestión habrá que evaluar con la mayor objetividad posible su "legado". Mientras tanto estamos convencidos que traerá nuevos aires a una comunidad todavía muy presa de su pasado, muy arraigada a viejos y anacrónicos discursos, muy temerosa y tímida. Sabemos que Sergio Gorzy no hipotecará el trabajo de tantos años de relacionamiento con la sociedad uruguaya, pero esperamos que instale un nuevo discurso. Las realidades históricas obligan a ello.

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