No news good news

En uno de sus primeros LP mi cantante israelí preferida, Java Alberstein, canta una canción de Dan Almagor que podríamos traducir "En la boca del volcán". En ella se pregunta por qué la gente vive al pie de los volcanes, sujetos a la incertidumbre y el riesgo de sus erupciones repentinas y muchas veces imprevistas. La alusión, claramente, es a la situación en Israel, donde, traspolando el planteo, uno se pregunta por qué la gente elige vivir al borde del conflicto y la explosión (literalmente hablando) repentina. La canción no es una de mis preferidas pero nunca dejó de impresionarme y conmoverme, de modo que reconozco que cumplió su razón de existir.

 En los últimos días la pregunta "qué hay de nuevo" se ha reiterado en el seno de mi familia, en especial cuando nos referimos a la parte de la familia que está, vive, en Israel. "¿Leíste a Haaretz?" "Sí, pero no encuentro noticias..." Visto desde el exterior, desde la óptica de la CNN o la BBC, en Israel no pasa nada. Parafraseando al campeón olímpico de Basquet Ball Tal Brody, "no estamos en el mapa". Al no haber conflictos bélicos específicos ni ataques terroristas ni misiles disparados sobre territorio israelí que provoquen represalias, simplemente no somos noticia. En la prensa israelí, como Haaretz, leemos acerca de la vida fronteras adentro, la vida del ciudadano común y sus desvelos y problemas, sus logros, tristezas, y alegrías. Por ejemplo: la noticia más triste de los últimos meses fue el fallecimiento de Arik Einstein, que significó un duelo nacional. No eran soldados ni civiles, sino la muerte por causas naturales de un ícono de la cultura israelí.

Desde Uruguay tuvimos un visión normalizada de Medio Oriente con motivo del partido que la selección nacional jugó con Jordania en Amman. Por un momento la Media Luna fértil dejó de ser un campo de batalla para convertirse en un territorio con fronteras transitadas y una cierta normalidad del tipo occidental. Un espejismo.

Sea como sea, el volcán que es el Levante está en un estado de latencia. Sabemos que es un volcán activo, pero está "durmiente". Cabe la pregunta si, en términos de Wikipedia, alguna vez este volcán estuvo "extinto". Claramente, no. Aun así, a lo largo de la historia, la gente se siente atraída a este rincón medular, central, casi ombligo geográfico del mundo donde se juntan tres continentes y se puede cruzar a pie de uno a otro. Si se pudiera, claro.

La falta de noticias desde Israel son buenas noticias desde Israel. Lo cual no significa que está sea una nueva realidad. Los procesos son casi geológicos por su lentitud y el daño que causan cada vez que algo se mueve. Pero mientras el volcán no entra en erupción, los habitantes que pueblan sus faldas y sus valles pueden ocuparse de sus tareas, prosperar y multiplicarse. Hasta que la devastación eche a perder todo el esfuerzo.


Está claro que lo del volcán es una metáfora. No somos víctimas de la arbitrariedad de la madre tierra en sus humores y caprichos, sino víctimas de nuestros propios humores y caprichos, veleidades de poder, y sobre todo, odio hacia el prójimo. El volcán somos nosotros los hombres y nos devoramos a nosotros mismos. No es "una tierra (que...) devora a sus moradores" (Números 13:32), sino que sus moradores se devoran entre ellos. La pregunta de Dan Almagor en su metáfora del volcán está por cierto bien respondida con el correr de los años: más de seis millones de judíos viven "en la boca del volcán" junto con casi dos millones de no judíos. La cifra crece, se mire desde donde se mire. La cuestión será mantener el volcán apaciguado sin recurrir a las ofrendas humanas.

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