Hermanos, otra lectura

Una de las razones que explica la bendición a los hijos ("Quiera Di-s hacerte como Efraim y Menashé...") a través de los hijos de Iosef es que son los primeros hermanos en todo el Génesis que no se pelean entre sí. Sin embargo, el episodio no está exento de las confusiones y cruzamientos que se dan en este libro con relación a los hermanos, las bendiciones, y las herencias y los destinos. Leído con un criterio actual, el "reparto" que hace Jacob/Israel desde su lecho de muerte se lee como una acumulación de asuntos familiares mal resueltos, confirmando predilecciones y justificando la futura genealogía: el rol preponderante de Judá entre todas las tribus. El propio Iosef, con su personalidad pragmática y ejecutiva, trata de enmendar los cruzamientos que hace su padre con sus hijos, pero la obstinación de Iaacov prevalece. Después de todo, dios está moviendo los hilos de la historia.

 La porción de la Torá que cierra el libro de Génesis se llamá "Vaiejì "y vivió". Trata de la muerte de Iaacov y la muerte de Iosef y el destino vaticinado por el primero para sus hijos. A partir de este momento los protagonistas de la historia dejan de ser una familia para convertirse en pueblo. Otros serán los temas, otros los problemas, las causas de conflicto. La sucesión de liderazgos pasará por las aptitudes, actitudes, y destrezas de los personajes, no por bendiciones caprichosas. Si leemos los libros de Samuel y Reyes nos damos cuenta que las sucesiones exitosas son las que obedecen a la voluntad divina, mientras que las sucesiones "naturales" siempre generan conflicto, muerte, y cisma. No en vano el Tanaj es un libro de inspiración divina.

¿Merecemos ser bendecidos en estos tiempos como lo fueron Efraim y Menashé? Parecería que la bendición representa más un deseo que una realidad. Faltan más momentos como los de la reunión de Iosef y sus hermanos (Vaigash 45); para eso se precisan dos: unos que se acerquen, otros que den la bienvenida. De no ser así nos quedamos sólo con la primer parte de la historia: los celos, los conflictos, los engaños, la vana lucha por prevalecer.

"Vaiejí" es acerca de muertes y sin embargo titula vida. No es una paradoja: las muertes son las de los hombres (Iaacov y Iosef), la vida es la del pueblo. Pocas veces un cierre puede ser tan optimista cuando afirma "y vivió": no es un deseo, es un hecho. No hay necesidad de pirámides ni monumentos majestuosos para preservar la memoria y la vida, basta con la palabra. Tanto los patriarcas como Iosef y sus hermanos viven en nosotros. El problema es que nosotros actuamos como Iosef y sus hermanos: unos soñamos que se inclinan ante nosotros mientras otros nos sentimos despechados. La pregunta es: ¿en qué extremo de la historia queremos estar? ¿En la apertura conflictiva y pasional, tirando un hermano al pozo, o en el cierre conciliador y sabio, recibiéndonos como hermanos largamente desencontrados? Si vamos a dejar un hermano en un pozo, hagámonos cargo. También sepamos que ese hermano hará su propio camino, con sus propios recursos, y encontrará su lugar en el mundo.


Ningún hermano merece estar en un pozo y ningún grupo merece el desprecio que provoca un sentimiento de superioridad. Para dar el paso adelante como pueblo que daremos en Éxodo es necesario cerrar filas, dejar atrás las historias familiares de celos e intrigas para dar lugar a una realidad con mayor creatividad.

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