Segundas oportunidades

La prédica del Rabino Ariel Kleiner en la NCI de Montevideo el pasado kabalat shabat me tomó por sorpresa. Es interesante notar como el calendario, en este caso el hebreo, nos predispone a ciertos temas. Cómo estamos determinados y esperamos que ciertas cosas sucedan y otras sean dichas en ciertos momentos y no en otros. Con toda la rigidez y normatividad del calendario hebreo, el rab Ariel propuso una acción (aparentemente) fuera de tiempo calendario: perdonar y perdonarnos. Repasar las "hiljot teshuvá" del Rambam en la festividad de Janucá resultó, por decirlo en forma llana, anacrónico. Sin embargo, una vez que podemos esforzarnos y pensarlo una vez más, resulta tan pertinente.

 Que las festividades de Tishrei estén dedicadas a la introspección, retrospección, y el perdón, no descarta segundas oportunidades. Nunca había pensado que Janucá es precisamente acerca de segundas chances.

La festividad de Janucá, además de la conocida historia del milagro, celebra una vez más la festividad de Sucot y Shmini Atzeret; de ahí los ocho días y las luces. Por estar el templo ocupado y profanado por los helenos no se había celebrado Sucot. Janucá conmemora no sólo la reinauguración del Templo sino la posibilidad de cumplir con los preceptos y dar cierre a un pendiente. Existe en la tradición judía una halajá que establece que, cuando por algún motivo, no podemos cumplir un precepto debemos hacerlo apenas podemos; pero sólo el último incumplido; los demás prescriben.

Hoy en día Janucá es conmemorar la rebelión macabea, el milagro, y las luces. La dimensión que propuso el rab Ariel este pasado kabalat shabat me pareció especialmente enriquecedora: por un lado, las cuentas pendientes tienen un límite, caducan; por otro lado, siempre hay tiempo para pedir perdón y reparar. Si cuando estamos dando las últimas hakafot en Simjat Torá sentimos que algo ha quedado sin ser dicho o hecho, Janucá nos da una segunda oportunidad. Así como el milagro multiplicó el aceite, nuestra tradición multiplica las oportunidades.

Cuando llega Iom Kipur sentimos la urgencia de ser inscriptos y rubricados. Nos apresuramos en estar en la sinagoga en los momentos adecuados para compartir los biduim (confesiones), para cantar juntos "avinu malkenu" (haz con nosotros justicia y ten misericordia), y para cerrar con abrazos y buenos deseos un nuevo proceso de reparación. Por el contrario, Janucá llega sin urgencias, con juegos de trompos, sufganiot, latkes y otras frituras, y mucha, mucha luz. Nada es tan reparador como el reencuentro espontáneo alrededor de una llama; nada resulta tan edificante como iluminar el entorno.

Sobre todo, está bueno saber que siempre podemos intentarlo una vez más. Que frente a lo terminante de algunos cierres en nuestras vidas siempre encontraremos aceite milagroso para encender llamas que parecían imposibles.


Jag urim sameaj!

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