Lej-lejá

El gran desafío del judaísmo es hacerse relevante hoy. Cuando asistimos a un servicio religioso en una sinagoga, cualquiera sea, y en especial si no somos profundos creyentes ni observantes, buscamos escuchar "palabras de Torá" que nos ilustren pero que sobre todo nos enriquezcan. Santificamos el día de Shabat o una festividad escuchando una prédica con actitud; aun si es en un marco secular. Como dijo una vez un viejo compañero, la gente va a la sinagoga a escuchar al rabino. La gente se reúne (beit hakneset) a escuchar. El "desafío", palabra dilecta del rabino Ariel Kleiner, es encontrar la manera de hacer relevantes textos y tradiciones que a primera vista parecen anacrónicas y perimidas.

 Cuando, en los libros posteriores de la Torá, toca enfrentar textos sobre normas de pureza, medidas del tabernáculo, o reglas de los sacerdotes, la tarea de hacer actual un texto es especialmente difícil. Cuando toca, como esta semana, "Lej-lejá", todo parece mucho más sencillo. Sin embargo, ¿lo es?

 Como tantas veces solemos hacer, nos quedamos sólo con la frase de apertura del texto: "Vete de tu tierra, de tu familia y de la casa paterna a la tierra que te señalaré." (Génesis 12:1). Por cierto, en hebreo suena diferente, y la diferencia no es menor. El giro idiomático "lej-lejá" ha dado lugar a infinidad de interpretaciones; es muy particular al hebreo, casi imposible de traducir, y sugiere mucho más de lo que enuncia; se acerca mucho más a un lenguaje metafórico que literal. Puede leerse como una orden reforzada, si queremos entenderlo como mandato, o como una orden que viene del interior si queremos entenderlo como proceso de una persona o grupo humano. En lo personal, adhiero a la segunda opción. En ambos casos es el inicio del camino que todavía recorremos. Es una frase fundacional: en cualquiera de sus lecturas, es razón de ser y pilar del judaísmo. Como se desprende del teólogo cristiano Hans Kung en su libro "El Judaísmo" (1993), la promesa de la Tierra, el pacto, y la unicidad de Dios son tres pilares; los dos primeros están incluidos en "Lej-lejá", mientras que el tercero lo encontramos en Deuteronomio 6:4.

La promesa de la Tierra y el pacto son pilares a la vez que conflicto. Como toda la narración bíblica, la historia no elude el conflicto desde el inicio: los problemas de herencia y heredad, los conflictos con los vecinos por la tierra, un anticipo de la historia del Éxodo, mentiras sobre el estatus de Sara, en fin, un manojo de problemas. La vida de nuestro patriarca no era sólo nómade sino movida en un sentido moderno y coloquial de la palabra. Aun siendo obediente en forma incondicional tenía muchos asuntos que resolver. En ese contexto, el pacto y su expresión física, la circuncisión, ocupan un espacio central, claro y directo. A diferencia de otros mandatos más escuetos, este entra en el detalle: el momento de hacerlo, a quién, y sobre todo: si no se hace no se forma parte del pacto, o sea, del pueblo. Es interesante notar la frase "Él nacido en tu casa o él comprado con tu dinero ha de ser circuncidado" (Génesis 17:13), donde queda abierta la puerta a niños no nacidos de judíos.

"Lej-lejá" ha sido leída como la porción "sionista" de la Torá. Parecería ser así en su apertura, pero es en el cierre de la misma donde radica el problema: el pacto, la elección. Como en ese tiempo mítico y fundacional que se narra, la posesión actual de la Tierra está ligada a desplazamientos y conflictos con los vecinos, mientras que la transformación semántica del concepto de "ser elegido" nos ha convertido tanto en perseguidos como en perseguidores.

Si pensamos "elegido" como superior, estamos en problemas. Si pensamos en tierra "prometida" como derecho divino e inalienable, estamos en problemas todavía mayores. A la luz de los conflictos terribles que desgarran a las sociedades vecinas del Estado de Israel, no sólo no deberíamos aliviarnos porque mientras tanto no se ocupan de nosotros, sino que deberíamos mirar en el seno de nuestro propio colectivo; sin llegar al extremo de las armas, no estamos libres de pasiones fundamentalistas.
"Lej-lejá" es acerca de un propósito y una obligación. No es acerca de un hechizo mágico que modifica la realidad. Es acerca de nuestra razón de ser. "Salir" de nosotros hacia un objetivo a la vez que asumir nuestro rol en el concierto de las naciones. Transformar y mejorar la realidad que nos toca.

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