Izcor

El poeta israelí Iehuda Amijai escribió

Afirmo con fe absoluta
que las plegarias antecedieron a dios.
Las plegarias crearon a dios,
dios creo al hombre
y el hombre crea plegarias
que crean a dios que crea al hombre.
(traducción libre propia)

 A lo largo de mi vida me ha resultado muy gratificante encontrar en otros discursos que por mí mismo no encuentro. En el Instituto Hartman en Jerusalém reconocí el lenguaje desde el cual yo quería, intentaba, abordar el judaísmo. Se me abrió un camino que recorro cada día profundizando y descubriendo nuevas relaciones entre ideas, sentimientos, tradiciones.

Es un camino que nunca termina, pero ya tengo conmigo el discurso, el lenguaje, la palabra. Lo mismo me sucedió con este poema de Amijai que dice por mí aquello en lo que creo: que dios es una idea que el hombre crea por medio de la palabra para explicar lo que no podemos entender. Es pensar a dios como una metáfora y nuestra tradición como una narrativa. Porque nada nos gusta más que nos cuenten un cuento.


Para mitigar esta colectiva sensación que nos invade a esta altura del día me gustaría proponer ejercitar el recuerdo como pulsión de vida.

Este mes de Elul recibí de una tía un par de candelabros que pertenecieron a mi "oma & opa", mi abuela y mi abuelo iekes, shomrei shabat, fieles asistentes a nuestra vieja sinagoga de la calle San Salvador. Este Rosh Hashaná encendí las velas también en ellos, de modo que había tres pares de velas en casa: uno para cada uno de mis hijos, y uno por el recuerdo de todos mis ancestros. Se cerró un círculo de mi vida. No es algo menor cuando la vida nos deja tantos círculos abiertos.

También este Elul mis hijos tomaron caminos propios. Volví a compartir la canción "Uf Gozal", cantada por el inefable Arik Einstein, en mi muro de Facebook. Cuantos recuerdos se acumulan cuando las puertas se cierran en un lugar para abrirse en otro, que ahora es de ellos. Cuantos recuerdos evocan las experiencias de nuestros hijos en relación a las nuestras treinta años atrás. Recuerdo, esperanza, oportunidad. Dejamos de ser protagonistas como padres para comenzar a ser protagonistas de nosotros mismos.

Al principio del mes tuve la oportunidad de compartir un té con alguien con quién nos conocíamos apenas si de vista y sobre todo por "oídas". Es uno de esos hermanos de nuestro pueblo que me genera fuertes desencuentros. Sin embargo, el espíritu de esta época del año permeó y permitió no sólo decirnos cosas, sino escucharnos mutuamente. Seguramente, a diferencia de lo que me sucedió con el rabino Hartman, nunca compartamos el discurso, pero si Elul es acerca de escuchar, cumplimos el precepto. Al menos para mí, será un recuerdo que contribuye a mi paz interior.

Cuando era joven Izcor fue siempre un momento de quiebre. He sido bendecido con larga vida para mis seres más queridos y más próximos, y por tanto Izcor, siguiendo una vieja costumbre, no era para mí. Durante muchos años sentía una mezcla de alivio y culpa al levantarme de mi silla y abandonar el minián para tomar aire fresco y esperar que el resto, que quedaba dentro, hiciera su tránsito de dolor y recuerdo. Volver era, por decirlo delicadamente, desubicado, incómodo. Se generaba un uds y un nosotros que nunca dejó de incomodarme. La mayoría de las veces me iba a mi casa y volvía en Neilá. Mis seres más queridos y próximos siguen bendecidos con la vida, pero hace muchos años decidí quedarme, ser parte. Si mis hijos me preguntan les digo que pueden quedarse, si quieren. Después de todo, recordar es también un aprendizaje. Como tantos otros, Izcor es un momento comunitario.

Este año nos marcó la desaparición física prematura de seres próximos y muy queridos; familiares en el sentido de familiaridad, no de parentesco. De nuestra generación, una querida amiga; de la generación de mis hijos, EL amigo de la infancia; y de nuestra vida cotidiana, de "nuestra NCI" como dicen los viejos iekes, la querida Ría y su hija Arianna. Cuando entramos en esta sinagoga cada kabalat shabat todos buscamos a Ría en su lugar; cuando encuentro un material que quiero compartir, mis dedos van solos a teclear su e-mail; junto a cada mujer con kipá o talit en esta sinagoga está parada Ría.

Este año que cerró nos enfrentó a todos colectivamente a las grandes preguntas de Job. La única respuesta a tanto dolor es el consuelo que hallamos en el recuerdo. No hay parábolas ni alegorías ni metáforas que llenen las sillas vacías. El dios que se esconde, como lo denominó Itzi Grimberg, no da respuestas. Las debemos encontrar nosotros. Ría traducía, interpretaba. En su recuerdo todos y cada uno de nosotros debemos intentar nuestras propias traducciones e interpretaciones, nuestra propia búsqueda de significado.

En Izcor parecería que se hunde en nosotros todo el peso de Iom Kipur. La sabiduría de nuestra tradición nos coloca uno junto a otro, hombro con hombro, hombre con mujer, padres con hijos, hermanos con hermanos, para sostenernos mutuamente. Porque sabemos, lo hemos aprendido con el paso de los años, que no por breve Izcor deja de ser lo que es: un buceo en la profundidad del recuerdo.

Venimos a rezar en comunidad al dios que creamos y nos acompaña desde hace miles de años para ganar en aceptación y consuelo.

Creo que estos momentos que estamos por atravesar son un poco de todo esto: conectarnos con el pasado que nos trajo hasta aquí, vivir intensamente el presente que nos desafía cada día, y reconocer la diversidad que nos rodea. Recordar no sólo como momento solemne y luctuoso sino como afirmación de vida.

· Más leídos ·

Consola de depuración de Joomla!

Sesión

Información del perfil

Uso de la memoria

Consultas de la base de datos