Shofar

Hay algo confuso en el hecho de que la única mitzvá (precepto) en Rosh Hashaná sea escuchar el shofar (cuerno). Es mucha fiesta para tan específico y único precepto. Una opción es que Rosh Hashaná sea simplemente (o no tanto) el comienzo del conteo hacia Iom Kipur, punto culminante del año hebreo; en ese contexto, "escuchar" parece muy pertinente. La otra alternativa es tomar Rosh Hashaná y escuchar el shofar como un hecho aislado y explorar su significado en sí mismo. Sin embargo, como el calendario hebreo enlaza los tiempos de modo tal que nunca hay principio ni final sino que todo es un continuo por donde pasamos una y otra vez, año a año, aislar Rosh Hashaná y su mitzvá no es más que un ejercicio teórico.

 Erróneamente hemos asimilado Rosh Hashaná con Año Nuevo. 2014 no es comparable con 5774. No son meros números, son conceptos diferentes. En judaísmo hablamos de "cabeza" de año, no año "nuevo". No se trata de novedades o expectativas, sino de focalizar en nosotros mismos y nuestra relación con nuestros semejantes. Nuestra tradición pone la esperanza en Jerusalém y en la venida del mesías, no en el mero paso del tiempo. El tiempo es nuestro para significarlo. En ese sentido, Rosh Hashaná santifica, diferencia, el tiempo mediante el acto de escuchar.


El shofar tiene un sonido particular que varía levemente entre un instrumento y otro. No obstante, es claramente reconocible. A fuerza de haberlo escuchado desde muy niños todos llevamos su sonido incorporado en nuestro ADN. ¿Podemos contarle a alguien cómo suena un shofar? No, hay que escucharlo. No una vez, sino cada vez. El sonido que escucharemos este año es la sumatoria de todas las "tekiot" (literalmente "explosiones") que hemos escuchado desde siempre. A lo que sentimos este año sumamos los recuerdos de los años pasados, de modo que la "tekiá gdola" se convierte en una verdadera gran explosión de significado y relevancia.


Me gustaría este año 5774 desde nuestra creación (la del Hombre) pensar el precepto de escuchar el shofar como un acto de humildad. Si Elul supone un tiempo de introspección y encuentro con uno mismo, y Iom Kipur un día de arrepentimiento y enmienda, escuchar el shofar es el punto de inflexión en el proceso que lleva de un tiempo a otro. Es la abstracción esencial, mediante un sonido casi sobrenatural, de nuestra ubicación frente al mundo que nos rodea. Así como nunca podemos controlar del todo el sonido que el shofar emite, por un momento podemos reconocer nuestra verdadera dimensión: no está en nosotros controlarlo todo. Rosh Hashaná nos permite relajarnos y reconocer nuestra imperfección, finitud, y pequeñez en relación a nuestro entorno y nuestros semejantes. Carpe Diem: tomemos el día, aprovechemos el momento.
Shaná Tová!

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