Guardián de mi hermano

Hace más de dos años que Medio Oriente se estremece bajo la mal denominada "Primavera Árabe". Hoy ya nadie usa el término sino como irónico recuerdo de un bautismo apresurado de Occidente, en especial el Occidente anglosajón, que tiende a ver la realidad a través de sus propios lentes, a su imagen y semejanza, desconociendo las diferencias. Así como los padres fundadores del moderno Israel ignoraron tanto la población árabe como la ultra-ortodoxa en su momento, que hoy condicionan la realidad cotidiana del país, del mismo modo muchos países del "primer mundo" quisieron ver en las revoluciones en los países árabes modelos que allí, por ahora, no aplican. La realidad es elocuente.

 Que Mubarak salga de la cárcel vaya y pase, son los giros político-militares de un país más militar que político; que se maten por centenas, es noticia. Sin embargo, del otro lado de la Media Luna Fértil, en Siria, se han usado armas químicas. No sólo eso: se cuentan por millones los niños refugiados en países vecinos, sobre todo Turquía. La misma Turquía que acusa a Israel de estar detrás del Golpe de Estado egipcio, en lugar de preocuparse por buscar formas de apagar el incendio que devora la región, como el fuego devoraba el mapa de la zona en la vieja serie "Bonanza". Hoy leo en CNN que Obama considera "arrimar" su flota a Siria, empezar a ocuparse del tema...

EEUU elige sus ayudas y cobra sus precios. Más allá de consideraciones políticas, cabe preguntarse, como cantaba Viglietti el texto de Guillén en "Cantaliso en el bar", "¿quién los llamó?". ¿Por qué ahora y no antes? ¿Qué llama es esta que es más peligrosa que las que arden hace dos años? Las armas químicas. Israel ha sabido desde siempre que los peligros hay que erradicarlos antes que crezcan, se desarrollen, porque cuando se habla de matar judíos el enemigo no bromea: hay una larga tradición de "pogromos" culminando en la Shoá que justifican cualquier acción preventiva. "Los aliados" parecen siempre esperar un poco más para luego resolver bomba atómica mediante o con una invasión arrasadora o un fuego cruzado hasta que caiga el último vestigio del régimen a derrocar. Son opciones. Hay quienes pueden pagar ciertos precios, otros no. También hay una cuestión con el respeto a la vida: si ya hablamos de guerra y muerte, minimicemos las bajas; que se termine rápida y eficientemente.


Sin embargo el tema es moral. En el mes de Elul, la pregunta es: cuándo debo ser guardián de mi hermano. La famosa y citada frase atribuida a Caín en Génesis 4:9 era elusiva y culposa en aquella circunstancia. Como todo lo bíblico, adquiere dimensión moral y ética. Cuál es el momento en qué alguien (el "hermano" de turno) debe hacerse cargo. Por qué ahora y no antes. Por qué en la enésima víctima y no dos víctimas antes. En todo caso, ¿quiénes son los "hermanos" que deben velar entre ellos? ¿EEUU debe velar por Siria y los sirios? ¿Tiene una obligación ética para con los sirios? En todo caso, tiene intereses; siempre hay intereses de Occidente en esas regiones convulsionadas del mundo. Sin embargo nadie vela por África.

Tal vez Caín, cuya marca nos marca a todos hasta hoy, tenía razón: "¿acaso soy el guardián de mi hermano?" No todos son mis hermanos. Aun cuando sí lo seamos, en un sentido humanista de la imagen, los hermanos suelen caminar caminos diferentes: Isaac e Ismael, Jacob y Esau, José y sus hermanos. El problema no es cuando caminamos por senderos diferentes, sino cuando cruzamos las fronteras para matarnos unos a otros. Así como debemos cuidar la buena vecindad, no podemos hacernos cargo de las luchas fratricidas de los demás. Bastante tenemos con las nuestras.

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