El peligro de la estabilidad y el desafío de la “Derecha”


El Estado de Israel está entrando en un territorio inexplorado que lo está llevando cerca de un abismo. En una de las pocas veces desde su fundación estamos confrontando la realidad de un gobierno que entra en su cuarto año, un gobierno que probablemente termine su mandato. En general estas podrían parecer buenas nuevas, ya que la estabilidad está entrando en el sistema político israelí. Este gobierno no está simplemente gobernando por medio de manipulaciones de la coalición sino que refleja la voluntad de la mayoría de los israelíes y es esta la fuente más profunda de su estabilidad.

La estabilidad, sin embargo, es a menudo una virtud sobre-valorada y no solamente desde la perspectiva de aquellos que están en la minoría política. El mayor peligro es aquél que la estabilidad le plantea a la mayoría misma. Una de las constantes de la condición humana en general y en la vida política en especial, es nuestra capacidad de rendir menos de lo que podríamos, una característica que se hace más real debido a la auto-satisfacción y a creernos superiores de lo que somos.

La incertidumbre genera reflexión y es un poderoso catalizador para la reevaluación y la superación de uno mismo. Cuando las cosas mantienen su status quo, la vida social y la política tienden a gravitar hacia el mínimo común denominador y el individuo hacia la mediocridad. Éste fue el temor más grande de Dios respecto al pueblo judío cuando entraron a la Tierra de Israel y adquirieron fuerza y estabilidad. (“Mas engordóse Ieshurun [Israel] y dio coces: entonces desechó a Dios su Hacedor.” Deuteronomio 32:15). La meta esencial de la religión cuando es elevada es servir como un desafío a la moral y a los valores, tanto al status quo como al potencial humano de ser mediocre. Éstas fueron la tarea y el rol que los Profetas trataron de cumplir, desafiando a Israel a mirarse con honestidad, ver sus fallas y exigirse ser más elevado.

A medida que nuestra coalición llega a su cuarto año sin ningún competidor político en el horizonte que pueda derrocarla o tan siquiera amenazar su próxima victoria en las elecciones, está comenzando a sentir la estabilidad y la auto-satisfacción que es auto-destructora. Los recientes esfuerzos legislativos, aunque estaban enmascarados con el requisito previo de la seguridad o equidad, no son más que intentos de convertir en ley una realidad en la cual las voces que oirán serán solamente las suyas propias.

La libertad de expresión y un poder judicial independiente en una realidad en la cual no hay ni una constitución escrita ni una cultura sensible a los inalienables derechos del individuo, no solamente son críticas para preservar los derechos de la minoría sino para servir como un constante sistema de  peso y contrapeso (división de poderes) para el status quo promulgado por la mayoría  Nos necesitamos los unos a los otros no solo para apoyarnos sino también para contrastar, no solamente para una reafirmación mutua sino también por el desafío que nuestras inevitables diferencias nos plantean.  

En nuestra tradición el paradigma de un gobierno corrupto está descrito en el Libro de Ester en la forma del Rey Ajashverosh, quien era famoso por no permitir que nadie se le acercara sin ser llamado. Al mundo no se le permitía presentarse ante él a menos que fuera tanto en una forma como en un tiempo que él pudiera controlar.  Es justamente un rey de este tipo, que no tuvo ninguna dificultad, siguiendo el consejo de un asistente, en dar un dictamen cuyo objetivo era borrar de la faz de la tierra a una de las naciones de su reino, y después de dar el dictamen sentarse a beber como si nada hubiera ocurrido.   

En nuestra tradición Dios se presenta a sí mismo dentro de un paradigma diferente.  Con Sus palabras  “¿He de ocultar a Abraham lo que voy a hacer?” (Génesis 18:17), es introducida la idea que hasta el gobierno de Dios necesita pesos y contrapesos, de alguien que lo desafiará, y si es necesario, lo criticará. El doble rol de rey y sacerdote con el status independiente del segundo como el encargado de la ley ponen en práctica un sistema de peso y contrapeso (check and balance, separación de poderes) similar.   

Uno de los grandes desafíos que enfrenta la democracia de Israel hoy en día no proviene de los así llamados partidos “religiosos” sino de la derecha. Cuando digo “derecha,” no me refiero a la Derecha política sino a aquéllos# que creen que están en lo cierto y no necesitan voces que disientan.

La sociedad israelí ha madurado mucho y alcanzado niveles de fortaleza financiera, social y militar que nunca imaginamos en el transcurso de nuestras vidas.  El secreto para asegurar esta fuerza es tener la suficiente auto-confianza para permitir una constante inestabilidad en nuestras vidas, para reconocer que nuestra mayor aliada aes la crítica irritante y nuestro benefactor más importante el individuo cuyas ideas nos hacen sentir incómodos.

Israel no necesita una Suprema Corte que le pondrá automáticamente el sello a la Kneset, y el gobierno no necesita el servicio de ONGs que estén a favor de esto. La libertad de expresión y la importancia de disentir no son fines en sí mismos sino medios necesarios para el crecimiento moral y la excelencia.

Traducido por Ría Okret


· Más leídos ·

Consola de depuración de Joomla!

Sesión

Información del perfil

Uso de la memoria

Consultas de la base de datos