El nuevo peligro para Israel en los campus universitarios

campusuniokLos medios de comunicación social, los videos de recaudación de fondos de la Federación, e incluso el New York Times han puesto el foco en los esfuerzos crecientes por parte del movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones), las resoluciones anti-israelíes y los ataques verbales a los que los partidarios de Israel son sometidos de manera permanente en los campus universitarios.

El aumento medible en la cantidad de estos ataques, así como su intensidad y crueldad, es de hecho profundamente preocupante y requiere de una respuesta significativa por parte de la comunidad judía. El mundo judío tiene razón en estar preocupado y está en lo correcto al reunir fuerzas para proteger a nuestros estudiantes y a Israel. La primera línea de sentimiento anti-israelí, sin embargo, está más arraigada y es más generalizada que lo que se exhibe en las resoluciones o demostraciones. Nuestro desafío no consiste en enfrentar simplemente a un enemigo de afuera, sino más bien en determinar la forma de combatir una alienación cada vez mayor hacia Israel desde dentro del cuerpo estudiantil judío.

Esta alienación no es el resultado de un solo evento en particular, como la última guerra de Gaza o la declaración del día de un político israelí. Hoy en día está ocurriendo algo más profundo en las vidas de nuestros estudiantes en los campus, y a menos que lo reconozcamos, nuestros esfuerzos sólo tendrán beneficios parciales en el mejor de los casos.

El desafío no comienza en el campus, sino con el significado y el propósito del sionismo, y por extensión, del mismo Estado de Israel. Desde sus inicios, el movimiento sionista ha estado dividido entre dos ideas e impulsos diferentes. En primer lugar tenemos lo que podemos llamar Sionismo de Supervivencia, que vio en la creación de un estado judío la única solución viable a los peligros existenciales a los que los judíos se enfrentaban al vivir como una minoría en la diáspora. Si los judíos debían vivir – y vivir literalmente – sólo sería posible en el contexto de un Estado soberano que funcionara como la patria del pueblo judío.

En segundo lugar tenemos, el Sionismo Cultural, que consideró a Israel como el lugar donde el "problema judío", no el problema de los judíos, sería resuelto. Un Estado judío era necesario, porque en él, y sólo en él, se podría lograr el renacimiento y la curación de las ideas, la religión, los valores, el lenguaje y la cultura judía. Cuando los judíos tuvieran su soberanía en su propia tierra, el judaísmo podría ser curado de 2000 años de malestar que le fueron causados por el exilio y emergería una nueva vitalidad moral, intelectual, espiritual y cultural. El espacio público de Israel funcionaría como el catalizador, el laboratorio, y en última instancia, la realidad de este renacimiento.

El principal fundamento para la alienación con Israel es que entre nuestros estudiantes universitarios ambos significados del sionismo no sólo son irrelevantes, sino incoherentes. La esencia del emprendimiento judío norteamericano en general, y de la vida judía en el campus en particular, es proporcionar una solución alternativa al "problema de los judíos". Al igual que sus padres y abuelos antes que ellos, quienes encontraron un hogar seguro y viable en los Estados Unidos y en Canadá, y de hecho en gran parte del mundo occidental, la vida en el campus se basa en el supuesto, en la posibilidad, y de hecho en el valor, de la integración de los judíos a la sociedad más amplia y general.

Para un estudiante judío que sale de su casa para ser absorbido dentro de la experiencia del campus, la comprensión de Israel como un refugio seguro para proteger a los judíos en peligro es, en el mejor de los casos, algo que era relevante en el pasado, pero que es completamente irrelevante para su experiencia judía de hoy en día.

Lo mismo ocurre, y en muchos aspectos de forma más importante aún, con el Sionismo Cultural. La vida judía en Norteamérica es un intento de crear un renacimiento judío en el contexto de vivir como parte de una minoría amada. Desde la perspectiva de la mayoría de los jóvenes judíos de Norteamérica, las contribuciones pasadas de Israel a su identidad judía se dan por sentadas y, de hecho, de forma cada vez creciente, Israel es el miembro de la familia del cual uno se avergüenza. El judaísmo de nuestros jóvenes está firmemente incrustado dentro de un conjunto de valores liberal, para el cual Tikkun Olam, democracia, igualdad y pluralismo religioso son las bases sobre las cuales se construye. Mientras que la Declaración de Independencia de Israel abraza plenamente este conjunto de valores, la percepción desde Norteamérica es que en los últimos 10 años, Israel se ha ido distanciando cada vez más de él.

Si Israel no está contribuyendo a la supervivencia judía ni a la vitalidad moral del judaísmo, para muchos no es más que una pieza de equipaje innecesario. Mientras que muchos de nuestros estudiantes experimentan ataques por gente de afuera en eventos pro-Israel, muchos no lo hacen porque simplemente no se presentan en ellos.


Al enfrentarnos a un enemigo exterior, las líneas de batalla son claras. Pero cuando el desafío es la alienación y la pérdida del sentido de propósito dentro de nuestra comunidad, no existe una solución sencilla o a corto plazo. No sólo necesitamos proteger a nuestros estudiantes, tenemos que encontrar nuevas formas de relacionarnos con ellos y lograr que se comprometan con las ideas de Israel.

Los días de supervivencia del sionismo como inspirador y constructor de relaciones para los judíos norteamericanos han pasado mayormente, y, si Dios quiere, seguirá siendo así. La base fundamental de una relación futura entre los jóvenes judíos norteamericanos e Israel será el Sionismo Cultural. No sin embargo, en su sentido del pasado, chovinista, de la superioridad de Israel, sino en el sentido de que Israel contribuye, junto con la vida judía norteamericana, a la creación de un judaísmo vital para el siglo XXI.


El futuro de la viabilidad del Sionismo Cultural, sin embargo, requiere de dos bases. La primera es un judío norteamericano que se involucre con los desafíos, dificultades y oportunidades morales y espirituales que conlleva la soberanía y se sienta empoderado para construir el Israel que pueda servir como inspiración para identificarse con él. La segunda es el fortalecimiento de una sociedad israelí que esté comprometida con exactamente lo mismo. Cuando esto ocurra, todavía estaremos expuestos a los enemigos desde afuera, pero seremos capaces de estar seguros de que hay un ejército que está dispuesto a apoyar a Israel desde adentro.

Traductor: Daniel Rosenthal

Fuente: Times of Israel

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