Se podrá sacar a los judíos del exilio, pero no se le puede sacar el exilio a la derecha israelí

Tel-Aviv-cafe-Israel-pop 85221okA pesar de que se la vea pavoneándose de gloria y orgullo, la derecha israelí no entiende lo que implica estar aquí, ni física ni cultural ni moralmente.

Me encuentro sentado en una cafetería de Jerusalén casi en vísperas de Iom HaAtzmaut (Día de la Independencia), mientras escucho a los mozos ashkenazí y etíope bromear en hebreo, en circunstancias que, desde el punto de vista existencial, están a años luz de cualquier lugar donde podría haberse imaginado mi bisabuelo de Ucrania que pudiera llegar a vivir un descendiente, y pienso en los discursos que dará el primer ministro Biniamín Netaniahu en los próximos días, y creo que, en realidad, no entiende que somos independientes.

No es que me quiera meter con Netaniahu, a no ser como personificación de la derecha israelí, la cual, a pesar de que se la vea pavoneándose de gloria y orgullo jabotinskiano, no entiende lo que implica estar aquí, ni física ni cultural ni moralmente.

Es razonable apostar a que en uno o más discursos Netaniahu mencione a Irán, la perfidia de las naciones occidentales, nuestro aislamiento y nuestra posible exterminación. La semana pasada, en Iom HaShoá (Día de Recordación del Holocausto), Netaniahu dio un discurso que trataba más sobre Irán y el temor de que se diera un nuevo Holocausto que de honrar la memoria de los que murieron en el verdadero Holocausto. Toda la trayectoria pública de Netaniahu consiste en las declaraciones de que, actualmente, nos encontramos en el año 1938, si no es que no nos encontramos en agosto de 1939. Sus predicciones se muestran indiferentes al universo físico, pero están conectadas directamente a las neuronas de un número suficiente del electorado para hacerle ganar las elecciones.

Para aquellos de inclinación literaria o religiosa, las palabras que mejor describen su ánimo constante son: "La vida que enfrentes será insegura; vivirás aterrado, noche y día, sin garantía de sobrevivir". La cuestión es que ese es un versículo de Deuteronomio que define cómo se iba a sentir el pueblo de Israel en el Exilio.

Escuchando a los nerviosos voceros de la derecha, nunca sabrías que contamos con el ejército más fuerte de Medio Oriente, que gozamos del respaldo de la única superpotencia mundial, que Europa no nos abandonó sino que más bien compra nuestros productos y nos vende armas, que tenemos la suficiente seguridad como para dejar de tenerle miedo a la oscuridad. No es esta la época mesiánica, ni siquiera la primera floración de la redención; si lo fuera, no necesitaríamos ninguna de esas cosas. Las tribus perdidas no han vuelto desde más allá del río Sambatión. Pero sí vivimos en el otro polo existencial opuesto a la aldea de mi bisabuelo.

La postura de la derecha de que seguimos exiliados también dicta los temores internos: el temor de que hay personas no judías entre nosotros, el temor de los árabes, el temor de los refugiados africanos sobre los cuales Miri Regev, miembro de la Knéset por el partido Likud, dijo que eran "un cáncer", el temor de la asimilación. Aclaremos las cosas: la asimilación denota una minoría cultural que va desapareciendo en una mayoría. En Israel la gente que debe considerar los costos y las ganancias de la asimilación es la no judía. La asimilación se refiere a cuando los ciudadanos árabes notan que les salen con mayor facilidad las palabras hebreas que las palabras árabes, cuando los trabajadores extranjeros notan que es el sábado el mejor día para celebrar los servicios religiosos. Si se les diera la oportunidad de criarse aquí a los hijos de los sudaneses y de los eritreos que solicitan asilo, la asimilación relataría el momento en que les pidieran a sus padres para encender las velas de Janucá. Puedo darme cuenta del motivo por el cual se sentirían incómodos los padres eritreos si les pasara esto, a pesar de que consideraran que fuera un precio que valiera la pena pagar para estar seguros. Ojalá les diéramos seguridad.

Aquí yace un caso clave de cómo se niega la derecha también a acoger los beneficios morales, es decir, la responsabilidad moral, de la independencia. Los activistas de los derechos humanos que exigen que se les dé asilo a los refugiados africanos entienden la independencia judía muchísimo mejor que los miembros de la Knéset, como Ayelet Shaked, los cuales quieren impedir que la justicia intervenga en el encarcelamiento y en la expulsión de los que solicitan asilo. Los que abogan por los derechos de los refugiados, incluso el más laico de ellos, repiten la música de lo que significa el estado judío en la tradición judía, música que no logran oír los autores de Likud y Habait Haiehudí que crearon la ley del estado-nación judío.

"Cuando resida un forastero contigo en tu tierra, no serás injusto con él", dice un cierto libro judío que llevaron consigo los judíos en el Exilio. "El forastero que resida contigo será para ti como uno de tus ciudadanos". Nótese que dice "en tu tierra", porque así es como podrán actuar cuando sean un pueblo soberano en su país.

El texto anónimo de la Edad Media Séfer HaJinuj, al comentar el precepto de no devolver un esclavo a su opresor, dice que se aplica específicamente en la Tierra de Israel, porque "Dios quiso que por el honor de la Tierra (con énfasis agregado), se salvara de la esclavitud al que escapara de allí". El autor soñaba con lo que se podía hacer cuando los judíos tuvieran independencia. Incluso si hubiera podido imaginarse un avión, no se habría imaginado que los judíos tomaran a los refugiados que habían escapado de Eritrea, donde vivían en condiciones similares a la esclavitud, y los colocaran en aviones para expulsarlos.

Por el amor a Dios, Sr. Netaniahu, Sra. Regev, Sra. Shaked, abran unas reposeras entre las flores silvestres, saquen una botella de vino blanco del refrigerador, sírvanse, y relájense. Y cuando haya terminado el día festivo, levántense y actúen como gente responsable y libre que vive en su tierra.

Fuente: Haaretz.com


Gershom Gorenberg es el autor de "The Unmaking of Israel" y de "The Accidental Empire: Israel and the Birth of the Settlements, 1967-1977."

 

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