Israel a los 67 años de su fundación: glorioso y espeluznante, inspirador y exasperante

independencia2okNecesitamos la fe para creer que este puede ser el mejor lugar y el mejor momento de la historia judía para ser judío.

Volvía mi hijo de la escuela, mientras compartía conmigo lo que había aprendido sobre Iom HaShoá, el Día de Recordación del Holocausto. Está en primer año de escuela. Las explicaciones que recibió de los maestros y los compañeros de clase fueron muchísimo más detalladas que las que le hubiera brindado si estuviera en los Estados Unidos.

Mis instintos como padre y como educador lo habrían protegido y le habrían conservado la inocencia durante algunos años más. Le habría explicado en términos generales y universales la crueldad de algunos y la valentía de otros.

Lo que aprendió en la escuela había sido algo muchísimo más directo. Los judíos fueron asesinados (hombres, mujeres y niños) y la tristeza permanece con nosotros habiendo pasado muchos años. Yo, su padre, que es un nuevo inmigrante, me encontré aplacándole los miedos hablándole sobre el sentido y la importancia de Israel. Ahora es distinto. Tenemos estado, ejército y un lugar que finalmente lo llamamos hogar. Al comenzar a sentirme estimulado por mis propias palabras, le dije que este era el mejor lugar y el mejor momento de toda la historia judía para ser judío. Se nos metió en la cama esa misma noche, y me susurró en el oído que había tenido una pesadilla.

He notado que todo el país parece seguir el enfoque que adopté esa noche con mi hijo. Días antes del Día de Recordación del Holocausto, se empiezan a colgar banderas enormes de Israel y se empiezan a colgar banderines azules y blancos en los edificios públicos y privados de todos lados. Si bien parecen colgarse para Iom HaZicarón y para el Día de la Independencia, el hecho de que se coloquen estas banderas con una semana de anticipación, antes del Día de Recordación del Holocausto, parece ser una forma de esperar el final prometedor de la historia más triste y más angustiosa del pueblo judío. Esas banderas están para decirnos, incluso antes de que suenen las alarmas y se derramen las lágrimas, que ahora las cosas son distintas. Tenemos estado, ejército y un lugar que finalmente lo llamamos hogar.

Este es mi primer Día de la Independencia como ciudadano de Israel. Cuando tenía la edad de mi hijo que está en primer año de escuela, mientras me criaba en una de las pocas familias judías que vivían en una pequeña ciudad en el oeste de Pensilvania, contemplaba detenidamente las fotos de Israel que aparecían en el sexto volumen de nuestra Enciclopedia Británica, mientras construía los Muros de los Lamentos con plastilina y soñaba con cómo debía ser la vida en un país judío. Cuarenta años más tarde, me encuentro generando docenas de tales fotos, en las que aparecen principalmente mi esposa y mis tres hijos, que les envío por PhotoStream y por Facebook a la familia y a los amigos que tengo en los Estados Unidos.

Mis hijos están traduciendo mis sueños al hebreo. En momentos como el Séder de Pésaj, cuando mi hija de cuatro años de edad canta "Ma Nishtaná" tal como lo aprendió en el gan (jardín de infantes) y cuando mi hijo de seis años de edad recita "Ha Lajma Ania" y comparte unas cuantas ideas que recogió de sus maestros, me doy cuenta del favor que les hice al traerlos para acá. Me encuentro sumamente conmovido y emocionado al participar en un espacio público judío, al tener la vivencia de ser judío como alguien de la casa. Durante los días intermedios de Pésaj, al volver de un viaje familiar, compré una caja de matzá carísima en una estación de servicio por la sencilla razón de que pudiera comprar una caja de matzá en una estación de servicio. Es por esto que me trasladé a este país, me dije a mí mismo.

El hecho de trasladarse y de vivir en este país exige que aplaquemos los miedos y afirmemos la esperanza continuamente. A veces me digo a mí mismo lo que le dije a mi hijo. Tenemos estado, ejército y un lugar que finalmente lo llamamos hogar. Pero aun así, hay muchas cosas que nos pueden hacer perder las esperanzas. De vez en cuando, yo también me despierto de una pesadilla. A veces convierto la oración declarativa que le dije a mi hijo en una pregunta que me hago a mí mismo: ¿son realmente distintas las cosas ahora? Hay enemigos que no se pueden derrotar como se puede derrotar a un ejército. Hay naciones que exigen nuestra destrucción y que podrían ser capaces de llevar a cabo sus fantasías. Existe un extremismo en aumento por dondequiera que miremos en la región. Y dentro de la propia sociedad israelí, hay brechas cada vez más grandes entre los ricos y los pobres, ha aumentado el racismo, hay una falta de suficiente empatía por los refugiados y una escasez de imaginación, visión, y diplomacia política.

Israel, a sus 67 años de haberse fundado, es glorioso y espeluznante, inspirador y exasperante. Es una nación que necesita volver a despertar la esperanza y la fe constantemente. En una carta que le escribiera a David Ben-Gurión, Abraham Joshua Heschel sostenía que el siglo XX no solo había presenciado una pérdida de fe en Dios: los judíos también habían perdido la fe en la idea de que fueran una nación, y que la nación pudiera algún día volver a asentarse en la tierra de Israel. "Muchos estaban convencidos de que el final estaba cerca. Sin fe, no podría haber visionarios...No creo en la decadencia de la fe, sino en su re-despertar", escribía Heschel.

Israel, por muchos motivos, es acerca de volver a despertar la fe: fe en la realización de las viejas promesas, fe en la resurrección de nuestros huesos secos de la tumba, fe en que la historia finalmente se corrija a sí misma. No es una fe fácil. Hoy día también, el crear una nueva historia, una nueva realidad y un nuevo futuro necesita esta suerte de fe incómoda. Esta fe tan incómoda debe hacer algo más que aplacar nuestros miedos por unas horas. Tiene que estimularnos para creer que este puede ser el mejor lugar y el mejor momento de la historia judía para ser judío.

El rabino Leon A. Morris es el vicepresidente del Shalom Hartman Institute de Norteamérica para los cursos en Israel y es codirector del Hevruta Gap-Year Program.

Fuente: Haaretz.com
Traducción al español: Rodrigo Varscher

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