Pésaj: Un relato de dos historias

hagada de barcelona abiertaokSomos un pueblo con muchos recuerdos, muchas historias, y somos quienes somos en base a las historias que recordamos y contamos. Más que cualquier otra festividad, Pésaj tiene que ver con recordar y transmitir esos recuerdos a la siguiente generación.

 Se le ordena a cada judío a verse a sí mismo como uno de aquellos que salió de Egipto y a relatar su propia historia de Egipto a sus hijos. El relato de esta historia no cuenta con la mediación de maestros o de rabinos, ni se realiza dentro de un marco comunitario. El entorno del Séder es para la familia y los amigos cercanos, y cada uno de nosotros es responsable de la decisión de cómo transmitir la historia.

Lo que torna a esto en un reto particularmente desafiante, es el hecho de que más allá de dinámicas familiares complicadas, una Hagadá profundamente problemática y diferentes sensibilidades con respecto a lo que es necesario hacer, hemos heredado dos historias diferentes. El desafío no tiene que ver solamente con cómo relatar la historia, sino con cuál de las historias relatar. Pésaj es un relato de dos historias.

Una de las historias, que domina gran parte de la Hagadá, por no hablar de la historia tal como se relata en la Biblia, se centra en Pésaj como una historia del Éxodo del pueblo judío que es liberado por Dios de la esclavitud de Egipto. "Yo soy el Señor. Os liberaré de los trabajos de los egipcios, y os libraré de su servidumbre. Os redimiré con brazo extendido y mediante castigos extraordinarios. Y os tomaré por mi pueblo, y yo seré vuestro Dios" (Éxodo 6:6-7).

Pero más que una historia de libertad y salvación, Pésaj es una historia de la elección del pueblo judío, ya que Dios derrama la ira de Dios sobre aquellos que esclavizan a los elegidos y nos redime de las manos de Egipto para ser el pueblo elegido por Dios. Cada plaga, narrada y magnificada, es una expresión de amor, un obsequio del compromiso de Dios para con nosotros, una ofrenda que nos liga mutuamente. "Yo soy el Señor, vuestro Dios, que os sacó de la tierra de Egipto, la casa de la esclavitud: No tendréis otros dioses además de mí."(Éxodo 20:2-3).

Una de las consecuencias fundamentales de este relato de elección, es la discriminación autorizada entre el judío y el no judío, entre los hijos de Israel y las naciones del mundo, en el ámbito de la ley judía. Porque Dios nos salvó – a todos nosotros – de la esclavitud de Egipto, los judíos somos todos iguales y ningún judío puede tomar a otro judío como su esclavo.

Sin embargo, quienes no son los destinatarios del regalo del Éxodo, los no judíos, sí pueden llegar a ser nuestros esclavos. (Levítico 25) Cuando vamos a la guerra, inclusive como agresores, el Dios que nos sacó de Egipto siempre luchará de nuestro lado, ya que en el momento de la elección se crea una dicotomía nosotros-ellos en la que Dios está siempre con nosotros (Deuteronomio 20). La idolatría no es ni falsa ni fútil. Es la adoración que Dios asigna a los no elegidos. Nosotros, el pueblo elegido, somos los únicos a los que se nos ordena adorar a Dios. El Dios que nos salvó en Egipto es nuestro Dios, en exclusividad. (Deuteronomio 4).

Este relato de la historia de Egipto encuentra su punto culminante en nuestra Hagadá tradicional, en la cual una de las oraciones finales es una petición a Dios que dice "Descarga tu ira sobre las naciones que no te conocen... Persíguelas con ira y bórralas de debajo de los cielos del Señor".

Hay una segunda historia de Pésaj, una historia en la que ni las plagas ni el Éxodo ocupan un rol central, sino que lo hacen los cientos de años de nuestro yugo en Egipto. Es para este recuerdo que los símbolos básicos de esta festividad, es decir, la matzá (el pan de los pobres), el jaróset (la pasta que se asemeja al cemento), y el maror (la hierba amarga, que nos hace revivir la experiencia del dolor) son nuestro hilo conductor.

Es este recuerdo el que da forma al mandamiento más repetido en la Biblia: "El extranjero que resida con vosotros será para vosotros como uno de vosotros mismos: lo amaréis como a vosotros mismos, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto".(Levítico 19) La historia de Egipto no es una historia de Nosotros-Ellos, sino una historia de que nosotros somos ellos, de ser miembros de una comunidad oprimida y de la obligación consiguiente de tratar a todos los necesitados, ya sean judíos o no judíos por igual, como miembros iguales de nuestra sociedad.

En un giro interesante de esta historia, los Diez Mandamientos nos obligan a descansar en Shabat, "para que vuestros esclavos hombres y mujeres puedan descansar como vosotros lo hacéis. Recordad que fuisteis esclavos en la tierra de Egipto, y que el Señor, vuestro Dios, os liberó de allí con mano fuerte y brazo extendido: por lo tanto, el Señor, vuestro Dios, os ha ordenado que observéis el día de reposo" (Deuteronomio 5).

No es solamente por el mero hecho de que una vez fuimos esclavos que estamos ligados a todos los necesitados. La redención de Egipto ha dejado de ser exclusivamente el momento de nuestra elección, sino más bien una expresión de la preocupación y la compasión de Dios para con todos los que están esclavizados. Ambas, nuestra esclavitud y nuestra salvación, nos unen con Dios en una misión en común para traer la libertad y la igualdad a nuestro mundo.

Es con esta idea que comenzamos a relatar la historia de Egipto en la Hagadá tradicional. "Este es el pan de la aflicción que nuestros antepasados comieron en la Tierra de Egipto. Dejad que todos quienes tengan hambre vengan y coman". Todos, y no sólo quienes profesan nuestra fe judía.

Pésaj es un relato de dos historias. Cada una de ellas ha hecho de nosotros lo que somos. A medida que relatamos nuestra historia y la transmitimos a la siguiente generación, es nuestra obligación asumir la responsabilidad por lo que nos definirá en el futuro y lo que determinará nuestra identidad religiosa y nacional. La elección es nuestra. Este año, cuando cuentes la historia, elige sabiamente. Nuestro futuro y el futuro de Israel dependerán de ello.

 

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