Tiene un precio el hecho de que los extremistas ultra-ortodoxos acosen a las mujeres por “recato”

cartelesrecatookLa municipalidad de Beit Shemesh hizo caso omiso cuando las mujeres se quejaron de que era una amenaza y un perjuicio los letreros que colgaron los extremistas ultra-ortodoxos, y ahora la justicia los castigó por ello.

"No hagan caso a los letreros", les decían a las mujeres de Beit Shemesh una y otra vez.

Pero era imposible ignorar los avisos ilegales que amenazaban monstruosamente en los postes telefónicos y en los muros de numerosos distritos comerciales. Exigían niveles arbitrarios de recato: el cuello, el largo de las mangas y de la falda, prohibición explícita de usar pantalones o ropa "ajustada", según habían ordenado oficialmente los rabinos de la municipalidad. Efectivamente, que a uno le examinen el cuerpo con lupa en público es todo menos recato. Otros letreros decretaban que incluso nuestra mera presencia constituía una violación del recato, lo cual "solicitaba" que las mujeres se abstuvieran de pasar o de permanecer en ciertas calles. Los letreros sí constituyen una forma pública de acoso y discriminación sexual.

La semana pasada, las mujeres de Beit Shemesh obtuvieron una clara victoria frente a una municipalidad que cuenta con un conocido historial de haber violado los derechos de las mujeres y de las jóvenes. El juez David Gideoni ofreció un atisbo de esperanza cuando nos otorgó a cuatro mujeres demandantes que se negaron a ignorar estos letreros la cifra total de NIS 60.000 (nuevos shékels) (U$S 16.000). El dinero constituyó una indemnización por la ofensa y la angustia que les provocó el hecho de que la municipalidad no hubiera logrado quitar seis de estos letreros "de recato" que les transmiten a las mujeres un mensaje de acoso y amenaza. En el juicio, nos representó con gran destreza el abogado Orly Erez Likhovski, del Israel Religious Action Center (IRAC).

Tomamos estas medidas luego de haber acordado en que los letreros de recato habían creado un clima que estaba provocando incidentes de acoso sexual de mayor descaro, tal como las escupidas y los insultos ("ramera" y "puta"), y que se había intensificado hasta llegar a un patrón amenazador en el que se apreciaban desvergonzadas agresiones físicas. Las cuatro de nosotras habíamos experimentado muchos incidentes de acoso y agresión a lo largo de los años, junto con nuestras hijas y nuestras amigas. Nuestra necesidad de tomar cartas en el asunto se volvió urgente en el mes de junio del año 2012, después de que una mujer llamada Vered Daniel, mientras llevaba en brazos a su hija, fuera agredida por una pandilla de hombres jaredíes que empuñaban unos palos, porque consideraron que estaba vestida con muy poco recato. La atacaron a tan solo unos metros de donde se encontraba uno de los letreros que se incluyeron en nuestra demanda.

Aunque la ciudad intentó quitar dos letreros sin demasiado entusiasmo, fueron sustituidos de inmediato, y han quedado allí desde entonces.

No es fácil decir cuál fue el aspecto más insultante de la conducta de la municipalidad llevada adelante por el alcalde Moshe Abutbul: el hecho de que fueran completamente ignorados nuestros repetidos ruegos para que quitaran los letreros, incluso luego de haber presentado una carta redactada por nuestro abogado o, al ser demandados, los débiles argumentos que se presentaron para defender sus acciones. La ciudad dijo que no se deben quitar los letreros dado que seguirían apareciendo en su lugar, ¿y que sería imposible poder contener físicamente los disturbios en masa que se producirían luego de quitarlos? (Proviniendo de un grupo de ultra-ortodoxos que nunca pasaron ni un día en el entrenamiento militar básico y que no se los conoce particularmente por su destreza atlética). Esta declaración fue un insulto a nuestra inteligencia, y a la de la justicia.

Pero creo que el mayor insulto de todos fue lo que alegó el abogado y vocero de la ciudad, que el costo a la propiedad de la cuidad era muy grande como para arriesgar. No dejaban de citar un incidente que sucedió hace años cuando algunos alborotadores de la municipalidad incendiaron un vehículo municipal mientras trabajadores de la ciudad quitaban un letrero. El contraponer la seguridad y los derechos fundamentales de las mujeres al costo de un camión usado, y considerar más valioso el camión, ya es el colmo.
Tras la victoria que alcanzamos, algunos nos han criticado por haber despilfarrado un dinero público de enorme importancia para indemnizar una ofensa personal. Puedo decirles que los 60.000 nuevos shékels ES una miseria frente a los millones que desperdició nuestra municipalidad, que cada una de nosotras las demandantes estamos sumamente involucradas en diversos proyectos municipales en los que no se lucra, y que luego no hay duda de que todo el dinero será destinado a buenos propósitos públicos.

Pero la respuesta que me reservé para quienes nos critican es la siguiente: la discriminación y la violación de los derechos cívicos fundamentales supone un gran costo para la sociedad, y un gobierno municipal que tolera tales violaciones tiene que pagar. El dinero que se le ha ordenado pagar a la municipalidad de Beit Shemesh no es más que una ínfima parte del verdadero precio de su conducta.

Muchos simpatizantes me llamaron el domingo luego de hacerse pública nuestra victoria judicial, pero toda sensación de festejo y de alivio por haberse hecho justicia está teñida de tristeza. Este caso nunca debería haber llegado a la justicia.

Nuestro caso consistía en algo mucho más que simplemente la incapacidad que tuvo la ciudad de hacer cumplir las leyes administrativas que prohíben estos letreros. El alcalde Abutbul falló en un aspecto mucho más profundo y mucho más fundamental de la decencia humana en general, de proteger al débil de las amenazas violentas y del acoso, de haber descuidado los derechos básicos de las mujeres y de las jóvenes de esta ciudad. Constituyó un delito imposible de perdonar.

Y ninguna cantidad de dinero, ni 60 mil shekels ni 60 millones de shekels, puede compensarlo verdaderamente.

Fuente: Haaretz.com


Traducción al español: Rodrigo Varscher

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