“Universitarios”, una reflexión alternativa.

Este artículo es en respuesta a la editorial de Ianai Silberstein titulada “Universitarios”.

 Son algunas preguntas que me hago y que - en el mejor de los casos - propiciarán un diálogo sobre un tema que no cesa de interrogarnos. Cabe destacar que mi análisis está influido por la lectura de un autor que considero
fundamental para pensar nuestro mundo contemporáneo, el sociólogo Gilles Lipovetsky, especialmente su libro “La era del vacío”.

Hace años que en la “colectividad” asistimos a fracasos consecutivos respecto a marcos y actividades para esta edad. La carencia de contenidos de los programas podría resultar "atractiva" a primera vista, pero la superficialidad y falta de significado es el mensaje que la gente se lleva al asistir a esos eventos: si estás entre judíos, es suficiente. Es un error garrafal, y una subestimación flagrante de los universitarios, gente que está con ganas de empaparse de mundo, de vida y de experiencias novedosas, por fuera de la asfixia segura que nuestro modo de vida guetizado ha instalado como patrón.

Pienso que cualquier programa que aspire a la masividad está rotundamente condenado al fracaso. Como destaca Lipovetsky, la era de los proyectos colectivos ya pasó, y no hay proyectos universales ni que exijan un involucramiento e implicación total al modo de antaño. Hoy hay micro-grupos de intereses específicos, con un compromiso soft y a medida de las posibilidades del usuario: procesos de personalización por todos lados. Hay proyectos de ecologismo, gastronomía, estética, etc, pero todo de manera light, y con el interés común como punto de partida (antes era el punto de llegada quizá). Los grupos de Facebook lo ilustran perfectamente. Pertenecer no implica un sacrificio, una revolución, un patrón de vida: implica un click. La gente pone que asiste a un evento, pero luego no lo hace, ya que no hay coerción para ello, ni interna superyoica ni externa-autoritaria. La Revolución por un lado, y el paternalismo autoritario por otro, están en su ocaso.

En todas las instituciones, no solo en las judías, la crisis es similar: los edificios no pueden ser llenados con jóvenes, porque no hay un anzuelo que pesque a la mayoría. Dentro del marco judío, algunas instituciones han “importado” la filantrópica idea de "comprar" jóvenes a cualquier precio, sin mayores escrúpulos. ¿Resultado? Nulo.

¿Nada funciona? Claro que sí: funciona lo que está des-institucionalizado, lo que transcurre en lugares "neutrales", lo que no implica un compromiso ni una evangelización. Funciona lo que, siendo funcional al sistema, se presenta como alejado de su lógica. Estoy organizando con unos amigos un ciclo de literatura y psicoanálisis, y está teniendo un éxito considerable: llenamos todas las noches, y la gente se va contenta. Pienso que la explicación radica no solo en la propuesta que es original, ni en que los nombres de los escritores son notorios, sino esencialmente en el lugar que transcurre: un pub. Sin demasiado acartonamiento ni solemnidad.

¿Cómo lidiar con esta situación desde lo judío entonces? Van algunas impresiones: Primer nota: quizás teniendo actividades en lugares por fuera de los monolitos institucionales, los jóvenes puedan asistir con mayor soltura. ¿Qué pasa si a esos lugares asisten no judíos y se enganchan, etc? Bueno, esa situación es cotidiana,
constantemente los judíos están conociendo no judíos, y no por eso terminan todos asimilados. De hecho, abrir la cultura judía a no-judíos creo que es lo más "sano" que podemos hacer como colectivo que se encuentra seguro de sí mismo y orgulloso de sus raíces. ¿Acaso antes de la mudanza masiva a Pocitos y sus escuelas privadas los judíos no iban todos a escuelas públicas? ¿No invitaban a la Bar Mitzvah a los compañeritos gentiles, quienes se alegraban de lo bien que iban a comer? ¿Por qué andar escondiéndonos detrás de amenazantes maceteros y adolescentes tardíos vestidos de traje oscuro? Eso tiene su dialéctica: engendra paranoia y suspicacia de parte de los que son ajenos al colectivo.

_Por otro lado, comparto con Ianai algo en lo que insisto hace tiempo en mis clases: narrativas. Si la narrativa está trabajada la asimilación tiene menos espacio. Somos nuestra propia narración, y si uno de los hilos conductores resulta que se llama judaísmo, la pertenencia sigue siendo un pilar. Es básico, pero efectivo. ¿Qué pasa con esos que no tienen esa narrativa trabajada?Pienso que habría que hacer más énfasis en la cultura judía, desde un enfoque más amplio  y no religioso; aquél que quiera religión podrá buscarla en los lugares apropiados, pero si alguien no la quiere, ¿tiene dónde formarse? Hablo de jóvenes. El evento que organizamos llamado “Joseph: el lado judío de BobMarley” ilustra a lo que apunto: uno se puede apropiar de la cultura judía a través de enganches poco usuales, pero efectivos, vía temas que le interesen a grupos específicos.

No habría que tener miedo de hacer propuestas intelectualmente desafiantes; hay que ofrecer narrativas, y que cada uno haga con ella lo que le plazca. No hay que apuntar al proselitismo, en cualquiera de sus formas: si nos ponemos a jugar el partido religioso, perdemos por goleada. Hay que jugar en la cultura, área donde podemos tener mucha más llegada frente a los jóvenes, siempre que se ofrezca atractiva y "hecha a medida" del usuario. Si logramos transmitir algo tan fundamental como el convencimiento de lo inagotable de la cultura judía, que compita con la sobreabundancia de estímulos a los que nos sometemos constantemente, los agrupamientos de jóvenes con sed vendrán solos.


Si quieren leer la editorial cliquee aqui: http://www.tumeser.com/-/component/content/article/39-editorial-actual/1268-universitarios



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