Iom Haatzmaut: la versión oficial.

Hace once años coincidimos en Israel con la fecha de Iom Hazikaron y Iom Haatzmaut: el Día en Memoria de los Caídos en guerras y atentados y el Día de Independencia. Recuerdo que la sobredosis televisiva de notas e informes luctuosos me abrumó. También recuerdo muy bien la algarabía desatada en las calles de Kfar Saba vestida de azul y blanco en banderas y pancartas y de amarillo por los martillos de plástico que blandían niños y no tanto. La foto imantada de aquel día aún ocupa un sitial de privilegio en nuestro hogar.

En 2015 Israel cumplía sesenta y siete años de su Declaración de Independencia y ya se parecía mucho menos a la que había sido cuando nació o cuando cumplió treinta o cuarenta años. Arrimándose a su séptimo decenio Israel ya no era socialista ni pobre ni frágil; era burguesa, rica, y consumista. Además, la percepción es que era todopoderosa: las amenazas estaban controladas, la tecnología ofrecía un colchón de seguridad. No había talón de Aquiles.

#Oct7 de 2023 probó que efectivamente había tal talón de Aquiles: el pecado griego de hubris.

Aplicación mediante este año 2026 pude ver en directo la trasmisión de la ceremonia oficial del Día de la Independencia desde mi casa en Montevideo. Por razones de agenda personal no vi las veinticuatro horas anteriores de pérdida y luto, de memoria y heroísmo, aunque hay que admitir que subyacieron a lo largo de toda la ceremonia; lamentablemente, empañadas por el fuerte contenido propagandístico electoral del evento. El mismo no estaba ‘teñido’ de un tinte electoral: estaba descaradamente construido sobre una retórica inequívoca.

Hubo una ceremonia alternativa de encendido de antorchas en Tel-Aviv.

Que el Presidente de Israel no participe en el acto oficial es una cuestión de protocolo con la que me permito disentir. Esa tradición abre las puertas de par en par para que el acto se convierta en un hecho político. Que el Primer Ministro haga un discurso ‘de campaña’, en ese contexto, tampoco sorprende, aunque el descaro y la manipulación retórica fueron groseras. Más aún el discurso del Presidente de la Kneset: una acumulación de clichés del acervo sionista más básico, completamente ajeno a la coyuntura actual.

Algunos de los honrados en encender una de las doce antorchas intentaron trascender el rol político electoral por el cual fueron designados y tanto ellos como sus palabras representaron lo mejor de Israel; otros fueron ostensiblemente demagógicos, como el Presidente Milei. Nada tenía que hacer ocupando ese momento culminante de la ceremonia. Hay que reconocer, nobleza obliga, que Sara Netanyahu encendiendo una antorcha hubiera sido una bofetada a por lo menos medio país, y eso no sucedió, aunque fue un asunto largamente debatido y resistido.

Un párrafo aparte merece el tema de los rehenes. No sólo se asoció el rescate de los rehenes en Entebbe en 1976 con el ‘rescate’ (en realidad, no se rescató uno solo) de los rehenes de Gaza; también se usó la imagen icónica de Ioni Netanyahu Z’L, hermano del actual Primer Ministro, héroe y único caído en aquella operación. El asunto Entebbe se resolvió en pocos días; los veinte últimos rehenes en Gaza fueron liberados tras dos años de cautiverio. Su sombra pesó sobre Netanyahu todo ese tiempo y su desconsideración sobre el asunto fue ostensible y dolorosa. Si hubo un golpe bajo en el Acto oficial, fue ese manejo caprichoso de la historia reciente.

A pesar de todo, hubo momentos en que me embargó la emoción. Aun a sabiendas de las obvias intenciones políticas del Acto, aun cuando entre los artistas sólo reconozca al octogenario Yehoram Gaon, hay testimonios, frases, e imágenes que evocan mi sionismo más básico, más infantil, más inocente, y más idealista. Ese que quiere creer que la creación del Estado de Israel es en efecto ‘el comienzo de nuestra redención’. Ese que cree que las próximas elecciones pueden ser el comienzo de una reparación (tikún) nacional inminente e imprescindible. Ojalá.

Al cierre del documental ‘Epílogo’ sobre David Ben-Gurión el periodista le pregunta: “¿Cree usted que Israel está llevando a cabo su misión de ser un pueblo ‘único’/’elegido’/’predestinado’ (Am Segula)?” Ben-Gurión contesta: “Aún no”. Lo cual me recuerda la frase del Rambam sobre la llegada del Mesías: «Creo con fe absoluta en la venida del Mesías; y aunque se demore, espero todos los días su venida.» Sea de un líder judío del siglo XII o un líder judío del siglo XX, el espíritu de esperanza y superación, tal como cantamos en el himno nacional de Israel, sigue vigente. Por eso, a pesar del Acto ‘oficial’, espero todos los días un Israel que se parezca más a mi concepción profundamente judía, humanista, y liberal.

Tal vez el año próximo en Ierushalaim.