Introducción a la «Gazaología»

Matti Friedman, The Free Press, 21 de abril de 2026

Los orígenes de esta tesis se remontan a una reciente visita al estante sobre el Medio Oriente de una librería de Washington, D.C., durante un viaje desde mi domicilio en el Medio Oriente real. Me estaba tomando un breve descanso de la historia que he estado viviendo y cubriendo en Israel durante tres décadas, y de las tragedias que se han convertido en rutina para los israelíes y para nuestros vecinos desde la guerra que comenzó el 7 de octubre de 2023.

Como un veterano habitué de las librerías en los países occidentales, sabía que casi cualquiera de ellas ofrecería algunos títulos sobre los males del sionismo y de Israel, un género venerable en la izquierda marxista. Pero esta vez me encontré con un cambio: la guerra de Gaza había inspirado una proliferación tan intensa de estos títulos que ahora ocupaban gran parte de un estante. Noté el mismo fenómeno en otras librerías de otras ciudades, donde de repente parecía haber más libros sobre “Gaza” y “Palestina” que sobre el resto de todo el mundo árabe combinado. La humanidad ahora habitaba una nueva era, según uno de los títulos, “The World After Gaza” (El mundo después de Gaza). El título de otro rezaba “The Destruction of Palestine Is the Destruction of the Earth” (La destrucción de Palestina es la destrucción de la Tierra). Y también estaban “Gaza: The Story of a Genocide” (Gaza: La historia de un genocidio) y “Palestine and Feminist Liberation” (Palestina y la liberación feminista), y muchos más ejemplos en la misma línea, con una plétora de otros a ser publicada. Había nacido un nuevo género literario.

La guerra de Gaza fue librada a una distancia de dos horas de automóvil de mi casa de Jerusalén por personas que conozco, y se cobró la vida de varias de ellas. Leer las contratapas de estos libros me causó la impresión de la existencia de un género tan relacionado con el territorio real de Gaza como las novelas de Dune están relacionadas con el programa espacial real de la NASA. Pero no se trataba de trabajos marginales sin importancia. Entre sus autores había quienes recientemente habían ganado el “National Book Award” (Premio Nacional del Libro de Estados Unidos), el Premio Pulitzer y otros reconocimientos de índole similar.

Después de sucesivas lecturas en los meses siguientes, llegué a pensar en el género como “gazaología”. Con este término no me refiero al estudio del territorio real de Gaza o de la terrible tragedia humana causada por la ofensiva de Hamás del 7 de octubre y por la respuesta israelí en la guerra que siguió: vastas extensiones de Gaza destruidas, decenas de miles de civiles muertos junto con decenas de miles de combatientes, y réplicas causadas en todo el Oriente Medio. No, la “gazaología” no tiene que ver con reportajes, y la mayoría de quienes la practican no están ni en Gaza ni en Israel, ni siquiera cerca de allí. Se trata de un género literario occidental, con sus propias reglas, alegorías y objetivos.

Es probable que, en los próximos años, gran parte de la cultura, el periodismo y la política occidentales deriven de estos libros y de la ideología detrás de ellos. A los estudiantes de disciplinas que van desde la antropología hasta la medicina se les asignarán estos trabajos y se les invitará a ver los problemas del mundo a través de la lente de “Gaza”. Es por esta razón que el género es importante, ya que realiza tres afirmaciones centrales.

En primer lugar, que la guerra en Gaza no es una respuesta al ataque del 7 de octubre, que, o bien no era importante o bien estaba justificado, y que en cualquier caso no estaba relacionado ni con la fe ni con la ideología de los atacantes o de los cientos de millones que los apoyan en todo el mundo islámico.

En segundo lugar, que no se requiere experiencia de primera mano, habilidades lingüísticas, conocimientos militares o incluso proximidad para un autor que trabaje en el género, porque todos los hechos relevantes son incontrovertibles y están disponibles en línea.

Y, por último, y lo más importante, la gazaología se basa en la idea de que la guerra de Gaza no es únicamente culpa de Israel, una mala decisión o incluso un crimen, sino que es la puerta de entrada al tenebroso funcionamiento del mundo.

Es en este último punto que un lector vislumbra la fuente de energía que alimenta el género. La gazaología es una literatura acerca de la malignidad judía. Sus orígenes no se encuentran en el periodismo o en la investigación académica sino en las pseudociencias que han surgido a lo largo de los siglos para explicar los problemas de la humanidad con relatos sobre la malevolencia de los integrantes de este pueblo.

Cuando empecé a trabajar como corresponsal para la prensa internacional en Israel hace 20 años, me sorprendió encontrarme participando en una cobertura guiada menos por la curiosidad que por las ideas activistas que entonces cobraban fuerza en la izquierda occidental. Una de estas ideas, común en la propaganda soviética y en los círculos marxistas desde la década de 1970, retrataba al estado judío como la principal encarnación de los males de Occidente, en particular el imperialismo, el racismo y el militarismo, cuando no el apartheid y el genocidio. Un proceso similar de captura ideológica estaba evolucionando en esos años en gran parte del aparato narrativo de Occidente: la academia, los grupos de derechos humanos, las Naciones Unidas, las publicaciones, todo ello fusionándose para crear una burbuja de información que inflamaba la opinión pública al tiempo que hacía que el mundo real fuera cada vez más difícil de entender.

Yo ya tenía una idea de cuál sería uno de los resultados. En 2014, después de dejar mi trabajo como corresponsal de Associated Press, escribí dos ensayos que describían lo que había visto y advertían que el tipo de periodismo que se estaba produciendo “ponía al descubierto el resurgimiento de un viejo y retorcido patrón de pensamiento y su migración desde una corriente marginal a la corriente principal del discurso occidental, específicamente una obsesión hostil contra los judíos”. Poco más de una década después, el estante sobre gazaología demuestra que la migración se ha completado. Estas ideas alarmantes ahora son aceptadas por muchos como tan obvias que ya no requieren ser defendidas.

Es tentador burlarse de estos escritores como los nietos de quienes profesaban la frenología. Sería honesto señalar la pésima calidad de la investigación, lo pobre de la escritura, lo evidentes que son las patologías involucradas. Pero descalificarlos e ignorarlos sería un error. Se trata de una ponzoña muy antigua y potente. Y muestra todas las señales de estar funcionando.

Traducción: Daniel Rosenthal