De Amán a Jameini

En el epílogo de su obra ‘La Historia de los Judíos’ Paul Johnson escribe, entre otros conceptos:

No hay nada a lo que pueda denominarse providencia. Pero la confianza humana en la dinámica histórica, si es intensa y lo bastante tenaz, constituye en sí misma una fuerza que presiona sobre el curso de los hechos y los impulsa. Los judíos han creído que eran un pueblo especial y lo han creído con tanta unanimidad y tal pasión y durante un período tan prolongado que han llegado a ser eso. Han tenido un papel porque lo crearon para ellos mismos.

Siempre me ha quedado resonando este cierre que cito más arriba. Mi intento de parafrasear su concepto sería así: la historia judía recoge la auto-percepción judía desde la Antigüedad hasta nuestros días. Los hechos existen, pero son lo de menos; el fin es explicar el sentido de nuestra existencia., Somos nuestra historia, aun cuando hayamos soslayado ese género durante dos mil años. Apenas tuvimos oportunidad, hemos vuelto a escribirla. En eso estamos.

La coincidencia de la eliminación del Ayatolá Jameini en Irán (ex Persia) coincide con la celebración de Purim en el calendario hebreo, cuando se conmemora la muerte del ‘malvado’ Amán y la salvación de los judíos persas de su extinción. Cualquier semejanza con la actualidad, ¿es casual? Más allá de puntualizaciones históricas (los judíos ya no estamos en Persia, no hay un rey a quién convencer o seducir-aunque muchos asocien a Nabucodonosor con Trump-y el triunfo no es por retórica sino por fuerza), es muy tentador y significativo construir el paralelismo entre acontecimientos que tienen dos mil quinientos años entre sí.

Se puede decir mucho sobre la reina Ester y su tío Mordejai y sobre el ambiguo desarrollo argumental del Libro de Ester. Una cosa es indiscutible: esos judíos tomaron el destino en sus manos. A diferencia de sus antepasados que salieron de Egipto por ‘el brazo extendido’ de Dios (eso será en un mes; es otra historia fascinante, nunca confirmada, y sin embargo, nos funda). De igual modo, se puede decir mucho de Netanyahu y sus huestes: con no poca retórica pero con el brazo de las FDI extendido, los judíos ‘volvemos’ a tomar nuestro destino en nuestras manos. Eso, en términos actuales, se llama ‘sionismo’: es una versión actualizada del judaísmo. No que las anteriores no sean compatibles…

Si el enemigo supo cuándo golpear por haber estudiado nuestra historia, ¿por qué no sabríamos nosotros cuándo hacerlo pero sobre todo, valorar el momento y la oportunidad, permitirnos el momento simbólico de un hecho sin precedentes? No siempre es posible. Cuando sí lo es, no lo desperdiciemos.

Los nazis sabían que destruir los libros judíos (Kristallnacht 1938) era un golpe letal al judaísmo. Sadat sabía que atacar en Iom Kipur era un golpe letal a Israel. Sinwar lo supo en Simjat Torá, #Oct7. Dudo que el Ayatolá Jameini y sus huestes estuvieran pendientes de Purim, pero seguramente Bibi, con su legión de acólitos, sabía del asunto. Como buen heredero de su familia, hizo más referencia al león rugiente de Trumpeldor que a Purim pero bueno, todo no se puede.

En definitiva, más allá de nombres y hechos, todo ha sucedido en vísperas de Purim y la historia, si no se repite exactamente, se parece mucho. Es obra de miles de anónimos volando los aviones y cuidando la infraestructura; todos ellos quisieran estar en casa celebrando Purim y bebiendo hasta desdibujar la realidad. Este año no ha sido posible: tocaba ejecutar Purim, no celebrarlo.

Desde #Oct7 (2023) si no desde antes, he sostenido que, después de casi ochenta años casi irreales en términos de historia judía, nos ha tocado volver a vivir un tiempo desafiante y peligroso. #Oct7 dejó vulnerable, herido, y traumatizado a Israel y expuesto a todo el pueblo judío. Después de un largo siglo de redención nacional y religiosa, estamos siendo cuestionados hasta los cimientos, como pocas veces desde el siglo I EC. Estamos siendo protagonistas de la peor parte de la historia judía, una parte (la más larga) que creíamos haber dejado atrás. El ‘3er Templo’, Israel, está amenazado; nuestra forma de vida, está amenazada; y nosotros mismos hemos sucumbido a la misma dinámica divisoria que contribuyó al desastre dos mil años atrás.

Aun así, podemos no sólo celebrar Purim, sino vivirlo. Está sucediendo. Nuestros vivas y abucheos no son por hechos del pasado remoto (que obstinadamente, como señala Johnson, nos empeñamos en traer al presente) sino por hechos que suceden ante nuestros ojos, llevados a cabo por nuestros líderes (nos gusten mucho, poco, o nada) y por nuestros hermanos e hijos. Es un Purim muy especial este de 5786. Muy especial, muy en serio. Un Purim para recordar dentro de dos mil quinientos años.

Porque esto es historia judía, esto es identidad, y nos está sucediendo a nosotros, ahora.

Jag Purim Sameaj! (a pesar de todo)