Cuando el antisemita discrimina

Lic. David Telias, especial para TuMeser, 14 de diciembre de 2025

En estos días se están cumpliendo sesenta años del cierre del Concilio Vaticano II y la declaración Nostra Aetate, mediante la cual la Iglesia Católica eliminó de su teología el falso relato del deicidio y reconoció al pueblo judío actual simplemente como uno más de aquellos que no reconoce en Jesús un carácter divino. Aún más, como dijera Juan Pablo II unos veinte años después, reconoce en los judíos a sus “hermanos mayores”.

Lo mejor de aquel Concilio es que no se quedó en meras declaraciones, sino que promovió el diálogo inicialmente entre católicos y judíos, al que luego afortunadamente se unieron otras confesiones cristianas y, en algunos lugares del mundo incluso movimientos musulmanes se sumaron a este diálogo.

Uruguay, cuya sociedad “amortiguadora” al decir de Carlos Real de Azúa, se construyó desde el amalgamiento de la diversidad, fue una adelantada al respecto, y creó la Confraternidad Judeo-Cristiana del Uruguay (CJCU) ya en 1958, cuando quizás de aquel Concilio, que arrancó en 1962, ni se hablaba todavía.

Además, esta CJCU integró desde el inicio a todas las corrientes cristianas y judías que quisieran sumarse, por lo que no fue solo un encuentro entre la Iglesia y una de las sinagogas judías uruguayas, sino entre cristianos y judíos directamente. Todos podían tener allí su representación.

Muchas cosas positivas se han logrado en estas seis décadas; el poder dialogar con franqueza solo puede ser siempre positivo. Pero lamentablemente estamos muy lejos de que sea perfecto. Porque sesenta años de respeto nunca serán suficiente para cambiar casi dos mil años de discriminación.

En estos días de diciembre, cargados de significados históricos y espirituales para el mundo cristiano, año tras año vemos como se cuelan de alguna forma las ideas preconciliares, y se mira al mundo judío todavía con la mentalidad de los “asesinos de Cristo”.

El año pasado le ocurrió incluso al papa Francisco que, probablemente en un desliz de senilidad, se olvidó del Concilio y borró de un plumazo todo el vínculo histórico que el judaísmo tiene con el nacimiento de Jesús. Escribí sobre ello en aquel momento, así que no voy a volver a hacerlo; a quien le interese lo puede ver en  https://tumeser.com/2024/12/09/ni-olvido-ni-perdon/.

En estos días quienes se olvidaron del Concilio y sacaron a relucir toda su carga antisemita histórica son los miembros, o sus líderes al menos, de la Iglesia Metodista en Uruguay, significando en su pesebre que la única tragedia del mundo que les conmueve es aquella en la que se puede identificar al judío como victimario, como símbolo del mal, tal como se le describía en los libros de catequesis y relatos parroquiales preconciliares.

Elaboraron un pesebre en el que denuncian la miseria en Gaza, las ruinas entre las que el puñado de cristianos que allí quedan deberá pasar esta Navidad. La imagen es muy poderosa.

En la explicación que mediante carta dio a la CJCU el Pastor Adriano Frattini arguye que la idea de este pesebre tan especial es porque quisieron significar que es “para las situaciones existenciales menoscabadas que nace Jesús”.

Por lo visto, para el Pastor Frattini y su Iglesia, la única situación existencial menoscabante que hay en el mundo es la de Gaza, porque es la única palabra textual que está representada en la imagen junto con Belén. Generando también una distorsión de la realidad histórica, como hizo el Papa Francisco el año pasado, asociando de alguna forma a Gaza con la historia de un Jesús que nunca pasó por ahí.

O si lo que intenta decir es que hoy Jesús nacería en Gaza, hay que aclarar que para eso debería estar permitido allí la presencia judía. Pues Jesús era judío y, salvo que alguna embarazada ingrese con el ejército, hoy ningún judío podría nacer en Gaza.

Y aún más, en su carta habla de “apertura a la realidad” y que “cuando miramos con dolor imágenes de lugares destruidos como Gaza…. no podemos menos que sentir, que para ese dolor nace Jesús”.

Parece que la “realidad” del Pastor Frattini y su Iglesia Metodista es un poco estrecha.

Nunca se les ocurrió dedicar un pesebre a los catorce millones de víctimas de la guerra civil de Yemen, la mayor tragedia humanitaria del mundo en este momento. Tampoco a los tres millones de víctimas de la guerra en Siria con casi quinientos mil muertos. Podría seguir con Sudán o la interminable guerra en el Congo y no menos de veinte conflictos más, incluyendo Ucrania por supuesto.

La “apertura a la realidad” de la Iglesia Metodista del Uruguay tampoco se enteró de la persecución sistemática a los cristianos en el mundo islámico desde el nacimiento mismo de estos Estados. Solo como ejemplo, en Siria el 14% de la población era cristiana y hoy apenas llega al 1%. En el Líbano se pasó del 53% al 32% luego de la guerra civil que comenzó en 1975 y de la que en gran parte fueron responsables instigadores los palestinos allí exiliados. O en Irak que pasó del 12% al 0.2% actual.

El año 2025 tiene una cifra récord de cristianos asesinados por el mundo en persecuciones o conflictos religiosos: siete mil quinientos. Ya no víctimas colaterales del problema como puede ser alguno que haya muerto en Gaza en estos dos años, sino víctimas directas del islamismo. Me podría extender hablando del Boko Haram o de las milicias islamistas de Sudán y lo que le está haciendo a la población no musulmana, entre ellos muchos cristianos.

Sin embargo la única palabra que se representa en ese pesebre es “Gaza”. La única “realidad” que ve el Pastor Frattini para representar que Cristo nace allí donde hay miseria es el conflicto Palestino – Israelí.

¿Habrá algún otro motivo para ello que no sea el hecho de que hay judíos involucrados en esa miseria?

Pastor Frattini, a diferencia suya, a mí me duelen las víctimas de Gaza, me estrujan el corazón y como sionista me enfrentan a un dilema ético tremendo. Pero esta guerra no la empezó Israel. No la empezó en 1921, en 1936, en 1948 ni en 1967. Mucho menos el 7 de octubre de 2023. La empezaron los mismos que hoy persiguen cristianos por el mundo, que los echaron de Siria, Irak, Líbano, la propia Gaza y Cisjordania.

Israel es el único país en el Medio Oriente en el que los cristianos celebran Navidad en libertad. El único país en el que el Estado preserva los lugares santos del cristianismo como la Iglesia de la Natividad, el Santo Sepulcro y los cientos de conventos e iglesias históricas que hay por todo el país de todas las denominaciones cristianas. Israel es el único país del Medio Oriente en el que desde 1975 a la fecha la población cristiana se ha al menos duplicado, algunos dicen triplicado.

Pero para usted, la única tragedia humana digna del renacer de Jesús es la de Gaza.

Si eso no es antisemitismo, en honor a los casi setenta años de diálogo judeo-cristiano en Uruguay del que su Iglesia ha formado parte, le doy la chance de que dé otra explicación o que, como cristiano, se arrepienta.