Janucá 5786
La «Pistola de Chejov» es un principio narrativo que establece que cada elemento en una historia es necesario y relevante: si un arma aparece colgada en una pared al principio, debe dispararse en algún momento.
El atentado antisemita y asesinato en masa en Bondi Beach, Sídney, Australia cumple estrictamente con ese principio. Si sucedió allí, puede suceder en cualquier lugar del mundo.
Janucá es probablemente la festividad más pública del pueblo judío. Se nos alienta a encender las luminarias en las ventanas para llenar de luz el mundo. La iniciativa de encender candelabros en actos públicos se ha extendido en todo el orbe.
La ‘pistola de Chejov’ en este caso no es ni más ni menos que la onda expansiva de antisemitismo cuya excusa fue la reacción a aquel #Oct7, un acto virulentamente antisemita de por sí y con consecuencias devastadoras.
En #Oct7 la ‘pistola de Chejov’ no fue metáfora; fue realidad pura, dura, morbosa, y sangrienta.
La ‘pistola de Chejov’ sigue colgada en distintas partes del mundo a la espera que alguien la dispare. Tal como concibió el concepto el propio Chejov, su ‘pistola’ no tiene nada de superfluo: le da la oportunidad a los grandes odiadores de la humanidad a desatar su odio: matar judíos.
Hoy la Humanidad está llena de ‘pistolas de Chejov’ en manos de las personas equivocadas dispuestas a cumplir el principio literario que el dramaturgo ruso acuñó para explicar la construcción de un drama.
El drama está ocurriendo ante nuestros ojos. Parecería que nadie escapa del vicioso círculo de la muerte. Tal vez por eso, precisamente por eso, este Janucá que empieza hoy debe arrojar más luz que nunca en la oscuridad.
A pesar de todo, Jag Urim ‘Sameaj’.