Dror Or Z’L

Volvió Dror Or, Z’L.

No volvió vivo, sino para ser sepultado en su tierra. Literalmente, la suya, Kibutz Be’eri.

Los judíos tenemos una obsesión bíblica con los nombres: los nombres significan.

El caso de Dror Or es paradigmático: Dror es ‘libertad’, Or es ‘luz’.

Libertad y luz, la causa de los rehenes durante dos años, contenida en una foto que dio vuelta al mundo, en un nombre que es poesía.

‘Toda persona tiene un nombre’ escribió la poetisa Zelda e inmortalizó Java Alberstein en una canción.

(https://open.spotify.com/track/7zWvATtfoTFO71r5SWyuQe?si=zt8w5qDmRkiC-u2E6BQUNQ)

‘Un nombre dado por Dios, por sus padres, por sus enemigos, y por su muerte.’

Al decir de Borges, Dror Or fue ‘engendrado’ para la libertad y la luz; a diferencia de Borges, su destino no estuvo en sus manos. Fue víctima de Hamas. El remordimiento queda con nosotros.

Al día de hoy quedan dos rehenes asesinados por volver. A pesar del escepticismo de muchos, el acuerdo ha venido cumpliéndose. No que sea porque Hamas honre el acuerdo sino porque ha sido forzado a ello. Como sea, está sucediendo.

Atrás quedan los dos peores años de la historia del Estado de Israel.                                                                  Por delante queda un futuro tan incierto como ambiguo.

No todo está en nuestras manos. El enemigo está neutralizado pero Amalec nunca desaparece.

También debemos lidiar con nosotros mismos: aunar nuestros valores y prioridades.

Dror Or señala con su luz un camino de liberación. Su nombre resume nuestra razón de ser.