Itzjak Rabin Z’L – 30 años
Este 4 de noviembre se cumplen treinta años del asesinato de Itzjak Rabin a manos de Igal Amir.
Por aquellos años un tal Itamar Ben-Gvir celebró el hecho. Hoy ostenta un poder impensado en Israel.
La Historia no puede contarse en modo contra-fáctico: qué hubiera sucedido si… sólo puede contarse tal como fue, con las variables que introducen los puntos de vista, las ideologías, y la información.
Cuando Israel se vio sacudida por el peor enfrentamiento civil de su historia en 2023 en torno a la Reforma Judicial, previo a #Oct7, escuché que alguien ubicaba la génesis de la situación que ahora explotaba en el asesinato de Rabin en 1995.
Anoche (sábado, después de Shabat) el rehén Gadi Mozes dijo en el Acto central en la Plaza Rabin en Tel-Aviv que ‘Rabin no hubiera dejado a nadie atrás’. El acto también dio lugar a los discursos de Lapid, Eisenkot, y Golan. Se vienen elecciones en Israel. Es inminente y es necesario.
Sólo podemos saber, con certeza, que el disparo de Igal Amir cambió la Historia. Pero no podemos saber cómo.
Con la desaparición de Rabin desapareció la credibilidad y el liderazgo del campo de la Izquierda, se apagó el proceso de Oslo, Peres nunca pudo sustituir a su ‘socio’, y se inició el tiempo definitivo de ‘la Derecha’; una Derecha todavía moderada y pragmática. La Intifada y los palestinos hicieron el resto. Por eso Rabin simboliza ‘la paz’. Porque después de él algunos se atrevieron a jugarse por la paz pero nadie pudo concretar nada ante la negativa palestina.
Comenzó el irresistible ascenso de Bibi Netanyahu y conceptos como el ‘statu-quo’, la ‘Start-up Nation’, y la amenaza iraní. De ‘paz’, Ocupación, palestinos, democracia… nada. En los hechos, Rabin supuso el final de la alternancia del poder en Israel. Desde entonces es Bibi en cualquier combinación posible y afín a sus intereses del momento.
Rabin no hubiera estado vivo en 2023. En todo caso, habría cumplido 101 años. Conjeturar qué hubiera hecho, cómo hubiera actuado, es manipulación ideológica. Dejemos a Rabin como símbolo de los ideales que abrazó en su última etapa política, cuando optó por la negociación en lugar de la guerra. Sigamos honrándolo por haber mostrado ese camino aunque no haya conducido a nada.
Antes de morir David Ben-Gurión dijo que Israel debía devolver todos los territorios a cambio de paz. Su comentario no tuvo la más mínima incidencia en la realidad. Si Rabin hubiera sido testigo de la Intifada y se hubiera expedido al respecto, probablemente no tendría el crédito que tiene hoy.
Porque el último obstáculo de cualquier gobierno israelí son los propios palestinos. #Oct7 lo prueba.
Rabin fue el artífice de la Guerra de los Seis Días, de la Operación Entebbe, de Oslo. El siglo XXI cambió la Historia. No podemos saber realmente cuánto incidió el magnicidio de Igal Amir. Rabin merecía morir en su tiempo y circunstancia, no asesinado. Pero no era tan prometeico como para torcer la Historia.
Honrémoslo, pero dejemos su memoria en paz.
Israel no cambió porque asesinaron a Rabin; asesinaron a Rabin porque Israel estaba cambiando y no podíamos verlo.
Que su imagen sea un faro que alumbra desde el pasado y quiebra la oscuridad del futuro; pero hay una nueva generación a la que le toca navegar.
El problema no es que perdimos a Rabin antes de su tiempo; el problema es que Israel ha perdido su brújula.