Torá o Memoria

Pirkei Avot (El Tratado de Los Padres) es lo más parecido a un dogma que he leído en fuentes judías. En su Capítulo 1 incluye las siguientes sentencias: ganar gran número de alumnos, ser prudentes en el juicio, y construir ‘una cerca en torno a la Torá’.

Escrito y compilado en tiempos de profunda y transformadora crisis (fin del milenio AEC y comienzo del milenio EC) es un intento, bastante exitoso visto  dos mil años después, de pautar la vida judía ante los cambios de paradigmas que se vivían e intuían. En un tiempo de fragilidad era importante tener algunas certezas y verdades cuando otras caían por su propio peso.

El concepto de la ‘cerca’ o ‘muro’ o en torno a la Torá refiere a esa fragilidad. Un pueblo exilado de su tierra y esparcido en un gran imperio debía levantar esos muros metafóricos. La Torá era el ‘árbol de vida’ de una pueblo amenazado de muerte. Hoy sabemos que sobrevivió. Aquí estamos, pese a todo. Todavía hay judíos empeñados en construir muros.

La cita en cuestión me surge pensando en dos niveles: uno nacional y otro individual.

En el nivel nacional, la manifestación de los ultra-ortodoxos en Jerusalém es una interpretación bastante violenta de la exhortación de Los Rabinos; aquellos de hace dos milenios y estos de hoy. La violenta negativa al enrolamiento en las FDI es ‘la cerca en torno a la Torá’. Las multitudes de alumnos ya las tienen. El juicio criterioso es más discutible.

Israel, y en consecuencia todo el pueblo judío, ha sido sacudido hasta los cimientos. Los judíos liberales queremos más humanismo; los judíos ultra-ortodoxos más Torá. La imagen de las escaleras mecánicas que recorrió el mundo, en que ultra-ortodoxos subían hacia Jerusalém por un lado y soldados bajaban por la escalera paralela, no puede ser más elocuente. A los judíos liberales no se nos ocurre pensar en ‘cercas’: este sábado de mañana en un café sobre la playa en Tel-Aviv todos miraban al mar, al horizonte, al Oeste, de espaldas a Judea y Samaria.

A nivel del individuo, la idea de una ‘cerca’ es también un mecanismo de defensa. En la hora de crisis, el dolor, el cambio definitivo, pareciera que hay una necesidad atávica de auto-exclusión. En un mundo que se desmorona, nos aferramos al abrazo  íntimo. La felicidad se comparte, pero las pérdidas nos compelen a auto-preservarnos. Como la Torá. Porque la pérdida es tal que modifica todo el entorno, todas las certezas con las que vivíamos. Ya nada es como fue.

En definitiva, y en cualquier nivel, cuando la crisis pase ningún muro resistirá los embates externos ni nadie querrá quedar encerrado en tiempos que no volverán. Nadie podrá recuperar lo que perdió en el tiempo. Todos aprendemos a vivir nuevamente. No es mi testimonio; lo escuché de boca de Eli Sharabi, el rehén que perdió esposa, hijas, y hermano en #Oct7.

El desafío es suyo y de cada rehén, de cada israelí, y de cada judío.

Como judíos, más que cercas ‘en torno a la Torá’ construimos cercas en torno a La Memoria.