2 Años. Una opinión.
Editorial de Haaretz, 6 de octubre de 2025
Han pasado dos años desde el peor desastre de seguridad en la historia de Israel, pero los responsables siguen manteniéndose en el poder. Han pasado dos años, pero 48 rehenes, entre ellos una mujer, siguen languideciendo en los túneles de Hamás mientras que la Franja de Gaza ha sido destruida. Sin embargo, el gobierno que abandonó a sus ciudadanos en el peor escenario posible todavía sigue en el poder.
Los terroristas de Hamás son los que perpetraron la brutal masacre del 7 de octubre de 2023, pero este desastre ocurrió durante el gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu, quien sigue siendo el único funcionario de alto rango que aún no ha aceptado responsabilidad alguna. No ha renunciado – ni siquiera ha pedido perdón – y durante dos años también ha bloqueado el establecimiento de una comisión investigadora estatal. No existe un testimonio más claro de la podredumbre que se ha extendido por Israel bajo Netanyahu.
Cada ciudadano, cada legislador y cada ministro deberían preguntarse honestamente lo siguiente: ¿Qué habría pasado si este desastre hubiera ocurrido bajo el gobierno anterior encabezado por Naftali Bennett y Yair Lapid? ¿Cuántas horas habrían pasado desde el momento en que ocurrió el desastre hasta que presentaran sus renuncias? ¿Y qué habrían hecho los partidarios de Netanyahu si los miembros de ese gobierno se hubieran atrevido a permanecer en el poder?
Los ministros del gabinete de Netanyahu no solo se negaron a aceptar la responsabilidad, sino que se recuperaron rápidamente de su shock inicial y comenzaron a culpar a todo el mundo, excepto a ellos mismos. ¿Quién se salvó de ser acusado? Atacaron a altos funcionarios de la defensa, a manifestantes antigubernamentales, a la fiscal general, a los jueces de la Corte Suprema e incluso a las familias de los rehenes: todos ellos se convirtieron en blancos legítimos de su cruda virulencia verbal. Todo el mundo fue culpable, excepto Netanyahu y su gobierno.
La guerra ha continuado sin rumbo durante dos años. Los rehenes han sido abandonados. Israel se ha hundido en un aislamiento diplomático, económico y moral. Las manos del gobierno están manchadas con la sangre de decenas de miles de gazatíes. Los israelíes tienen miedo de viajar al extranjero. El país, sus instituciones y su tejido social se encuentran en etapas avanzadas de desintegración.
Todo esto ha pasado a ser la realidad en Israel, que ahora depende de los caprichos del presidente estadounidense. Si él quiere poner fin a la guerra, traer de vuelta a los rehenes y salvar a Israel de sí mismo, tanto mejor. Pero si llegara a hartarse y condena al país a continuar yendo de un fracaso a otro bajo Netanyahu, eso también sucederá.
Lo que debería haber sucedido en octubre de 2023 – la aceptación de la responsabilidad por parte del gobierno, la renuncia y el establecimiento de una comisión estatal de investigación – fue reemplazado por una larga campaña por la supervivencia política. Y el gobierno ha sobrevivido, pero el país se está muriendo. Esta es una luz de advertencia que está parpadeando. La supervivencia del gobierno demuestra cuán acostumbrados están los israelíes a escuchar la mentira de que el terrible liderazgo de Netanyahu es en realidad el mejor disponible.
El público debe despertar. Ninguna alternativa puede ser peor que un gobierno que se niega a aceptar su propia culpa por su irresponsabilidad criminal en el fracaso, descaradamente desplazando la culpa a sus ciudadanos, a sus funcionarios e incluso a las víctimas. Dos años después del 7 de octubre, ya es hora de poner fin a la guerra, traer a los rehenes a casa y liberar a Israel del castigo del peor gobierno de su historia.
Traducción: Daniel Rosenthal