#Oct7, Los Dos Años
Cuando conmemoramos el aniversario de un acontecimiento que cambió el curso de La Historia la pregunta más común es: ¿qué hacías a esa hora ese día?
El 7 de octubre de 2023 fue sábado. Amanecí para viajar. Supe por un WhatsApp que algo terrible había sucedido en Israel. Encendimos la televisión. Entre valija, bolso, y otros aprontes pude percibir el estupor, alguna corrida, la sorpresa, la inverosimilitud. Yo tenía que llegar, así que partí. Me fui solo y sola dejé a mi esposa en casa, confrontando ella sola la pantalla. Yo no tendría cabal noción de mi error, de mi ausencia, mi omisión, hasta pasado demasiado tiempo.
De modo que, porque me fui, nunca podré olvidar dónde estaba aquel día. Por unas horas, unos días, me fui no sólo de casa sino del hecho en sí. Cuando finalmente el vértigo de lo programado con mucha antelación cedió y conecté con el mundo me fui dando cuenta de la tragedia. Yo, que venía lamentándome por el deterioro democrático y social de Israel, no supe percibir que, una vez más, el golpe fatal había venido de fuera. Irán, Hamás mediante, había atacado.
Cuando a veces me pregunto cómo Israel y los israelíes han pasado estos dos años retomando una y otra vez rutinas interrumpidas en medio de ciudades evacuadas o destruidas por la guerra y el abandono, debo recordar que por no menos de quince días yo no detuve mis planes. Yo elegí vivir mi vida tal como la había planeado, aunque mi mundo, nuestro mundo, había recibido el golpe más duro en poco más de setenta años. ‘Habíamos vivido bien demasiado tiempo’ (Paul Simon, ‘American Tune’). ¿Cómo entonces puedo cuestionar el deseo de volver a bailar?
Cuando finalmente volví a casa no sólo la guerra había comenzado de lleno sino que yo fui ‘cayendo’ en la magnitud de los hechos. Seguramente no esté solo en este proceso, pero para alguien que había vivido tan dramáticamente los diez meses previos en torno a la reforma judicial y el enfrentamiento civil en Israel, la dimensión del pogromo de Hamás y todo lo que desencadenó excedió mi credulidad. Si mi relato sionista estaba corroído por fuerzas internas, ahora estaba herido de muerte por fuerzas externas.
Si somos responsables por nuestra soberanía, razón por la cual existe el Sionismo, no era posible que otra vez nos tragara la tierra por la fuerza de un odio exterminador. Podía entender, y por lo tanto padecer, una lucha ideológica interna; pero evidentemente quería negar que todavía hay quienes quieren exterminarnos. Porque #Oct7 no fue un pogromo, fue un ensayo de Shoá. Y así como el Estado de Israel se creó a pesar de la Shoá en 1948, el Estado de Israel evitó una nueva Shoá en 2023.
Han pasado dos años. En dieciocho meses Israel revirtió militarmente aquel golpe fatal. Garantizó su propia existencia. Aguantó el aluvión de drones y misiles. Neutralizó al enemigo. Ganó las batallas. Pero perdió la guerra aquel 7 de octubre cuando en pocas horas mil doscientos fueron masacrados y doscientos cincuenta fueron tomados rehenes. Todos queremos creer que en pocos días los rehenes volverán a casa. Honestamente, ya no creo en casi nada. Ojalá.
#Oct7 soltó la bestia del antisemitismo que nunca está del todo dormida pero por años parecía hibernar. El efecto fue global: desde Washington, DC y hasta mi Montevideo, ha dado vuelta al mundo. El diablo se muerde la cola. Cuatro mentiras sueltas al viento generan la tormenta perfecta, mientras nos afanamos en contar una y otra vez un relato que a nadie le interesa. El antisemitismo es arquetípico y sólo hace falta un Hitler o un Sinwar para que se active.
Tal vez, con su regreso, se acalle el reclamo de las familias de los rehenes, aunque por mucho tiempo escucharemos su llanto. Tal vez cesen las hostilidades. Tal vez emerja un ‘nuevo Oriente Medio’. Dudo mucho que podamos volver a dormir a la bestia antisemita. Pasarán muchos años hasta que el mundo vuelva a entender que los judíos no pedimos demasiado: un pedazo de tierra soberano, un lugar entre las naciones, y espacio y tiempo para ser quienes somos.
Lo que ha quedado claro, dos años más tarde, es que no podemos ignorar las señales hostiles; que no podemos negar lo que vemos porque creamos que la realidad es otra; y que Israel vino para quedarse como el hogar de todos los judíos del mundo. Quienes lo habitan y quienes no lo habitamos. Y que cuando sucedan hechos como #Oct7 cada judío está en el lugar que eligió estar. No son momentos de proyectos, son momentos de decir presente.
Sobre todo, son momentos en que debemos ser excluyentemente judíos. Saber dónde nos ubicamos. Yo no lo supe por unos días y me arrepiento hasta hoy. A dos años de #Oct7 hay muchos que todavía no saben de qué lado de La Historia están. Tal vez ni recuerden qué hacían aquel día.
Am Israel Jai. El pueblo de Israel vive.