Contar Contigo
El 22 de setiembre comienza el mes de Tishrei en el calendario hebreo: Rosh Hashaná. Que no es el ‘año nuevo’ sino ‘la cabeza del año’. Más que con los ciclos de la naturaleza (eso queda para Sucot, quince días más tarde), tiene que ver con los ciclos de las personas.
Una cabeza simboliza la razón pero también los sueños, la realidad y lo onírico. Se abren diez días en que activamos todos nuestros mecanismos auto-reflexivos. Como todo lo judío, el proceso es individual pero el ritual es colectivo: sinagogal; congregacional. Nadie queda solo en el desierto. Estamos con nosotros mismos rodeados de nuestro prójimo. Parecido a la epifanía del Sinaí hace tres mil y pico de años atrás, según cuentan.
El mes de Tishrei abre el camino que culminará en Simjat Torá. Es un proceso de unos veinte días de dedicación total a nuestro judaísmo. Sólo comparable a los días de Pesaj seis meses antes o seis meses después. Son tiempos dedicados a ‘sabernos’. Mientras que Pesaj es una suerte de parto (la profesora Orit Avnery hace una lectura maravillosa de la salida de Egipto en ese sentido), los días sublimes de Tishrei y a posteriori Sucot son los días en que actuamos como adultos. Al menos, es lo que se espera de nosotros.
Tishrei 5785 (2024) fue el primero posterior a #Oct7. Abordarlo era todo un desafío. En cincuenta años no habíamos pasado un momento parecido (Tishrei 5734, 1973); hasta dudo si es comparable. Tishrei 5786 potencia el desafío: del shock pasamos al estupor. Nadie imaginó que llegaríamos a estas fechas sublimes contando más de setecientos días, más de cien semanas. A veces los números no sirven para hacer cálculos sino para simplemente, o no tanto, cuantificar los sentimientos y la subjetividad. Ya no hacemos cálculos con ellos; son signos que nos representan en forma objetiva. Tienen la ventaja de no ser palabras, origen de toda subjetividad.
La obsesión judía con el tiempo es parte esencial de su naturaleza. La tradición más literal cuenta, no por nada, cinco mil setecientos ochenta y seis años de La Creación y unos tres mil trescientos años de la entrega de la Torá en Sinaí. A menor escala, cada año contamos la cuenta del Omer entre Pesaj y Shavuot, y los días entre el 17 Tamuz y el 9 Av. No es de extrañar entonces que la prensa israelí y comunidades como la mía a lo largo y ancho del mundo contemos los días desde #Oct7 de 2023. A diferencia de las otras cuentas, quiero creer que un día dejaremos de contar. Sobre todo, quiero creer que no tendremos que volver a contar el tiempo por razones de esta índole. Mientras tanto, pasarán Rosh Hashaná, Kipur, Sucot, y Simjat Torá. Seguiremos contando hasta el último rehén.
Este Tishrei nos debatiremos entre la realidad y los sueños, entre los sueños y las pesadillas, entre la realidad y la esperanza. Todo está en juego: allí en el mundo real de la política y sus huestes, y aquí en nuestro mundo individual, en el seno de nuestras comunidades, nuestras familias. Incluso, más que nunca, en el seno de las sociedades que habitamos. A diferencia de algunas prédicas rabínicas, soy escéptico acerca de qué está en nuestras manos; siento que hay fuerzas mayores en juego, y no precisamente divinas. Pero acaso sí podamos perseverar en la sensibilidad, en los ideales, en los valores que nos hacen judíos y que por lo tanto hacen de estos días un tiempo tan especial.
En definitiva, se trata de contar hasta diez. Y seguir adelante.