¿Qué es Sionismo?
El concepto ‘sionismo’ o ‘sionista’ ha sido largamente bastardeado y últimamente vilipendiado. En especial, después de la creación formal del Estado de Israel en 1948, momento culminante del ‘proyecto sionista’. Para sus detractores el sionismo es un movimiento nacional, en el mejor de los casos, o un proyecto colonialista y discriminatorio en el peor de los casos.
En los últimos dos años, a raíz de Oct7, los judíos en todo el mundo nos hemos visto enfrentados al concepto ‘sionismo’ condicionados por el juicio de valor de la opinión pública entre la cual vivimos y de la cual somos parte. Esto funciona tanto para el Estado de Israel en el contexto mundial como para cada judío en su medio. La mera discusión acerca de la equivalencia entre anti-sionismo y antisemitismo es de por sí señal suficiente.
Tal vez sea buen momento revisar, hacia la interna judía, qué significa ser sionista hoy.
Hubo un tiempo en que ser sionista suponía que el proyecto de vida nos conducía, tarde o temprano, a vivir en Israel. Lo que los judíos llamamos ‘hacer aliá’. Ley del Retorno mediante, cualquiera con un abuelo judío es reconocido en Israel como ciudadano con todos los derechos. Por el contario, quien emigraba desde Israel era un ‘iored’. Solía ser un término peyorativo. Hoy es anacrónico. La ‘aliá’, sin embargo, sigue siendo un valor, aunque para muchos sea una etapa, para otros un escape, para muchos un refugio, y para algunos, una ideología.
En definitiva, quien vive en Israel es sionista. Eso no admite discusión.
Entre los que no vivimos en Israel, ¿Qué es sionismo?
Para algunas minorías, el sionismo es una ideología equivocada. Ya sea por motivos religiosos de tipo mesiánico (también hay sionistas mesiánicos) o por motivos seculares de tipo ideológico donde el ‘problema judío’ debería tender a desaparecer por medio de la asimilación. Algunos lo logran: sólo quedan sus apellidos judíos como testimonio de su genealogía. Israel les es indiferente o les molesta, cualquier opción en esos matices.
Para algunos, es reconocer como positivo que haya un Estado judío aunque nuestro vínculo con el mismo sea, hasta cierto punto, distante. Alguien dijo una vez que Israel es ‘un proyecto fascinante para observar’; está bien que exista pero yo soy judío de tal o cual nacionalidad. Prefiero las tensiones de vivir como judío en la diáspora a las de vivir como judío en Israel. Admito que, como alguien que ha transitado ambas opciones, no sé cuál es más difícil…
Para muchos, sionismo es aceptar la centralidad del Estado de Israel en la vida judía. Es nada menos que la cita bíblica ‘porque de Zión vendrá la Torá y la palabra de Dios de Ierushalaim’ (Isaías 2:3) pero expresada en términos nacionales. Valoramos los vínculos con Israel, la llegada de ‘shlijim (enviados)’ para educación y esclarecimiento, apoyamos al Estado, y sobre todo, nos enorgullecemos de sus logros. Me atrevo a afirmar, sin encuesta que me respalde, que esta es la postura más generalizada y mayoritaria. Por lo que he logrado entender de mis lecturas de historia judía, ha sido así desde el exilio de Babilonia (siglo VI AEC).
Como ‘nota al pie’ me atrevería a incluir a aquellos que nos sentimos sionistas por nuestro fuerte vínculo con la tierra y el Estado de Israel en cualquiera de sus circunstancias, pero cargamos con cierta culpa porque nuestro proyecto de vida no coincidió con el proyecto sionista tal como lo definimos más arriba: que Israel sea el hogar que habito. Es el hogar que no habitamos. Somos sionistas como identidad. El sionismo antecede al judaísmo, por paradójico que parezca.
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Cuando el Sionismo está jaqueado como pocas veces en su historia es un bueno pensar qué es Sionismo y dónde nos ubicamos. Porque es fácil auto-denominarse sionista cuando Israel ocupa los titulares por sus logros tecnológicos o culturales, pero es mucho más difícil cuando ejerce su derecho a defenderse. Aun cuando todos sabemos que en su génesis la guerra en Gaza es una guerra justa, aun cuando las operaciones militares en la región despierten nuestra admiración, también sabemos que hoy estamos inmersos en una pesadilla llamada ‘Gaza’.
Así como uno no elige sus sueños o pesadillas tampoco puede descartarlos por simple voluntad. Son el producto de lo que somos. A veces no somos todo lo que quisiéramos ser, y muchas otras somos lo que no queremos ser. Endilgar, culpar, acusar, y sobre todo distanciarnos de lo que somos es infantil e inútil.
Porque el que nos ve sabe qué somos. No precisa que le contemos historias; nada cambiará su percepción; las historias son para contárnoslas a nosotros mismos. Como una disciplina psicoanalítica, contarnos nuestra propia historia puede ayudarnos a estar menos incómodos y sobre todo menos enojados con lo que somos. Porque nadie puede, simplemente, por elección, de un momento a otro, fruto de una coyuntura incómoda y condenable, dejar de serlo.
Somos ‘judíos de Génesis’: somos tales por el mero hecho de haber nacido en esta familia. Que de familia pasó a ser pueblo y como pueblo hoy tiene un Estado soberano. El Sionismo es hoy, en definitiva, la forma en que nos vinculamos con ese Estado. Es un privilegio y un desafío.